LA TRASFORMACION

¿ Que es lo que en la vida hace que uno aspire a la trasformación? ¿ que es lo que en realidad hay detras del cambio? ¿Se trata meramente de cambiarse la forma de vestirse, el estilo del peinado, o unirse a algún grupo que esta esperando que su voz se eleve y que su teoria cambie al mundo? ¿O lo que realmente resulta para poder transformarse y que es estremecedor es , penetrar los velos del autoengaño y de la ilusión y romper la cáscara del huevo de la ignorancia, para encontrarse de frente a uno mismo? A través de una auto-análisis sincero y de una introspección meditativa sin barreras, llevada a cabo durante un periodo de tiempo sostenido, uno puede derribar la mansión que el ego ha construido, ingresando de ese modo en la morada autentica del ser. Esto puede parecer desafiante, pero en realidad es más fácil de lo que piensa. Kabir, un poeta hindú del siglo XV, cantaba en cierta ocasión: “No deseo teñir mis prendas de azafrán, el color de una orden santa; deseo teñir mi corazón con el amor divino”. No se necesita viajar a tierras distantes, buscar experiencias místicas exóticas, ir con brujas o hechiceras, ni cultivar estados de mente extraordinarios, a fin de experimentar un cambio radical de corazón y de transformación interior. Hablando espiritualmente, todo lo que uno desea, aspira y necesita se encuentra siempre presente, accesible aqui y ahora, para aquellos que tengan ojos para ver. Se trata una vez más del viejo adagio: No se necesita ver cosas diferentes, sino mas bien de ver cosas diferentemente, todos podemos elegir dia a dia vivir bien o estar mal con uno y con los demas .

El árbol del amor

…He oído contar la historia de un antiguo y majestuoso árbol,cuyas ramas se extendían hacia el cielo.Al llegar la estación delas flores,mariposas de todas las formas, tamaños y colores, bailaban a su alrededor.Las aves de países lejanos se le acercaban y cantaban cuando florecía y daba frutos. Las ramas,como manos extendidas,bendecían a todos los que acudían a sentarse bajo su sombra.Un niñito solía venir a jugarjunto a ély el gran árbol se encariñó con el pequeño. El amor entre lo grande y lo pequeñoes posible,si el grande no es consciente de su grandeza. El árbol no sabía que era grande,sólo el hombre es consciente de eso. La prioridad de lo grande siempre es el ego,pero para el amor nadie es grande o pequeño.El amor abraza a quienquiera que se le acerque. Así, el árbol comenzó a sentir amor hacia ese pequeño que solía ir a jugar cerca de él.Sus ramas eran altas,pero las inclinaba hacia el niño, de modo que pudiera recoger sus flores y sus frutos. El amor siempre cede;el ego nunca esta dispuesto a inclinarse.Si te acercas al ego, sus ramas se estirarán aún más hacia lo alto;se pondrá rígido para que no puedas alcanzarlo.

El amor romántico es algo enfermizo – OSHO

El amor romántico es algo enfermizo “O nuestros matrimonios son un compromiso sexual o responden a un amor romántico y pasajero. En realidad, el amor romántico es algo enfermizo. Como no puedes amar a muchas personas, vas acumulando la capacidad de amar, que de repente se desborda. Entonces, siempre que encuentras a alguien y la oportunidad de estar con esa persona, se proyecta ese amor desbordado, de modo que una mujer normal y corriente se convierte en un auténtico ángel, y un hombre normal y corriente en un dios. Pero cuando el desbordamiento vuelve a su cauce y vuelves a ser normal, ves que has sido engañado. Él es un hombre normal y corriente, o ella una mujer normal y corriente. Esta locura romántica surge de nuestra formación monógama. Si a una persona se le permite amar, jamás acumulará una tensión que pueda proyectar. Por eso, el amor romántico sólo es posible en una sociedad muy enferma. En una sociedad realmente sana no se dará el amor romántico. Amor sí, pero no romanticismo. Y si no se da el romanticismo, el matrimonio cristalizará en un nivel más profundo y nunca resultará frustrante. Y si el matrimonio no es sólo por amor sino por una unidad más íntima –por una relación “tú-yo” en la que ambos crezcamos no como “yoes” sino como “nosotros”– , se convertirá realmente en un aprendizaje para la ausencia del ego. Pero no sabemos nada sobre esa clase de matrimonio. Lo único que conocemos es la fealdad, rostros vivaces y todo muerto por dentro”. Osho, El libro el sexo. Del sexo a la superconsciencia

Darse cuenta

Darse cuenta Toda vez que percibas que estás actuando inconscientemente, detente. No seas un robot. No actúes desde el ego. Toma una taza de té, despiértate, y luego actúa dándote cuenta. El té es un símbolo Zen que significa darse cuenta, porque el té te pone más alerta, te hace darte cuenta. El té fue inventado por los budistas, y ellos usaron el té durante siglos para ayudarlos en la meditación. Y el té es útil. Cuenta la historia que Bodhidharma se hallaba meditando en una montaña de China llamada `Ta`. De ese `Ta` surge el nombre `té`. El nombre de esa montaña puede pronunciarse `Ta` o `Cha`, por ello en la India el té se llama `chai` o `cha`. Bodhidharma estaba meditando, realmente era un gran meditador. Le gustaba meditar durante dieciocho horas, pero era difícil. Una y otra vez lo invadía el sueño y una y otra vez sus párpados caían. Entonces cortó y tiró sus párpados. Ahora ya no había posibilidad de cerrar sus ojos. La historia es hermosa. Esos párpados se convirtieron en las primeras semillas de té y una planta creció de ellas. Bodhidharma preparó el primer té del mundo de estas plantas y se sorprendió al comprobar que al tomar estas hojas y beberlas en infusión, podía permanecer alerta durante períodos más prolongados. De modo que durante siglos el pueblo Zen ha estado tomando té, y el té se ha convertido en algo muy sagrado. El Pasto Crece Por Sí Mismo pp. 272-273

