Una duda

¿Qué duele más? ¿Nunca conocer el amor? ¿O conocerlo y haberlo perdido? ¿O tenerlo y verlo diluido entre tus brazos? ¿O verlo arrebatado? ¿O por la muerte consumado? ¿O amar sin ser amado? ¿O amar a quien no te ama sin ver a quien sí? ¿O matar a quien amas? ¿O saber que te amaba en el umbral de tu muerte? ¿O arrepentirte de haber amado? ¿U odiar al amor? ¿O amar el dolor? ¿O ignorar el amor siendo consciente? ¿O hacerlo inconsciente y saberlo después? ¿O mentir a quien amas? ¿O amar a quien te miente? ¿O salvar a quien odias, porque ama a quien amas, y le ama en lugar de a ti? ¿O amarlo? ¿U odiarte? ¿O amar tu rencor? ¿O amar a solas? ¿O amar en silencio? ¿O no poder amar? ¿O tener prohibido amar? ¿O no querer amar? ¿O amar y odiar al mismo tiempo? ¿O amar y después odiar? ¿O la desilusión antes de ese odio? ¿O volver a amar? ¿O amar a quien ya ama, y es amada? ¿O amar a quien no puede amar? ¿O amar a quien no quiere amar? ¿U olvidar a quien amas? ¿U olvidar que puedes amar? ¿O amar a distancia? ¿O por nadie ser amado? ¿O amar a quien no puedes amar? ¿O amar por obligación? ¿O morir de amor, de amor amargo, triste, seco, lento, frío, único, roto, loco, fugaz, lejano, vacío, débil, ajeno, sangriento, perdido, perfecto, mortal? ¿O simplemente amar?

Para morir hermosamente – OSHO

Para morir hermosamente “La muerte es simplemente el punto culminante, el crescendo de tu vida. No está contra la vida, no destruye la vida. Para morir hermosamente, uno tiene que vivir hermosamente. Para morir con asombro y con entusiasmo, en éxtasis, uno tiene que prepararse toda la vida para el éxtasis, el entusiasmo, el asombro”. Osho

El Vampiro Subversivo – Alejandro Jodorowsky

El Vampiro Subversivo – Alejandro Jodorowsky Al caer la noche, el padre y la madre abrieron la tapa del pequeño ataúd y despertaron a su hijo para contarle, una vez más, la muerte de sus abuelos: por quedarse más tiempo de lo indicado fuera del castillo, la luz del día los sorprendió, convirtiéndolos en cenizas. El muchachito, mostrando sus largos colmillos, exclamó: “¡Los vengaré! ¡Algún día apagaré el sol!” Por un agujero cavado en el muro, hizo salir una manguera con la cual lanzó un chorro de agua hacia el astro rey. A pesar de que el líquido llegaba a alturas increíbles, sus intentos fracasaron. Siguió probando. “¡Por muy lejano que parezcas, te alcanzaré!”, amenazó al sol. Sus progenitores comenzaron a burlarse. “¡Estás loco, nunca podrás! Durante milenios el sol nos ha reducido a polvo, ¿quién eres tú para oponerte a una hoguera de tal magnitud?” El muchacho no les hizo caso. Fabricó un carro provisto de vidrios que no dejaban pasar la luz y llevó miles de litros de agua hasta una montaña para, desde la cima, tratar de llegar con un chorro al sol. Fracasó. Siguió tratando. En pleno día, cubierto sólo por un toldo, disparó un cohete extinguidor que estalló en la estratosfera sin alcanzar su objetivo. Los padres aplaudieron: “¡Bravo, nuestro hijo fracasó! ¡Por desobediente, deberíamos correrlo del castillo! ¿Por qué no se conforma como nosotros?” Después de miles de intentos inútiles, el joven vampiro, mirando hacia el sol, que brillaba más que nunca, lloró: “¡Tienen razón: nunca podré apagarlo! ¡Ya no me importa morir!” Y abrió los brazos para dejarse calcinar sin cubrirse de los rayos. ¡Nada sucedió! En la triste oscuridad de la fortaleza, los viejos vampiros se asombraron: “¡Nuestro enemigo no lo daña! ¡Se ha tornado inmune al sol! ¡Qué envidia!”.

