Una duda

¿Qué duele más? ¿Nunca conocer el amor? ¿O conocerlo y haberlo perdido? ¿O tenerlo y verlo diluido entre tus brazos? ¿O verlo arrebatado? ¿O por la muerte consumado? ¿O amar sin ser amado? ¿O amar a quien no te ama sin ver a quien sí? ¿O matar a quien amas? ¿O saber que te amaba en el umbral de tu muerte? ¿O arrepentirte de haber amado? ¿U odiar al amor? ¿O amar el dolor? ¿O ignorar el amor siendo consciente? ¿O hacerlo inconsciente y saberlo después? ¿O mentir a quien amas? ¿O amar a quien te miente? ¿O salvar a quien odias, porque ama a quien amas, y le ama en lugar de a ti? ¿O amarlo? ¿U odiarte? ¿O amar tu rencor? ¿O amar a solas? ¿O amar en silencio? ¿O no poder amar? ¿O tener prohibido amar? ¿O no querer amar? ¿O amar y odiar al mismo tiempo? ¿O amar y después odiar? ¿O la desilusión antes de ese odio? ¿O volver a amar? ¿O amar a quien ya ama, y es amada? ¿O amar a quien no puede amar? ¿O amar a quien no quiere amar? ¿U olvidar a quien amas? ¿U olvidar que puedes amar? ¿O amar a distancia? ¿O por nadie ser amado? ¿O amar a quien no puedes amar? ¿O amar por obligación? ¿O morir de amor, de amor amargo, triste, seco, lento, frío, único, roto, loco, fugaz, lejano, vacío, débil, ajeno, sangriento, perdido, perfecto, mortal? ¿O simplemente amar?

