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Tu gobiernas tu mente, no tu mente a ti

Un estudiante de zen, se quejaba de que no podía meditar: sus pensamientos no se lo permitían. Habló de esto con su maestro diciéndole: “Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar; cuando se van unos segundos, luego vuelven con más fuerza. No puedo meditar. No me dejan en paz”. El maestro le dijo que esto dependía de él mismo y que dejara de cavilar, tu gobiernas tu mente. No obstante, el estudiante seguía lamentándose de que los pensamientos no le dejaban en paz y que su mente estaba confusa. Cada vez que intentaba concentrarse, todo un tren de pensamientos y reflexiones cortas, a menudo inútiles y triviales, irrumpían en su cabeza…

El maestro entonces le dijo: “Bien. Aferra esa cuchara y tenla en tu mano. Ahora siéntate y medita”. El discípulo obedeció. Al cabo de un rato el maestro le ordenó: ”¡Deja la cuchara!”. El alumno así hizo y la cuchara cayó obviamente al suelo. Miró a su maestro con estupor y éste le preguntó: “Entonces, ahora dime ¿quién agarraba a quién, tú a la cuchara, o la cuchara a ti?.

Tu gobiernas tu mente, no tu mente a ti

Cuento budista sobre el poder de la mente.

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Los globos son como la felicidad

Esta es la historia de un maestro que llevó globos a su escuela y le regaló uno a cada estudiante.

Después pidió que escriban sus nombres cada uno en su globo, los dejaran en el piso y abandonaran el aula.

Una vez afuera, les dijo:

«Tienen 5 minutos para que cada uno encuentre el globo que lleva su nombre».

Los alumnos entraron y buscaron, pero se acabaron los 5 minutos y nadie había podido encontrar el suyo.

El maestro les dijo ahora:

«Tomen cualquier globo y entréguenselo al dueño del nombre que lleva anotado».

En apenas un par de minutos todos los alumnos ya tenían el suyo en la mano.

Finalmente, dijo el maestro:

«Chicos, los globos son como la felicidad. Nadie la va a encontrar buscando la suya solamente. En cambio, si cada uno se preocupa por la del otro, encuentra rápido la que le pertenece».

Esta moraleja se aplica igualmente a todos los campos de la vida, por ejemplo en los negocios, nadie va a encontrar el éxito rápido buscando su bienestar solamente. En cambio, si cada uno se preocupa por el éxito de su compañero y de su equipo, su negocio alcanzará el éxito antes de lo que se imaginan.

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La historia de Pepe

La historia de Pepe. Pepe era el tipo de persona que te encantaría ser. Siempre estaba de buen  humor  y siempre tenia algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, el respondía: «Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo».

Era un Gerente único porque tenia varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las camareras seguían a Pepe era por su actitud.  El era un motivador natural: si un empleado tenia un mal día, Pepe estaba ahi para  decirle al empleado como ver el lado positivo de la situación.
Ver este estilo realmente me causó curiosidad.  Así que un día fui a buscar a PEPE y el pregunte:
No lo entiendo… no es posible ser una persona positiva todo el tiempo ¿Como lo haces?…
Pepe respondió: «Cada manana me despierto y me digo a mi mismo, Pepe, tienes dos opciones hoy: Puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor».

«Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una victima o aprender de ello. Escojo aprender de ello». «Cada vez que alguien viene a mi para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida».

Si, claro, pero no es tan fácil, proteste.
«Si lo es», dijo Pepe. «Todo en la vida es acerca de elecciones cuando  quitas todo lo demás, cada situación es una elección». «Tu eliges como reaccionas ante cada situación, tu eliges como la gente afectara tu estado de animo, tu eliges estar de buen humor o de mal humor». «En resumen, TU ELIGES COMO VIVIR LA VIDA».

Reflexioné en lo que Pepe me dijo… Poco tiempo después, dejé la industria hotelera para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Pepe, cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar contra ella.

