La serpiente y la luciérnaga

Cuenta la Leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir.
Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada.
Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

– ¿Puedo hacerte tres preguntas?

La serpiente respondió:

– No acostumbro a dar este precedente a nadie,
pero como igual te voy a devorar, puedes preguntar.

– ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

– No, contestó la serpiente.

– ¿Yo te he hecho algún mal? – No, volvió a responder.

– Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

– ¡Porque no soporto verte brillar……..!

Así, muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos:

¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo?

Sencillo: porque no soportan verte brillar.

La Envidia, es el peor sentimiento que podamos tener.
Que envidien tus logros, tu éxito, que envidien verte brillar.
Cuando esto pase, no dejes de brillar,

continúa siendo tú mismo,
sigue dando lo mejor de ti,
sigue haciendo lo mejor,
no permitas que te lastimen,
no permitas que te hieran,
sigue brillando y no podrán tocarte,
porque tu luz seguirá intacta,
tu esencia permanecerá, pase lo que pase.

Moraleja… no hay que envidiar al que brilla…
simplemente hay que intentar ser la mejor versión de uno mismo.

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El arte de estar solo

La gente se apega, y cuanto más te apegas a la otra persona, más se asusta la otra persona, más ganas tiene de escapar, porque hay una gran necesidad interior de ser libres.

El deseo de libertad es mucho mayor que cualquier otro deseo, es mucho más profundo que cualquier otro deseo. De ahí que uno pueda sacrificar incluso el amor, pero no pueda sacrificar la libertad, no forma parte de la naturaleza de las cosas. De ahí que la auténtica dicha sólo pueda ocurrir en tu soledad.

La soledad es un arte, sobretodo el arte de la meditación. Estar completamente centrado en tu propio ser sin ansiar a la otra persona; estar en tal profundo reposo contigo mismo que no necesitas nada más, eso es l a soledad. Te proporciona dicha eterna.

Si primero estás arraigado en tu ser y luego te diriges a una relación, el fenómeno es completamente distinto. En este caso puedes compartir, puedes amar y también puedes disfrutar este amor. Incluso cuando es momentáneo, puedes danzar, puedes bailar, y cuando desaparece, desaparece; no miras atrás. Eres capaz de crear otro amor, de modo que no hay necesidad de apegarse.

Das gracias a tu amante, das gracias al amor que ya no está ahí porque te enriqueció y te proporcionó algunos atisbos de la vida, te hizo más maduro.

No obstante, esto sólo será posible si estás algo arraigado en tu ser. Si el amor es todo lo que tienes, sin ninguna base meditativa, sufrirás, cada relación amorosa tarde o temprano se convertirá en una pesadilla.

Aprende el arte de estar solo, y dichosamente solo; entonces, todo será posible.

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La rueda del tiempo

En la India dos hombres caminaban por el campo. El más anciano dijo: Estoy cansado. Por favor, ve a buscar un poco de agua en los pozos que se ven al otro lado del arrozal. Te espero a la sombra de estos árboles. 

El joven cruzó el campo y en el pozo se encontró con una muchacha que estaba sacando agua. Se sintió atraido por ella y suavemente le preguntó su nombre. Ella le contestó con una sonrisa. Algo más tarde él le propuso llevarle la varija hasta el pueblo. Ella aceptó. Ya en la aldea fue invitado a comer en casa de la joven. Conoció a toda la familia y acabó pidiendo la mano de la chica. Se la concedieron. 

Tras la boda trabajó como campesino, tuvo hijos y los educó. Uno murió de enfermedad. Sus suegros también fallecieron y se convirtió en el cabeza de familia. Su hijo mayor se casó y partió. Su mujer, con el pelo ya cano, murió algo después. 

El la lloró, porque la había amado mucho. Días más tarde una inundación devastó el valle. Fue arrastrado como sus vecinos por un torbellino de agua fangosa. Luchó para sujetar a su hijo menor, que se ahogaba ante sus ojos. 