La comparación

Para recordarte que eres necesario. Nadie es más elevado y nadie es más bajo, nadie es superior y nadie es inferior. Todo encaja con todo. Un samurai, un guerrero muy orgulloso, cierto día fue a ver a un Maestro Zen. El samurai era muy famoso, pero mirando al Maestro, mirando la belleza del Maestro y la gracia del momento, de pronto se sintió inferior. Le dijo al Maestro: `¿Por qué me siento inferior? Sólo un momento atrás todo estaba bien. Al entrar en tu sala, súbitamente me sentí inferior. Nunca antes sentí algo así. He enfrentado la muerte muchas veces y nunca he sentido temor alguno, ¿por qué me siento ahora atemorizado?`. El Maestro le dijo: `Espera. Cuando todos se hayan ido, te contestaré`. Todo el día la gente continuó llegando para ver al Maestro y el samurai comenzó a sentirse cada vez más cansado con la espera. Para la tarde, la habitación estaba vacía, y el samurai dijo: `¿Puedes ahora responderme?`. El Maestro le dijo: `Ven afuera`. Era una noche de luna llena, la luna se asomaba en el horizonte y él dijo: `Mira estos árboles. Este árbol que se eleva hasta el cielo y este pequeño a su lado. Ambos han existido por años junto a mi ventana y nunca ha habido ningún problema. El árbol más pequeño nunca le ha dicho al grande `¿por qué me siento inferior a ti?`. Este árbol es pequeño y aquél es grande, ¿por qué es que jamás he escuchado ningún murmullo al respecto? El samurai dijo: `Porque no pueden compararse`. El Maestro replicó: `Entonces no necesitas preguntarme. Conoces la respuesta`. Cuando no comparas, toda inferioridad y toda superioridad desaparecen. Luego eres, simplemente estás allí. Un pequeño arbusto o un árbol alto y grande, no tiene importancia, eres tú mismo. Se necesita una brizna de pasto tanto como la más grande de las estrellas. El sonido de un cucú es tan necesario como cualquier Buda. El mundo sería menos rico si desapareciera el cucú. Sólo mira a tu alrededor. Todo es necesario y todo encaja con todo. Es una unidad orgánica; nadie es más alto y nadie es más bajo; nadie es superior y nadie es inferior. Cada uno es incomparablemente único. Tú eres necesario. Si no puedes sentir esto en mi presencia, ¿dónde lo sentirás? Todos los días me inclino ante ti sólo para recordarte que eres perfecto, que no careces de nada, que ya estás allí. No es necesario hacer un solo paso, todo está como debería. Esto es conciencia religiosa. El Sol Sale por la Tarde pp. 130-131

La esclava

Un rey musulmán se enamoró locamente de una joven esclava y ordenó que la trasladaran a palacio. Había proyectado desposarla y hacerla su mujer favorita. Pero, de un modo misterioso, la joven cayó gravemente enferma el mismo día en que puso sus pies en el palacio. Su estado fue empeorando progresivamente. Se le aplicaron todos los remedios conocidos, pero sin ningún éxito. Y la pobre muchacha se debatía ahora entre la vida y la muerte. Desesperado, el rey ofreció la mitad de su reino a quien fuera capaz de curarla. Pero nadie intentaba curar una enfermedad a la que no habían encontrado remedio los mejores médicos del reino. Por fin se presentó un ‘hakim’ que pidió le dejaran ver a la joven a. solas. Después de hablar con ella durante una hora, se presentó ante el rey que aguardaba ansioso su dictamen. «Majestad», dijo el ‘hakim’, «la verdad es que tengo un remedio infalible para la muchacha. Y tan seguro estoy de su eficacia que, si no tuviera éxito, estaría dispuesto a ser decapitado. Ahora bien, el remedio que propongo se ha de ver que es sumamente doloroso…, pero no para la muchacha, sino para vos, Majestad». «Di qué remedio es ése», gritó el rey, «y le será aplicado, cueste lo que cueste». El ‘hakim’ miró compasivamente al rey y le dijo: «La muchacha está enamorada de uno de vuestros criados. Dadle vuestro permiso para casarse con él y sanará inmediatamente». ¡Pobre rey…! Deseaba demasiado a la muchacha para dejarla marchar. Pero la amaba demasiado para dejarla morir.

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