BAYAZID QUEBRANTA LA NORMA

Bayazid, el santo musulmán, actuaba a veces deliberadamente en contra de las formas y ritos externos del Islam. Sucedió una vez que, volviendo de La Meca, se detuvo en la ciudad iraní de Rey. Los ciudadanos, que le veneraban, acudieron en tropel a darle la bienvenida y ocasionaron un gran revuelo en toda la ciudad. Bayazid, que estaba harto de tanta adulación, aguantó hasta llegar ala plaza del mercado. Una vez allí, compró una hogaza de pan y se puso a comerla a la vista de sus enfervorizados seguidores. Era un día de ayuno del mes de Ramadán, pero Bayazid consideró que su viaje justificaba plenamente la ruptura de la ley religiosa.

Pero no pensaban igual sus seguidores, que de tal modo se escandalizaron de su conducta que inmediatamente le abandonaron y se fueron a sus casas. Bayazid le dijo con satisfacción a uno de sus discípulos: «Fíjate cómo, en el momento en que he hecho algo contrario a lo que esperaban de mí, ha desaparecido la veneración que me profesaban».

La vida es una obra de teatro

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos…

Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida…

…antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

¡Hey, hey, sonríe! más no te escondas detrás de esa sonrisa…

Muestra aquello que eres, sin miedo…

Existen personas que sueñan con tu sonrisa,  así como yo.

¡Vive! ¡Intenta!

La vida no pasa de una tentativa.

¡Ama!

Ama por encima de todo, ama a todo y a todos…

No cierres los ojos a la suciedad del mundo, no ignores el hambre

Olvida la bomba, pero antes haz algo para combatirla, aunque no te sientas capaz.

¡Busca! Busca lo que hay de bueno en todo y todos.

No hagas de los defectos una distancia, y si, una aproximación.

¡Acepta! La vida, las personas, haz de ellas tu razón de vivir.

Entiende! Entiende a las personas que piensan diferente a ti, no las repruebes…

Eh! Mira…

Mira a tu espalda, cuantos amigos…

¿Ya hiciste a alguien feliz hoy?¿O hiciste sufrir a alguien con tu egoísmo?

¡Eh! No corras…¿Para que tanta prisa?
Corre apenas dentro tuyo.

¡Sueña!

Pero no perjudiques a nadie y no transformes tu sueño en fuga.

¡Cree! ¡Espera! Siempre habrá una salida, siempre brillará una estrella.

Llora! ¡Lucha! Haz aquello que te gusta…

siente lo que hay dentro de ti.

Oye…Escucha lo que las otras personas tienen que decir, es importante.

Sube…

Haz de los obstáculos escalones…

para aquello que quieres alcanzar.

Mas no te olvides de aquellos que no consiguieron subir en la escalera de la vida.

Descubre! descubre aquello que es bueno dentro tuyo…

Procura por encima de todo ser gente, yo también voy a intentar.

¡Hey! Tú…ahora ve en paz.

Yo preciso decirte que… TE ADORO, simplemente porque existes…

Charles Spencer Chaplin Jr., KBE (Londres, 16 de abril de 1889 – Corsier-sur-Vevey, 25 de diciembre de 1977)

El pescador satisfecho

El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.
¿Por qué no has salido a pescar?», le preguntó el industrial.
«Porque ya he pescado bastante por hoy», respondió el pescador.
«¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?», insistió el industrial. «¿Y qué iba a hacer con ello?», preguntó a su vez el pescador.

«Ganarías más dinero», fue la respuesta. «De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo».
«¿Y qué haría entonces?», preguntó ‘    de nuevo el pescador.
«Podrías sentarte y disfrutar de la vida», respondió el industrial.
«¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?», respondió el satisfecho pescador.

Es bueno tener metas altas y luchar por ellas pero no pierdas el camino de vista y disfruta del paisaje.

Los siete tarros de oro

Al pasar un barbero bajo un árbol embrujado, oyó una voz que le decía: «¿Te gustaría tener los siete tarros de oro?». El barbero miró en torno suyo y no vio a nadie. Pero su codicia se había despertado y respondió anhelante: «Sí, me gustaría mucho». «Entonces ve a tu casa en seguida», dijo la voz, «y allí los encontrarás».
El barbero fue corriendo a su casa. Y en efecto: allí estaban los siete tarros, todos ellos llenos de oro, excepto uno que sólo estaba medio lleno. Entonces el barbero no pudo soportar la idea de que un tarro no estuviera lleno del todo. Sintió un violento deseo de llenarlo; de lo contrario, no sería feliz.