Haz feliz a la humanidad OSHO

Las personas desgraciadas son peligrosas, por la simple razón de que no les importa si la Tierra sobrevive o no. Son tan desgraciados que en lo más profundo de sí mismos pueden pensar que sería mejor que todo terminase, ¿qué te importa eso si tú vives en el sufrimiento? Sólo a la gente feliz, a la gente gozosa, a la gente que danza, le gustaría que este planeta sobreviviese para siempre. La seriedad es simplemente una enfermedad del espíritu, pero la sinceridad es un fenómeno completamente distinto. Un hombre serio no puede reír, no puede bailar, no puede jugar. Está siempre controlándose a sí mismo, se ha convertido en un carcelero de sí mismo. El hombre sincero puede divertirse auténticamente, puede bailar auténticamente, puede reír sinceramente. Y en la risa, el cuerpo se unifica, la mente se unifica, el ser se unifica, las divisiones desaparecen, la personalidad esquizofrénica desaparece. La risa te devuelve tu energía. El quitar la risa alejándola de ti es una castración espiritual. La gente que se ha reunido alrededor de mí está aprendiendo cómo estar más contenta, cómo ser más meditativa, cómo reírse más y amar más, y extender el amor y la risa alrededor del mundo. Esta es la única protección contra las armas nucleares. Si el globo entero pudiese aprender a amar y reírse y divertirse y bailar, entonces Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev se sorprenderían: ¿Qué ha pasado? ¡El mundo entero parece haberse vuelto loco! La gente que es feliz, que está contenta, no es gente a quien se la pueda forzar a matar a otra gente que no le haya hecho ningún daño. No es sorprendente que a todos los ejércitos a través de los tiempos se les haya mantenido sexualmente reprimidos, porque la gente sexualmente reprimida por fuerza tiene que ser destructiva. Su misma represión la fuerza a destruir algo. ¿Has observado alguna vez en tu propio ser? Cuando estás contento, alegre, quieres crear algo. Cuando eres desgraciado, estás sufriendo, quieres destruir algo. Es una venganza. A todos los ejércitos se les mantiene en un estado de represión sexual, para que cuando llegue el momento de matar, eso se convierta en su placer. Por lo menos sus energías reprimidas se expresan; naturalmente, de un modo muy desagradable, de una forma inhumana. Pero algo se expresa. ¿Te has dado cuanta alguna vez de que los pintores, poetas, escultores, bailarines nunca son gente sexualmente reprimida? De hecho, son excesivamente sexuales; aman demasiado. Quieren a muchas personas. Quizás una persona no es suficiente para saciar su amor. Han sido condenados por los sacerdotes a través de todas las épocas, “Esos poetas, pintores, escultores músicos, ésos no son buena gente”. Y ésa es la única gente que ha hecho hermosa a la Humanidad, es la que ha dado al mundo algunas flores de alegría, algunas flores de música, algunas danzas hermosas. Es uno de los fundamentos de la vida, que si no creas algo, no llegas a alcanzar tu dignidad completa. Tú creatividad trae libertad, fuerza, inteligencia y consciencia. ¿Qué han hecho los sacerdotes por el mundo? Han incinerado vivas a mujeres llamándolas brujas. Han matado a personas que pertenecían a otras creencias. No han sido gente creativa. No han mejorado la Tierra y no han mejorado la vida. Necesitamos respetar mucho a la gente creativa de cualquier dimensión. Y tendríamos que aprender cómo transformar nuestras energías para que no fueran reprimidas, para que se expresen en el amor, en la risa, en la alegría. Y esta Tierra sería más que un paraíso; no hay que ir a ningún otro lugar. El Paraíso no es algo que se tenga que alcanzar, es algo que debe ser creado. De nosotros depende. Esta crisis da una oportunidad a la gente valiente para que se desconecte del pasado y empiece a vivir de una nueva manera; no una modificación ni una continuación del pasado; no mejor que en el pasado, sino absolutamente una vida nueva. Y tiene que hacerse ahora, porque el tiempo es muy corto. Al final del siglo veinte, o bien entraremos al primer siglo de una nueva historia del hombre, o no quedará nadie, ni siquiera una sola flor silvestre con vida. Todo estará muerto. Aparte de las bombas de neutrones, las cuales ya existen, hay experimentos que se están haciendo en la Unión Soviética y quizás en los Estados Unidos también, sobre rayos de muerte. En lugar de arrojar la bomba, es mucho más fácil esparcir rayos de muerte que simplemente matan a las personas vivas, los animales, pájaros, árboles. Sólo las cosas muertas: casas, templos, iglesias, permanecerán. Será realmente una pesadilla. Y estos rayos de muerte no son visibles. Sabemos que existen, están intentando averiguar cómo irradiarlos, cómo hacerlos llegar a un cierto destino y destruir a todos los seres vivientes que se encuentren en el camino. Necesitamos más gente feliz en toda de la Tierra para impedir la Tercera Guerra Mundial. Esas armas nucleares y esas máquinas destructivas de guerra no pueden funcionar solas. Tienen que ser manejadas por seres humanos; detrás de ellas hay manos humanas. Una mano que conoce la belleza de una rosa no puede dejar caer una bomba en Hiroshima. Una mano que conoce la belleza del amor no es la mano que sostendrá una pistola cargada de muerte. Solamente un poco de contemplación y entenderás lo que estoy diciendo. Estoy diciendo: difunde la risa, difunde el amor, difunde los valores afirmativos de la vida, cultiva más flores alrededor de la Tierra. Todo lo que es hermoso, aprécialo y todo lo que sea inhumano, condénalo. Si tú quieres cambiar el mundo en un fenómeno totalmente nuevo, con una consciencia nueva, tendrás que arrebatar la Tierra entera de las manos de los políticos y sacerdotes. El hombre tiene que ser liberado de esos monstruos. Nuestro trabajo es enseñar consciencia a la gente, a estar más despierta, a tener más amor, más comprensión, más alegría, y a extender la danza y la celebración por toda la Tierra. Reduciéndolo a una…

Aqui y ahora OSHO (fragmento)

Aqui y ahora(Fragmento)- OSHO El Buda ha dicho que el encuentro con lo que nos agrada nos produce alegría, y que la despedida de lo que no nos agrada también produce alegría; que la despedida del ser querido que amamos nos produce dolor, y que el encuentro con el ser no querido también nos produce dolor. Así se creía y así se entendía. Pero más tarde llegamos a comprender que aquel al que llamamos ser querido puede convertirse en el ser no querido, y que aquel al que considerábamos el ser no querido puede convertirse en el ser querido. Así, con la evocación de los recuerdos pasados, las situaciones existentes cambiarán radicalmente; se verán desde un punto de vista completamente diferente. Estas evocaciones son posibles, aunque no son ni necesarias ni inevitables; y en algunas ocasiones estos recuerdos también pueden aparecer de improviso cuando practicamos la meditación. Si los recuerdos de las vidas pasadas llegan a presentarse de pronto (sin estar practicando ningún experimento; simplemente, en vuestra meditación normal), no os intereséis demasiado por ellos. Limitaos a mirarlos, a ser testigo de ellos; pues, normalmente, la mente es incapaz de soportar de pronto una turbulencia tan grande. SI uno intenta aguantarla, corre el claro peligro de volverse loco.