De repente, sin saber por qué, se acordó de su amigo, el anciano que le había pedido agua. Al instante se encontró en tierra seca, cruzando un campo, con una jarra en la mano. Regresó junto al anciano, que estaba adormecido bajo un árbol. Algo en el aire, que se había vuelto puro y ligero, parecía indicarle al joven que se hallaba en el mismísimo umbral del gran misterio de Vishnú, el dios que mantiene los mundos en su sitio.
El anciano se despertó y le dijo:

– El sol ya se está poniendo. Tardaste mucho. Estaba a punto de ir a buscarte.

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La farmacia de Nasrudin

Nasrudín estaba sin trabajo y preguntó a algunos amigos a qué profesión podía dedicarse. Ellos le dijeron: – Bueno, Nasrudín, tú eres muy capaz y sabes mucho sobre las propiedades medicinales de las hierbas. Podrías abrir una farmacia.

Se fue a casa, pensó en ello y dijo: – Sí, es una buena idea, creo que soy capaz de ser farmacéutico. Claro que Nasrudín estaba pasando por uno de esos momentos en los que deseaba ser muy prominente y muy importante: – No voy a abrir solamente un herbolario o una farmacia que se ocupe de hierbas, voy a abrir algo enorme y a producir un impacto significativo.

Compró una tienda, instaló las estanterías y vitrinas, y cuando llegó el momento de pintar el exterior colocó un andamio, lo cubrió con sábanas y trabajó detrás de él. No le dejó ver a nadie qué nombre le iba a poner a la farmacia, ni cómo estaba pintando el exterior.

Después de varios días, distribuyó folletos que decían: «La gran inauguración es mañana a las nueve». Todas las personas del pueblo y de los pueblos de los alrededores vinieron y se quedaron de pie esperando frente a la nueva tienda. A las nueve en punto salió Nasrudín, y con gesto teatral quitó la sábana que cubría la fachada de la tienda, y había allí un enorme cartel que decía:

«FARMACIA CÓSMICA Y GALÁCTICA DE NASRUDÍN», y debajo, con letras más pequeñas: «Armonizada con influencias planetarias».

Muchas personas quedaron muy impresionadas, y él hizo muy buenos negocios ese día. Por la tarde, el maestro de la escuela local fue y le dijo: – Francamente, Nasrudín, esas afirmaciones que usted hace son un poco dudosas. – No, no, – dijo Nasrudín -. Todas las afirmaciones que hago acerca de influencias planetarias son absolutamente ciertas: cuando el sol se levanta, abro la farmacia y cuando el sol se pone, la cierro.

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El pintor

El monarca de un lejano reino de las montañas llamó al mejor pintor que existía y le preguntó:

– ¿Cuáles son las cosas más difíciles de pintar?

El pintor, sin dudado, aseveró:

– Los perros, los caballos y otras criaturas.

Extrañado, el rey preguntó:

– Entonces, ¿cuáles son las más fáciles?

– Los fantasmas, los monstruos y cosas similares – repuso el pintor, riendo.

Intrigado, el rey preguntó la causa y el artista repuso:

– No hay nadie que no sepa cómo es un perro o un caballo, pero en cambio nadie ha visto monstruos ni fantasmas, por lo que uno los puede representar como quiera.

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Moisés y las tres injusticias

El Midrash cuenta que un día Moisés estaba en el desierto, descansando detrás de unos arbustos, cerca de un oasis. De repente vio llegar un viajero que se asomó a la fuente para tomar agua y al agacharse se le cayó su bolso de dinero. No se dio cuenta y siguió su camino.

Al rato llega otra persona a tomar agua. Encuentra el dinero, se lo lleva y se va.

Llega una tercera persona a tomar agua y se acuesta a descansar en la sombra de los árboles.

Mientras tanto el primero se da cuenta que había perdido su dinero y vuelve al oasis a buscarlo. No lo encuentra y acusa al hombre que estaba descansando. El hombre negó haberlo encontrado. El primero no le cree, se enoja y lo mata.

Moisés levanta sus ojos al cielo y dice: ¡Amo del universo! ¿Dónde está la justicia?

