Frases de Fidel Castro

Fidel Alejandro Castro Ruz​ fue un abogado, militar, político y revolucionario marxista cubano. Fue mandatario de su país como primer ministro (1959-1976) y presidente (1976-2008) después de su victoria en la revolución cubana contra la dictadura de Fulgencio Batista.

La Revolución no es la obra de un día ni de un año; es obra para siempre en lo adelante. Es una obra eterna, en la cual el actor fundamental es el pueblo, los trabajadores.

Si salimos, llegamos; si llegamos, entramos; si entramos, triunfamos». 1956, México, antes de zarpar en el yate Granma.

«No he sido nunca ni soy comunista, si lo fuese tendría valor suficiente para proclamarlo». Mayo 1958.

No soy eterno. De repente, uno descubre que casi todo quedó por detrás y que la vida tiene sus límites. 

¡Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!

Ni los muertos pueden descansar en un país oprimido.

El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.

No he sido nunca ni soy comunista. Si lo fuese, tendría valor suficiente para proclamarlo.

No tengo ni un átomo de arrepentimiento de lo que hemos hecho en nuestro país.

Revolución y educación son una sola cosa.

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La culpa es de la vaca

Se estaba promoviendo la exportación de artículos colombianos de cuero a Estados Unidos, y un investigador de la firma Monitor decidió entrevistar a los representantes de dos mil almacenes en Colombia. La conclusión de la encuesta fue determinante: los precios de tales productos son altos, y la calidad muy baja.

El investigador se dirigió entonces a los fabricantes para preguntarles sobre esta conclusión. Recibió esta respuesta: no es culpa nuestra; las curtiembres tienen una tarifa arancelaria de protección de quince por ciento para impedir la entrada de cueros argentinos.

A continuación, le preguntó a los propietarios de las curtiembres, y ellos contestaron: no es culpa nuestra; el problema radica en los mataderos, porque sacan cueros de mala calidad. Como la venta de carne les reporta mayores ganancias con menor esfuerzo, los cueros les importan muy poco.

Entonces el investigador, armado de toda su paciencia, se fue a un matadero. Allí le dijeron: no es culpa nuestra; el problema es que los ganaderos gastan muy poco en venenos contra las garrapatas y además marcan por todas partes a las reses para evitar que se las roben, prácticas que destruyen los cueros.

Finalmente, el investigador decidió visitar a los ganaderos. Ellos también dijeron: no es culpa nuestra; esas estúpidas vacas se restriegan contra los alambres de púas para aliviarse de las picaduras.

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