Fundió todas las joyas de la familia en monedas de oro y las echó en el tarro. Pero éste seguía igual que antes: medio lleno. ¡Aquello le exasperó! Se puso a ahorrar y a economizar como un loco, hasta el punto de hacer pasar hambre a su familia. Todo inútil. Por mucho oro que introdujera en el tarro, éste seguía estando medio lleno.
De modo que un día pidió al Rey que le aumentara su sueldo. El sueldo le fue doblado y reanudó su lucha por llenar el tarro. Incluso llegó a mendigar. Y el tarro engullía cada moneda de oro que en él se introducía, pero seguía estando obstinadamente a medio llenar.
El Rey cayó en la cuenta del miserable y famélico aspecto del barbero. Y le preguntó: «¿Qué es lo que te ocurre? Cuando tu sueldo era menor, parecías tan feliz y satisfecho.
Y ahora que te ha sido doblado el sueldo, estás destrozado y abatido. ¿No será que tienes en tu poder los siete tarros de oro?». El barbero quedó estupefacto: «¿Quién os lo ha contado, Majestad?», preguntó.
El Rey se rió. «Es que es obvio que tienes los síntomas de la persona a quien el fantasma ha ofrecido los siete tarros.
Una vez me los ofreció a mí y yo le pregunté si el oro podía ser gastado o era únicamente para ser, atesorado; y él se esfumó sin decir una palabra. Aquel oro no podía ser gastado. Lo único que ocasiona es el vehemente impulso de amontonar cada vez más. Anda, ve y devuélveselo al fantasma ahora mismo y volverás a ser feliz».

En ocasiones la avaricia, las metas o simplemente la forma en la cual nos educan nos enruta a realizar actos que muchas veces no queremos; cuantas veces por “un mejor futuro” dejas de disfrutar tu presente, con esto no quiero decir que te conformes simplemente acepta lo que tienes, disfrútalo y no te sientas mal por lo que no tienes.

Feliz año 2008 con esto empieza generadordeideas.com gracias por seguir aquí

Mensaje de año nuevo 2008

Otro año a terminado y otro comienza con nuevas oportunidades, miles de razones para seguir y disfrutar de todo lo que nos rodea; miles de pupilas donde vernos y sentirnos vivos; miles de sonrisas sinceras y carcajadas tempraneras; mas de trescientos amaneceres y ocasos por disfrutar; pero solo una vida y unos cuantos compañeros para compartir; ¿qué esperas para salir, disfrutar, reír, llorar, amar, crecer, simplemente vivir, dormir y soñar?, Hoy empiezas a darle otra vuelta más al sol disfruta el tiempo y se feliz que para eso estas aquí…

David Miranda

Piensa, crea, genera…

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Parábola de la vida moderna

Los animales se reunieron en asamblea y comenzaron a quejarse de que los humanos no hacían-. más que quitarles cosas. «Se llevan mi leche», dijo la vaca. «Se llevan mis huevos», dijo la gallina. «Se llevan mi carne y mi tocino», dijo el cerdo. «Me persiguen para llevarse mi grasa», dijo la ballena.

Y así sucesivamente.
Por fin habló el caracol: «Yo tengo algo que les gustaría tener más que cualquier otra cosa. Algo que ciertamente me arrebatarían si pudieran: TIEMPO».

Tienes todo el tiempo del mundo. Sólo hace falta que quieras tomártelo. ¿Qué te detiene?

Hofetz Chaim

En el siglo pasado, un turista de los Estados Unidos visitó al famoso rabino polaco Hofetz Chaim.
Y se quedó asombrado al ver que la casa del rabino consistía sencillamente
en una habitación atestada de libros. El único mobiliario lo constituían una mesa y una banqueta.
«Rabino, ¿dónde están tus muebles?» preguntó el turista.

«¿Dónde están los tuyos?», replicó Hofetz.
«¿Los míos? Pero si yo sólo soy un visitante… Estoy aquí de paso… », dijo el americano.
«Lo mismo que yo», dijo el rabino.

Cuando alguien comienza a vivir más y más profundamente, vive también más sencillamente.
Por desgracia, la vida sencilla no siempre conlleva profundidad.

El cielo y el cuevo

Un cuento del Bhagawat Purana:

Una vez volaba un cuervo por el cielo llevando en su pico un trozo de carne. Otros veinte cuervos se pusieron a perseguirle y le atacaron sin piedad. El cuervo tuvo que acabar por soltar su presa. Entonces, los que le perseguían le dejaron en paz y corrieron, graznando, en pos del trozo de carne.
Y se dijo el cuervo:

¡Quién pudiera robar la luna!

El maestro Zen, Ryokan, llevaba una vida sencillísima en una pequeña cabaña al pie de la montaña. Una noche, estando fuera el maestro, irrumpió un ladrón en la cabaña y se llevó un chasco al descubrir que no había allí nada que robar.
Cuando regresó Ryokan, sorprendió al ladrón. «Te has tomado muchas molestias para visitarme», le dijo al ratero.

«No deberías marcharte con las manos vacías. Por favor, llévate como regalo mis vestidos y mi manta».
Completamente desconcertado, el ladrón tomó las ropas y se largó.
Ryokan se sentó desnudo y se puso a mirar la luna. «Pobre hombre», pensó para sí mismo, «me habría gustado poder regalarle la maravillosa lux de la luna».

El coco

Desde lo alto de un cocotero, un mono arrojó un coco sobre la cabeza de un sufí. El hombre lo recogió, bebió el dulce jugo, comió la pulpa y se hizo una escudilla con la cáscara.

Gracias por criticarme.