Alemanes OSHO

Alemanes La gente siempre se ha preguntado cómo se las compuso Adolf Hitler para dominar a una raza tan inteligente como los alemanes. ¿Por qué? Parece una paradoja que un hombre como Martin Heidegger, uno de los más grandes pensadores de la época, apoyara a Adolf Hitler. Los grandes profesores de las grandes universidades alemanas dieron su apoyo a Adolf Hitler. ¿Por qué? ¿Cómo fue posible? Además, Adolf Hitler no era más que una persona estúpida, ignorante y poco sutil. Pero tenía algo en su interior de lo que carecían los profesores, las personas inteligentes y el propio Martin Heidegger. Tenía algo en su interior que ninguna persona inteligente puede tener: certidumbre absoluta. Era idiota, pero podía hablar sin cortapisas y afirmar cosas como si las supiera. Era un loco, pero su locura tuvo una gran repercusión: cambió completamente el curso de la historia humana. No es de extrañar que los alemanes se sintiesen tan interesados e impresionados por él. Eran personas inteligentes, de las más inteligentes del mundo, y la inteligencia siempre comporta confusión. Ése es el secreto del éxito de Adolf Hitler. La inteligencia comporta confusión y la confusión comporta estremecimiento y miedo; uno no sabe adónde ir ni qué hacer y empieza a buscar un caudillo. Empieza a buscar a alguien que pueda decir las cosas con rotundidad; que pueda afirmarlas categóricamente.

El Vampiro Subversivo – Alejandro Jodorowsky

El Vampiro Subversivo – Alejandro Jodorowsky Al caer la noche, el padre y la madre abrieron la tapa del pequeño ataúd y despertaron a su hijo para contarle, una vez más, la muerte de sus abuelos: por quedarse más tiempo de lo indicado fuera del castillo, la luz del día los sorprendió, convirtiéndolos en cenizas. El muchachito, mostrando sus largos colmillos, exclamó: “¡Los vengaré! ¡Algún día apagaré el sol!” Por un agujero cavado en el muro, hizo salir una manguera con la cual lanzó un chorro de agua hacia el astro rey. A pesar de que el líquido llegaba a alturas increíbles, sus intentos fracasaron. Siguió probando. “¡Por muy lejano que parezcas, te alcanzaré!”, amenazó al sol. Sus progenitores comenzaron a burlarse. “¡Estás loco, nunca podrás! Durante milenios el sol nos ha reducido a polvo, ¿quién eres tú para oponerte a una hoguera de tal magnitud?” El muchacho no les hizo caso. Fabricó un carro provisto de vidrios que no dejaban pasar la luz y llevó miles de litros de agua hasta una montaña para, desde la cima, tratar de llegar con un chorro al sol. Fracasó. Siguió tratando. En pleno día, cubierto sólo por un toldo, disparó un cohete extinguidor que estalló en la estratosfera sin alcanzar su objetivo. Los padres aplaudieron: “¡Bravo, nuestro hijo fracasó! ¡Por desobediente, deberíamos correrlo del castillo! ¿Por qué no se conforma como nosotros?” Después de miles de intentos inútiles, el joven vampiro, mirando hacia el sol, que brillaba más que nunca, lloró: “¡Tienen razón: nunca podré apagarlo! ¡Ya no me importa morir!” Y abrió los brazos para dejarse calcinar sin cubrirse de los rayos. ¡Nada sucedió! En la triste oscuridad de la fortaleza, los viejos vampiros se asombraron: “¡Nuestro enemigo no lo daña! ¡Se ha tornado inmune al sol! ¡Qué envidia!”.