D-os le responde: Te voy a explicar el tema esta única vez.

El dinero que el primero perdió no era suyo. Lo había heredado de su padre quien, a su vez, lo había robado.

El segundo fue a quien el padre del primero le había robado. Hoy le devolví lo suyo.

¿Y el tercero?

El tercero fue el asesino del padre del primero. El hijo hizo la justicia, sin saberlo.

Vemos de esta historia que realmente no podemos juzgar la justicia únicamente en base a  lo que nuestros ojos ven. Está en nosotros aceptar o no la justicia suprema e infalible del Creador del Universo, aún sin entenderla.

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La culpa es de la vaca

Se estaba promoviendo la exportación de artículos colombianos de cuero a Estados Unidos, y un investigador de la firma Monitor decidió entrevistar a los representantes de dos mil almacenes en Colombia. La conclusión de la encuesta fue determinante: los precios de tales productos son altos, y la calidad muy baja.

El investigador se dirigió entonces a los fabricantes para preguntarles sobre esta conclusión. Recibió esta respuesta: no es culpa nuestra; las curtiembres tienen una tarifa arancelaria de protección de quince por ciento para impedir la entrada de cueros argentinos.

A continuación, le preguntó a los propietarios de las curtiembres, y ellos contestaron: no es culpa nuestra; el problema radica en los mataderos, porque sacan cueros de mala calidad. Como la venta de carne les reporta mayores ganancias con menor esfuerzo, los cueros les importan muy poco.

Entonces el investigador, armado de toda su paciencia, se fue a un matadero. Allí le dijeron: no es culpa nuestra; el problema es que los ganaderos gastan muy poco en venenos contra las garrapatas y además marcan por todas partes a las reses para evitar que se las roben, prácticas que destruyen los cueros.

Finalmente, el investigador decidió visitar a los ganaderos. Ellos también dijeron: no es culpa nuestra; esas estúpidas vacas se restriegan contra los alambres de púas para aliviarse de las picaduras.

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Las 2 hachas

En un pueblecito, en medio del bosque, vivían dos hermanos junto a su madre, se dedicaban a las tareas del campo, los dos trabajaban por igual en las tierras y ayudaban a su madre en los quehaceres y en los trabajos. Pero tenían un serio y grave problema cada vez que se disponían a cortar la leña para avivar el fuego que les haría más cálido el crudo invierno.

Cada uno de ellos tenía un hacha, pero cada hacha tenía un pequeño defecto. Una tenía la hoja muy afilada pero el mango era muy débil, esto hacía que al cortar la leña, el mango se quebrara y no pudiera seguir cortando. La otra, tenía un mango muy sólido, pero la hoja del hacha estaba con el filo muy desgastado, casi romo, mellado y no podía cortar casi nada…

Ninguno de los dos podía cortar la leña por el problema de sus respectivas hachas…

Esto les creaba, enfados, frustraciones y una mala convivencia entre ellos…

Un día la madre viendo el mal humor que esto les ocasionaba, les dijo:

– Hijos, me disgusta enormemente, veros siempre enojados… no quiero que peléis más, yo tengo la solución a vuestro problema. Mirad, os propongo que hagáis lo siguiente. Cogéis el mango sólido de una hacha y la hoja afilada de la otra… y de las dos hacéis una sola hacha. De esta manera podréis cortar toda la leña que necesitemos, si compartís el hacha y os turnáis para el trabajo.-

Los hijos comprendieron el mensaje de la madre, y así lo hicieron. Desde aquel momento… desde que compartieron el hacha, pudieron cortar sin problemas toda la leña necesaria para mitigar el frío del invierno.

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El laúd

En una ocasión, un maestro paseaba tranquilamente con sus discípulos a los cuales, intentaba enseñarles la ciencia de la meditación y del conocimiento interior. Al internarse por un camino pedregoso, vio que las piedras estaban cubiertas de sangre.

– De quién es esa sangre? -preguntó extrañado.

