Actitud de busqueda

Cuando en tu vida concluye una etapa, cuando una cima logras conquistar, cuando obtenemos al fin lo que deseábamos alcanzar, cuando después de la euforia natural al deleitarnos con la victoria de un sueño convertido en realidad nos enfrentamos a un espacio vacío y nuestro espíritu busca con ansia realizar una nueva conquista, es cuando encontramos el tesoro que cada día podemos acrecentar y en la dimensión de nuestra búsqueda estará nuestra grandeza. Buscar es un camino que nos lleva a la sorpresa diaria de algo diferente, así en cada amanecer debemos proponernos algo nuevo descubrir, con esta actitud jamás el aburrimiento nos alcanzará y mantendremos entonces nuestra capacidad de asombro, pues a cada instante de nuestra vida existirán dimensiones distintas por conocer, áreas no descubiertas en la ciencia o en la técnica, rasgos desconocidos en los seres vivos y en nosotros mismos.

Tu búsqueda será el pasaporte para vivir sin hastío, en un crecimiento continuo, sin más límites que los que tú quieras imponerte, en un camino sin final, un sendero de luz que jamás dejará en la oscuridad tu espíritu.

Conserva por siempre esa chispa para que ilumine por siempre tu ser, nunca ceses de buscar y siempre podrás encontrar. En ti mismo existe la grandeza infinita de Dios, en esa búsqueda la encontrarás y una vez conociéndolo, tus fronteras se convertirán en inmensidad no conocida del Creador.

Miguel Ángel Cornejo

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Espiritualidad y pan

Tres viajeros cruzaban juntos las montañas del Himalaya discutiendo la importancia de colocar en la práctica todo aquello que aprendieron en el plano espiritual. Estaban tan entretenidos en la conversación que solamente ya bien entrada la noche se dieron cuenta de que solo llevaban consigo un pedazo de pan.
Decidieron no discutir sobre quien merecía comerlo; como eran hombres piadosos, dejarían la decisión en manos de los dioses. Rezaron para que, durante la noche, un espíritu superior les indicase quien recibiría el alimento.
A la mañana siguiente, los tres se levantaron al salir el sol.

-He aquí mi sueño -dijo el primer viajero-. Yo fui cargado hacia lugares donde nunca había estado antes, y experimenté la paz y armonía que he buscado en vano en esta vida terrenal. En medio de tal paraíso, un sabio de largas barbas me decía: Tú eres mi preferido, pues jamás buscaste el placer y siempre renunciaste a todo. Sin embargo, para probar mi alianza contigo, me gustaría que comieras un pedazo de pan.
-Es bien extraño -dijo el segundo viajero-, porque en mi sueño, yo vi mi pasado de santidad y mi futuro de maestro. Mientras miraba el porvenir, encontré un hombre de gran sabiduría diciendo: Tú necesitas comer más que tus dos amigos porque tendrás que liderar a mucha gente, y para ello necesitarás fuerza y energía.
Dijo entonces el tercer viajero:
-En mi sueño yo no vi nada, no visité ningún lugar ni encontré a ningún sabio. Sin embargo, a determinada hora de la noche me desperté de repente. Y me comí el pan.
Los otros dos se enfurecieron:
-¿Y por qué no nos llamaste, antes de tomar una decisión tan personal?
-¿Cómo iba a hacerlo? ¡Estabais tan lejos, encontrando maestros y teniendo visiones sagradas!
Ayer discutimos la importancia de poner en práctica aquello que aprendemos en el plano espiritual. En mi caso, Dios actuó rápido y me hizo despertar muriendo de hambre.

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