La receptividad

La receptividad Es tiempo de detener la agresiva búsqueda de respuestas. Vacíate totalmente, vuélvete receptivo a toda la existencia. Simplemente relájate, espera y disfruta. Un profesor de filosofía fue al Maestro Zen Nan-In y le preguntó acerca de Dios, la meditación y muchas cosas por el estilo. El Maestro lo escuchó silenciosamente y luego le dijo: `Te ves cansado. Has escalado esta alta montaña, has llegado de un remoto lugar. Déjame que primero te sirva té`. El profesor esperó. Hervía con preguntas, pero mientras cantaba el samovar y el aroma del té se difundía, el Maestro dijo: `Espera, no estés tan apurado. Quizás, hasta tomando el té pueden contestarse tus preguntas`. El profesor empezó a preguntarse si su viaje no habría sido en vano. `Este hombre parece loco, ¿cómo puede contestarse mi pregunta sobre Dios tomando té?. Pero también estaba cansado y sería bueno tomar una taza de té antes de descender de la montaña. El Maestro trajo la pava, vertió té en la taza y el té comenzó a inundar el plato, pero él continuó vertiéndolo. Luego el plato también se llenó. Sólo una gota más y el té habría comenzado a caer al piso. El profesor dijo: `Deténgase, ¡qué está haciendo! ¿no vé que la taza está llena, que el pato está lleno?` Y Nan-In dijo: `Esa es la precisa situación en la que te hallas. Tu mente está tan llena de preguntas que aún si respondo, no tienes lugar para alojar las respuestas. Y te digo, desde que entraste en esta casa, tus preguntas inundan todo el lugar. Esta pequeña choza está llena de tus preguntas. Regresa, vacía tu taza y luego ven. Primero haz un poco de espacio dentro de ti`. Has venido a una persona aún más peligrosa que Nan-In, porque para mí una taza vacía no será suficiente. La taza debe romperse íntegramente. Aún vacía, si estás allí, entonces estás lleno. Sólo cuando dejes de ser, el té podrá fluir dentro de tu ser. Sólo si no eres, realmente no habrá necesidad de volcar té dentro de ti. Cuando no eres, toda la existencia comienza a volcarse, desde todas las dimensiones, desde todas las direcciones. Raíces y Alas p. 3

Los siete tarros de oro

Al pasar un barbero bajo un árbol embrujado, oyó una voz que le decía: «¿Te gustaría tener los siete tarros de oro?». El barbero miró en torno suyo y no vio a nadie. Pero su codicia se había despertado y respondió anhelante: «Sí, me gustaría mucho». «Entonces ve a tu casa en seguida», dijo la voz, «y allí los encontrarás». El barbero fue corriendo a su casa. Y en efecto: allí estaban los siete tarros, todos ellos llenos de oro, excepto uno que sólo estaba medio lleno. Entonces el barbero no pudo soportar la idea de que un tarro no estuviera lleno del todo. Sintió un violento deseo de llenarlo; de lo contrario, no sería feliz. Fundió todas las joyas de la familia en monedas de oro y las echó en el tarro. Pero éste seguía igual que antes: medio lleno. ¡Aquello le exasperó! Se puso a ahorrar y a economizar como un loco, hasta el punto de hacer pasar hambre a su familia. Todo inútil. Por mucho oro que introdujera en el tarro, éste seguía estando medio lleno. De modo que un día pidió al Rey que le aumentara su sueldo. El sueldo le fue doblado y reanudó su lucha por llenar el tarro. Incluso llegó a mendigar. Y el tarro engullía cada moneda de oro que en él se introducía, pero seguía estando obstinadamente a medio llenar. El Rey cayó en la cuenta del miserable y famélico aspecto del barbero. Y le preguntó: «¿Qué es lo que te ocurre? Cuando tu sueldo era menor, parecías tan feliz y satisfecho. Y ahora que te ha sido doblado el sueldo, estás destrozado y abatido. ¿No será que tienes en tu poder los siete tarros de oro?». El barbero quedó estupefacto: «¿Quién os lo ha contado, Majestad?», preguntó. El Rey se rió. «Es que es obvio que tienes los síntomas de la persona a quien el fantasma ha ofrecido los siete tarros. Una vez me los ofreció a mí y yo le pregunté si el oro podía ser gastado o era únicamente para ser, atesorado; y él se esfumó sin decir una palabra. Aquel oro no podía ser gastado. Lo único que ocasiona es el vehemente impulso de amontonar cada vez más. Anda, ve y devuélveselo al fantasma ahora mismo y volverás a ser feliz». En ocasiones la avaricia, las metas o simplemente la forma en la cual nos educan nos enruta a realizar actos que muchas veces no queremos; cuantas veces por “un mejor futuro” dejas de disfrutar tu presente, con esto no quiero decir que te conformes simplemente acepta lo que tienes, disfrútalo y no te sientas mal por lo que no tienes. Feliz año 2008 con esto empieza generadordeideas.com gracias por seguir aquí