-Es de Jaime -le respondieron algunos discípulos-. Como no progresa rápido hacia la libertad interior y la paz sublime, se mortifica caminando descalzo por estas piedras.

El maestro hizo llamar a Jaime, que había sido el mejor músico de laúd que jamás él hubo conocido.

-Vamos a ver, querido discípulo -le dijo- Sonaba bien tu laúd si tensabas demasiado las cuerdas?

-Claro que no, maestro. Si las tensaba demasiado el sonido no era bueno y además podían quebrarse-.

-Y veamos, mi fiel discípulo, Sonaban bien si las dejabas sueltas?-

-Peor, maestro, porque entonces se enredaban entre ellas-.

-Y bien, cómo sonaban si no las dejabas ni sueltas ni demasiado tensas?-

-Así debía ser, maestro. ¡Entonces sonaban que era un primor!-

-Pues bien, Jaime, así debe ser el esfuerzo que uno aplica sobre sí mismo, ni débil ni excesivo sino adecuado.

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Expedición en globo

Cuentan que una vez salió una expedición de amigos dispuestos a dar la vuelta al mundo en globo. Partieron ilusionados, compartiendo junto a la aventura de su hazaña, sueños y esperanzas, anhelos de ayuda, de conquista y libertad.

Para poder ayudarse mejor, decidieron emprender el viaje juntos, pero repartidos en dos globos.

Llegó la hora de emprender el tan esperado viaje. Los dos globos iniciaron su ascenso… Pero uno de ellos se vio atrapado en un cúmulo de nubes a 2000 metros de altura, nubes tan espesas y extensas que el globo se empezó a cubrir de escarcha. Esto hacía que perdiera altura rápidamente y la única forma de salir de allí era poder remontar por encima de las nubes, para que el Sol deshiciera la escarcha y así el otro globo les asistiera y ayudara. Pero descendían rápidamente, y para perder el peso necesario, comenzaron a tirar por la borda todo lo que llevaban encima y que veían que era lo que más pesaba… las cámaras de vídeo, el equipo, comida, la ropa e incluso los libros… hasta que finalmente se quedaron sólo con lo que llevaban puesto… y con su fe y oración.

Al ser aligerado de peso, el globo comenzó poco a poco a subir, traspasó las espesas nubes hasta que los rayos del Sol empezaron a derretir el hielo que lo cubría y pudieron ser ayudados por los compañeros del otro globo, y así continuar su feliz viaje.

Que nos dice esta historia?…

Muchas veces a lo largo de nuestra vida sentimos que nos venimos abajo, y que cada vez hay más peso que nos lleva hacia el abismo.

Nos llenamos de «escarcha» como el globo de la historia, nos creamos problemas interiores, muchas veces innecesarios, nos creamos una «escarcha» con malos entendidos, malas interpretaciones, mala convivencia con los demás… y con nosotros mismos, con desánimos, frustraciones…

Y cuando ya vemos que ese abismo está cercano, cuando vemos el peligro y reflexionamos… nos damos cuenta que necesitamos del calor, bien sea de la amistad, del cariño, o simplemente de los rayos del Sol para que nos deshagan la «escarcha» acumulada y podamos remontar y subir hacia arriba.

Todas las cosas negativas vividas en nuestro interior no nos dejan crecer como personas, nos hunden y hacen que descendamos al vacío en lugar de subir y crecer.

Deshagamos o echemos por la borda todas las cosas negativas acumuladas, toda la «escarcha», todo lo que no nos deja crecer y subamos al límpido cielo, y gocemos con toda integridad de toda la armonía necesaria para poder vivir la vida con total plenitud.

Qué debería yo «tirar» de mi interior?

Qué me hace llevar sobrepeso?

De qué cosas estoy dispuesto yo a despojarme, a desprenderme para poder remontar el vuelo y subir hasta lo alto?

Qué cosas son las que no me dejan crecer como persona?

Qué cosas son las que no me dejan ver el Sol?…

Cuanta «escarcha» llevo encima, y de qué cosas está formada?

Necesito yo del calor… que me ayude a deshacer mi «escarcha»?

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