Varios años más tarde, me enteré que  Pepe hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante; dejó la puerta de atrás abierta y una mañana fue  asaltado por tres ladrones
armados. La historia de Pepe aqui se pone intensa.

Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, le resbaló la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Pepe fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una clínica. Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Pepe fue dado de alta, aún con fragmentos de bala en su cuerpo.

Me encontré con Pepe seis meses después del accidente y cuando le pregunté cómo estaba, me respondió: «Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo».
Le pregunte que paso por su mente en el momento del asalto. Contesto:
“Lo primero que vino a mi mente fue que debía haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso, recordé que tenia dos opciones: Podía elegir vivir o podía elegir morir. Elegí vivir».

¿No sentiste miedo? Le pregunté.
Pepe continuó: «Los médicos fueron geniales.  No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de los médicos y enfermeras, realmente me asusté. Podía leer en sus ojos: Es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar una decisión.

¿Que hiciste? pregunté.
«Bueno, uno  de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y respirando profundo  grite: – ¡Si, a las balas! – Mientras reían, les dije: estoy escogiendo vivir, opérenme como si estuviera vivo, no muerto».

Pepe vivió por la maestría de los médicos,  pero sobre todo por su asombrosa actitud. Aprendió que cada día tenemos la elección de vivir  plenamente; la actitud, al final, lo es todo. La historia de Pepe no muestra que con actitud todo se puede.

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El poder del ahora

El poder del ahora. Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de …

terminar la carrera,

de conseguir trabajo, de casarnos, de tener un hijo, … y luego, después de tener otro.

Entonces nos sentimos frustrados porque nuestros hijos no son lo suficientemente mayores y pensamos que seremos más felices cuando crezcan y dejen de ser niños.

Después nos desesperamos porque son adolescentes, difíciles de tratar; pensamos: seremos más felices cuando salgan de esa etapa.

Luego decidimos que nuestra vida será completa cuando a nuestro esposo o esposa le vaya mejor, cuando tengamos un mejor coche, una casa mas espaciosa, cuando podamos ir de vacaciones, cuando consigamos el ascenso, cuando nos retiremos …

Pero La verdad es que … NO HAY MEJOR MOMENTO PARA SER FELIZ QUE AHORA MISMO.

Si no es ahora, ¿cuándo? … Porque la vida siempre estará llena de luegos, de retos.

Es mejor admitirlo y decidir ser felices ahora!

De todas formas, no hay un luego, ni un camino para la felicidad, la felicidad es el camino y es AHORA

…. ATESORA CADA MOMENTO QUE VIVES y atesóralo más porque lo compartiste con alguien especial; tan especial que lo llevas en tu corazón

… y recuerda que EL TIEMPO NO ESPERA POR NADIE.

Así que DEJA DE ESPERAR

hasta que termines la Universidad, te enamores, encuentres trabajo, te cases, tengas hijos,

y se vayan de casa, hasta que te divorcie o hasta que te mueras,

para decidir que

NO HAY MEJOR MOMENTO QUE JUSTAMENTE ÉSTE PARA SER FELIZ….

LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO ES UN DESTINO.

TRABAJA COMO SI NO NECESITARAS DINERO,

AMA COMO SI NUNCA TE HUBIERAN HERIDO,

BAILA COMO SI NADIE TE ESTUVIERA VIENDO.

El poder del ahora

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El ingenio de la hormiga

El ingenio de la hormiga. Hace un tiempo me puse a observar detenidamente la vida de las hormigas, y confieso que quedé asombrado al verlas trabajar con tanto orden y empeño.
Pero una hormiga en particular atrajo mi atención.

Negra y de tamaño mediano, la hormiga llevaba como carga una pajita que era seis veces más larga que ella misma.