Ser Comun

Ser común Simplemente ser común resulta un milagro. El no anhelar ser alguien es un milagro. Permite que la naturaleza siga su curso, déjala. Sucedió en una oportunidad que Bankei, un Maestro Zen, estaba trabajando en su jardín. Llegó un buscador y le preguntó a Bankei: `Jardinero, ¿dónde está el Maestro? Bankei rió y dijo: `Por esa puerta, adentro hallarás al Maestro`. Bankei entró por una puerta lateral y se sentó en la única silla, en el centro del salón. Cuando el buscador se acostumbró a la oscuridad y lo vió, le ordenó abandonar inmediatamente la silla del Maestro. Bankei se sentó en el piso y dijo: `Ahora no hallarás al Maestro en la silla, porque yo soy el Maestro`. Al hombre le resulto muy difícil ver que un gran Maestro pudiera ser tan común. Se fue… y perdió. Se hallaba Bankei un día, predicando tranquilamente a sus seguidores, cuando su prédica fue interrumpida por un sacerdote de otra secta. Esta secta creía en el poder de los milagros.  El sacerdote se jactó de que el fundador de su religón podía pararse en una orilla del río con un pincel en su mano y escribir un nombre sagrado sobre un pedazo de papel que sostenía un asistente en la orilla opuesta del río. Luego preguntó: `¿Qué milagros puedes tú hacer?`. Bankei respondió: `Sólo uno: cuando tengo hambre, como y cuando tengo sed, bebo`, El milagro único, el milagro imposible, es simplemente ser común. El anhelo de la mente es ser extraordinaria. El ego ansía reconocimiento. Y éste es un milagro cuando aceptas tu nadiedad, cuando puedes ser simplemente tan común como cualquier otra persona, cuando no pides reconocimiento, cuando puedes existir como si no estuvieras existiendo. El poder nunca es espiritual. La gente que hace milagros no es espiritual en ningún sentido, sólo está difundiendo la magia en nombre de la religión, lo cual es muy peligroso. Tu mente dirá: `¿Qué tipo de milagro es éste, cuando estoy hambriento, como; cuando estoy somnoliento, duermo`. Cuando no tienes hambre, cuando el estómago está lleno, la mente dice: `Sigue comiendo, la comida es deliciosa`. Tu mente interfiere. Bankei está diciendo: `Fluyo con la naturaleza. Cualquier cosa que sienta todo mi ser, la hago. No existe ninguna mente fragmentaria que lo manipula`. Yo también conozco sólo un milagro: dejar que la naturaleza siga su curso, permitírselo. Raices y Alas pp. 212-221

El científico

Érase una vez un científico que descubrió el arte de reproducirse a sí mismo tan perfectamente que resultaba imposible distinguir el original de la reproducción. Un día se enteró de que andaba buscándole el Ángel de la Muerte, y entonces hizo doce copias de sí mismo. El Ángel no sabía cómo averiguar cuál de los trece ejemplares que tenía ante sí era el científico, de modo que los dejó a todos en paz. Pero no por mucho tiempo, porque como era un experto en la naturaleza humana se le ocurrió una ingeniosa estratagema. Regresó de nuevo y dijo: -Debe de ser usted un genio, señor, para haber logrado tan perfectas reproducciones de sí mismo, sin embargo, he descubierto que su obra tiene un defecto, un único y minúsculo defecto. El científico pegó un salto y gritó: -¡Imposible! ¿Dónde está el defecto? -Justamente aquí -respondió el ángel mientras tomaba al científico de entre sus reproducciones y se lo llevaba consigo. Todo lo que hace falta para descubrir al ‘ego’ es una palabra de adulación o de crítica.

El reflejo de la vida

Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada de un pueblo. Un día pasó un joven se acercó y le preguntó lo siguiente: -Nunca he venido por estos lugares, ¿cómo son la gente de esta ciudad? El anciano le respondió con otra pregunta: -¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes? -Egoístas y malvados, por eso estoy contento de haber salido de allá. -Así son los habitantes de esta ciudad, -le respondió el anciano. Un poco después, pasó otro joven, se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: -Voy llegando a este lugar, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad? El anciano le respondió de nuevo con la misma pregunta: -¿Cómo son los habitantes de la ciudad de donde vienes? -Eran buenos y generosos, hospitalarios, honestos y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos. -También los habitantes de esta ciudad son así, -respondió el anciano. Un hombre que había llevado sus animales a beber agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano: -¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta realizadas por dos personas? -Mira -respondió el anciano-, cada persona lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, también aquí encontrará amigos fieles y leales. Porque las personas son lo que encuentran en sí misma, encuentran siempre lo que esperan encontrar.

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