Nasrudín y el huevo

Cierta mañana Nasrudín envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y llamó a los que pasaban por allí. -¡Hoy tendremos un importante concurso! -dijo-, ¡Quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo, recibirá de regalo el huevo que está dentro! Las personas se miraron, intrigadas, y respondieron: -¿Cómo podemos saberlo? ¡Ninguno de nosotros es adivino! Nasrudín insistió: -Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad, y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos. Entonces, ¿quién puede decirme lo que está escondido? Todos los habitantes pensaban que Nasrudín tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza delante de los otros. ¿Y si no fuese un huevo, sino algo muy importante, producto de la fértil imaginación mística de los sufíes? Un centro amarillo podía significar algo del sol, el líquido a su alrededor tal vez fuese algún preparado de alquimia. No, aquel loco estaba queriendo que alguien hiciera el ridículo. Nasrudín preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio. Entonces él abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo. -Todos vosotros sabíais la respuesta -afirmó- y nadie osó traducirla en palabras.

Diógenes y Alejandro Magno

Diógenes, el místico griego se encontró con Alejandro Magno cuando este se dirigía a la India. Era una mañana de invierno, soplaba el viento y Diógenes descansaba a la orilla de un río, sobre la arena, tomando el sol desnudo. Era un hombre hermoso. Cuando el alma es hermosa, surge una belleza que no es de este mundo… Alejandro no podía creer la belleza y gracia de aquel hombre y le dijo: -Señor -jamás había llamado “Señor” a nadie en su vida-, señor me ha impresionado enormemente su persona, además he oído hablar de su gran sabiduría. Me gustaría hacer algo por usted, ¿Qué podría hacer yo por usted? Muévete un poco hacia un lado, pues me estás tapando el sol, esto es todo, no necesito nada más -dijo Diógenes. -Si tengo una nueva oportunidad de volver a la tierra, le pediré a Dios que me convierta en Alejandro de nuevo y si esto no es posible, que me convierta en Diógenes. Diógenes se rió y dijo: -¿Quién te impide serlo ahora mismo? ¿Adónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos, ¿a dónde van? ¿Para qué?. -Voy a la India a conquistar el mundo entero -dijo Alejandro. -¿Y después que vas a hacer? -preguntó Diógenes. -Después voy a descansar. -Estás loco. Yo estoy descansando ahora. No he conquistado el mundo y no veo que necesidad hay de hacerlo. Si al final quieres descansar, ¿por qué no lo haces ahora? Y te digo más si no descansas ahora nunca lo harás. Morirás. Todo el mundo se muere en el camino, en medio del viaje. Alejandro se lo agradeció y le dijo que le recordaría, pero que ahora no podía detenerse. Alejandro cumplió su destino de conquistador pero no le dio tiempo de descansar antes de morir.

Confucio y el niño precoz

Confucio viajaba con sus discípulos cuando supo que en una aldea vivía un niño muy inteligente. Fue hasta allí para conocerlo y hablando en broma le preguntó: -¿Qué tal si me ayudaras a acabar con las desigualdades? -¿Por qué acabar con las desigualdades?, -dijo el niño-, si aplanáramos las montañas, los pájaros ya no tendrían refugio, si acabáramos con la profundidad de los ríos y de los mares, todos los peces morirían, si el jefe de la aldea tuviera la misma autoridad que el loco nadie se entendería. El mundo es muy basto, déjalo con sus diferencias. Los discípulos salieron de allí impresionados por la sabiduría del chico y siguiendo su camino hacia otra ciudad, comentó uno de ellos, que todos los niños deberían ser así. -He conocido a muchas criaturas precoces que en vez de estar jugando o haciendo cosas propias de su edad procuraban entender el mundo -dijo Confucio-, y ninguna de ellas consiguió hacer nada importante, porque jamás experimentaron la inocencia y la sana irresponsabilidad de la infancia.

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