Después de avanzar casi un metro con semejante carga, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras.
Intentó cruzar de una manera y de otra, pero todo su esfuerzo fue en vano. Hasta que por fin la hormiguita hizo lo insólito.
Con toda habilidad apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y así se construyó su propio puente, sobre el cual pudo atravesar el abismo.
Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su carga y continuó su esforzado viaje sin inconvenientes.
La hormiga supo convertir su carga en un puente, y así pudo continuar su viaje. De no haber tenido esa carga, que bien pesada era para ella, no habría podido avanzar en su camino…

En conclusión:

¡Cuántas veces nos quejamos por los problemas, las cargas y las pruebas que debemos soportar! Pero sin darnos cuenta, esas mismas cargas -bien tomadas- pueden convertirse en puentes y peldaños que nos ayudan a triunfar.
Una deficiencia cardíaca hizo de un médico un famoso cardiólogo; el impedimento físico convirtió al joven en un gran escritor; la timidez del estudiante lo llevó a ser un destacado investigador.
¡Cuántos otros ejemplos podríamos mencionar! Todos para mostrar la misma verdad; que con frecuencia debemos padecer males para disfrutar luego de los bienes mayores; que debemos llevar con valor nuestras cargas para luego convertirlas en puentes de éxito y prosperidad.

El ingenio de la hormiga nos enseña que nunca hay que darse por vencidos pues solo asi podremos alcanzar el éxito

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La lección de la mariposa

La lección de la mariposa.

Un día de primavera, un viajero descansaba tranquilamente al borde del camino bajo un árbol. De repente observó cómo una oruga intentaba abrirse paso a través de una pequeña abertura aparecida un capullo.

Estuvo largo rato contemplando cómo la mariposa iba esforzándose hasta que, de repente, pareció detenerse. Tal vez la mariposa –pensó aquel hombre- había llegado al límite de sus fuerzas y no conseguiría ir más lejos.

Así que, decidido a ayudar a la mariposa, cogió unas tijeras de su mochila y ensanchó el orificio del capullo. La mariposa salió fácilmente. Su cuerpo era pequeño y tenía las alas aplastadas.

El hombre, preocupado, continuó observándola esperando que, en cualquier momento, la mariposa abriera sus alas y echara a volar.

Pero pasó el tiempo y nada de eso ocurrió. La mariposa nunca voló, y las pocas horas que sobrevivió las pasó arrastrando lastimosamente su cuerpo débil y sus alas encogidas hasta que, finalmente, murió.


El viajero, cargado de buenas intenciones, no comprendió que el esfuerzo de aquel insecto tratar de salir era necesario para que la circulación de su cuerpo llegara a las alas, y estuviera lista para volar al salir del capullo.

Algunas veces, es justamente tiempo y esfuerzo lo que necesitamos para evolucionar y crecer en nuestra vida.

Siempre hay que esforzarse para lograr nuestros objetivos.

En realidad la lección de la mariposa nos enseña que si la naturaleza nos permitiera vivir sin obstáculos, no podríamos desarrollar todo nuestro potencial.

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El bambú japonés

El bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: »¡Crece, maldita seas!».

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas, la planta de bambú crece… ¡más de 30 metros!

¿Tarda sólo seis semanas en crecer?

¡No! La verdad es que se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que vendrá después.

En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizá por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creeremos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordemos el ciclo de maduración del bambú japonés. Y no bajemos los brazos ni abandonemos por no ver el resultado esperado, ya que sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

No nos demos por vencidos, vayamos gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que nos permitirán sostener el éxito cuando éste, al fin, se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.

Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia como el bambú japonés

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La felicidad de no depender

La busqueda.

La historia de «La felicidad de no depender» se refiere a un individuo que se mudó de aldea, en la India.

Al estar ahí se encontró con lo que allí llaman un sennyasi. Este es un mendicante errante, una persona que, tras haber alcanzado la iluminación, comprende que el mundo entero es su hogar, el cielo su techo y Dios su Padre, que cuidará de él. Entonces se traslada de un lugar al otro. Tal como tú y yo nos trasladaríamos de una habitación a otra de nuestro hogar.

Al encontrarse con el sennyasi, el aldeano dijo:
-¡No lo puedo creer! Anoche soñé con usted. Soñé que el Señor me decía: «Mañana por la mañana abandonarás la aldea, hacia las once, y te encontrarás con este sennyasi errante.» Y aquí me encontré con usted.

-¿Qué más le dijo el Señor? – preguntó el sennyasi.

-Me dijo: «Si el hombre te da una piedra preciosa que posée, serás el hombre más rico del mundo … ¿Me daría usted la piedra?»

Entonces el sennyasi revolvió en un pequeño zurrón que llevaba y dijo:
-¿Será ésta la piedra de la cual usted hablaba?

El aldeano no podía dar crédito a sus ojos, porque era un diamante, el diamante más grande del mundo.

-¿Podría quedármelo?

-Por supuesto, puede conservarlo; lo encontré en un bosque. Es para usted.

Siguió su camino y se sentó bajo un árbol, en las afueras de la aldea. El aldeano tomó el diamante y ¡qué inmensa fue su dicha! Como lo es la nuestra el día en que obtenemos algo que realmente deseamos.

El aldeano en vez de ir a su hogar, se sentó bajo un árbol y permaneció todo el día sentado, sumido en meditación.

Con todo esto, al caer la tarde, se dirigió al árbol bajo el cual estaba sentado el sennyasi, le devolvió a éste el diamante y dijo:

-¿Podría hacerme un favor?

-¿Cuál? – le preguntó el sennyasi.

-¿Podría darme la riqueza que le permite a usted deshacerse de esta piedra preciosa tan fácilmente?

«La felicidad de no depender» – Anónimo

Como consecuencia de lo vivido con el sennyasi el hombre comprendió que la verdadera felicidad no está en lo material.

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Cómo nos afecta la Soberbia

¿Cómo nos afecta la soberbia a nosotros y a quienes nos rodean? En este cuento anónimo se aborda este sentimiento que mal manejado tiene consecuencias.

Un día el viejo león se despertó y, conforme se desperezaba, se dijo que no recordaba haberse sentido tan bien en su vida.

El león se sentía tan lleno de vida, tan saludable y fuerte que pensó que no habría en el mundo nada que lo pudiese vencer. Con este sentimiento de grandeza, se encaminó hacia la selva, allí se encontró con una víbora a la que paró para preguntarle.

«Dime, víbora, ¿quien es el rey de la selva?», le preguntó el león.

«Tú, por supuesto» le respondió la víbora, alejándose del león a toda marcha.

El siguiente animal que se encontró fue un cocodrilo, que estaba adormecido cerca de una charca.

El león se acercó y le preguntó: «Cocodrilo, dime, ¿quién es el rey de la selva?»

«¿Por qué me lo preguntas», le dijo el cocodrilo, «si sabes que eres tú el rey de la selva?»

Así continuó toda la mañana, a cuanto animal le preguntaba todos le respondían que el rey de la selva era él.

Pero, hete ahí que, de pronto, le salió al paso un elefante.

«Dime elefante», le preguntó el león ensoberbecido, «¿sabes quién es el rey de la selva?»

Por toda respuesta, el elefante enroscó al león con su trompa levantándolo cual si fuera una pelota, lo tiraba al aire y lo volvía a recoger… hasta que lo arrojó al suelo, poniendo sobre el magullado y dolorido león su inmensa pata.

«Muy bien, basta ya, lo entiendo» atinó a farfullar el dolorido león, «pero no hay necesidad de que te enfurezcas tanto por que no sepas la respuesta.»

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Cambio de Táctica

Cambio de táctica modificando texto de un letrero hizo una gran diferencia.

Este relato es sobre un ciego sentado en un parque, con una gorra a sus pies y un cartel en el que, escrito con tiza blanca, decía: «POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO». Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue. Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna. Ahora su gorra estaba llena de billetes y monedas.

El ciego reconociendo sus pasos le preguntó si había sido él quien reescribió su cartel y, sobre todo, qué que era lo que había escrito allí. El publicista le contestó: «Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras».

Sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: «ESTAMOS EN PRIMAVERA, Y… YO NO PUEDO VERLA»

Cambio de táctica debes hacer cuando algo no nos sale, y verás que puede que resulte mejor de esa manera.