El gran dictador – Charles Chaplin (algo para pensar en tiempo de elecciones)

El gran dictador – Charles Chaplin (algo para pensar en tiempo de elecciones)

«Lo lamento, pero yo no quiero ser un emperador, ése no es mi negocio, no quiero gobernar o conquistar a alguien. Me gustaría ayudar a todos si fuera posible: a los judíos y a los gentiles, a los negros y a los blancos. Todos deberíamos querer ayudarnos, así son los seres humanos. Queremos vivir con la felicidad del otro, no con su angustia. No queremos odiarnos y despreciarnos. En este mundo hay sitio para todos, y la tierra es rica y puede proveer a todos. El camino de la vida podría ser libre y hermoso…»

Discurso final del barbero hebreo/Chaplin en El gran dictador (1940)
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LA PINTURA DE LOS DOS ÁNGELES

LA PINTURA DE LOS DOS ÁNGELES
En el año 1476, dos hombres conversan en el interior de una iglesia medieval. Se detienen durante unos minutos delante de un cuadro que muestra dos ángeles, de la mano, descendiendo en dirección a una ciudad.
– Estamos viviendo el terror de la peste bubónica -comenta uno de ellos. -Muchas personas están muriendo; no deseo ver imágenes de ángeles.

– Esta pintura tiene que ver con la Peste -dice el otro. -Es una representación de la Leyenda Áurea. El ángel vestido de rojo es Lucifer, el Maligno. Mira como sostiene, junto al cinturón, una pequeña bolsa: allí dentro lleva la epidemia que está devastando nuestras vidas y las vidas de nuestras familias.
El hombre mira la pintura con cuidado. Realmente, Lucifer cargaba un pequeño saquito; sin embargo, el ángel que lo conducía tenía una apariencia serena, pacífica, iluminada.

– Si Lucifer trae la Peste, quién es esto otro que lo lleva de la mano?
Este es el ángel del Señor, el mensajero del Bien. Sin su permiso, el Mal jamás podría manifestarse.
Pero ¿qué esta haciendo, entonces? Muestra el lugar donde los hombres deben ser purificados a través de una tragedia.

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LA MANERA DE AGRADAR AL SEÑOR

LA MANERA DE AGRADAR AL SEÑOR

Cierto novicio se acercó al abad Macario y le pidió consejo sobre la mejor manera de agradar al Señor.
– Vé hasta el cementerio e insulta a los muertos -le dijo Macario.
El hermano hizo lo que se le ordenó. Al día siguiente, volvió a visitar a Macario.
– ¿Y ellos te respondieron? -preguntó el abad.

El novicio le contestó que no.

-Entonces vuelve allí, y elógialos.

El novicio obedeció. Esa misma tarde, volvió con el abad, que nuevamente quiso saber si los muertos le habían respondido.

– No – dijo el novicio.

Para agradar al Señor, compórtate de la misma manera -le indicó Macario. – No hagas caso del desprecio de los hombres, ni de sus elogios; de esta manera, podrás construir tu propio camino.

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Todos dicen te quiero – Tontxu

Todos dicen te quiero – Tontxu

Todos dicen te quiero,
no te vayas nunca,
te prometo el cielo.

Todos dicen palabras
y aquellas palabras
se las lleva el viento.

Mientras tanto destiñe el color
de tu príncipe azul en los besos,
de los hombres que pasan,
de la sombra que dejan
y de lo que se llevan.

Nadie dijo te quiero
pensando primero
que no eras un juego.

Nadie dijo palabras,
pequeñas palabras
que salen de dentro.

Mientras tanto destiñe el color
de tu príncipe azul en los besos,
de los hombres que pasan,
de la sombra que dejan
y de lo que se llevan.

Todos dicen te quiero,
no te vayas nunca,
te prometo el cielo.

Todos dicen te quiero,
no te vayas nunca,
te prometo el cielo.

Todos dicen te quiero,
no te vayas nunca,
te prometo el cielo.

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EL LENGUAJE DEL ASNO

EL LENGUAJE DEL ASNO
El sabio Saadi de Xiras caminaba por una calle con su discípulo, cuando vió a un hombre tratando de hacer que su asno se moviera.
Como el animal se rehusaba a moverse de ese lugar, el hombre comenzó a insultarlo con las peores palabras que conocía.

* No seas tonto -le dijo Xiras. -El burro jamás entenderá tu lenguaje. Lo mejor será que te calmes y aprendas el lenguaje de él.
Y apartándose, le comentó a su discípulo:
* Para pelearse con un burro, hay que ser tan burro como él.

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LA LEY Y LAS FRUTAS

LA LEY Y LAS FRUTAS

En el desierto, las frutas eran raras. Dios llamó a uno de sus profetas y le dijo:

Cada persona puede comer una sola fruta por día.

La costumbre fue obedecida por generaciones, y la ecología del lugar se preservó. Como las frutas que sobraban daban simiente, otros árboles nacieron. En corto tiempo, toda la región se transformó en un suelo fértil, envidiado por las otras ciudades.

El pueblo, sin embargo, continuaba comiendo una fruta por día, fiel a la recomendación que a un antiguo profeta le habían transmitido sus ancestros. Más aún, no dejaban que los habitantes de otras aldeas aprovecharan las abundantes cosechas que se daban todos los años.

El resultado era uno: la fruta quedaba podrida en el suelo.

Dios llamó a un nuevo profeta y le dijo:

Deja que coman toda la fruta que quieran. Y haz que compartan las cosechas con sus vecinos.

El profeta volvió a la ciudad con el nuevo mensaje. Pero terminó siendo apedreado, puesto que la costumbre había arraigado en el corazón y la mente de cada uno de los habitantes.
Con el tiempo, los jóvenes de la aldea comenzaron a cuestionar esa costumbre bárbara. Pero como la tradición de los más viejos era intocable, resolvieron apartarse de la religión. Así podían comer cuanta fruta quisieran y dar la que sobraba a los que necesitaban alimentos.
En la iglesia del lugar sólo quedaron los que se consideraban santos. Aunque, la verdad, no eran más que personas incapaces de percibir que el mundo se transforma y que debemos transformarnos con él.

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LA VENTANA Y EL ESPEJO

LA VENTANA Y EL ESPEJO

Un joven muy rico fue a ver a un rabino y le pidió consejo para orientar su vida. Este lo condujo hacia la ventana y le preguntó:

* ¿Qué ves a través de los vidrios?
* Veo hombres que van y vienen, y un ciego que pide limosna en la calle.

Entonces el rabino le mostró un gran espejo y nuevamente lo interrogó:

* Mira este espejo y dime ahora qué ves.
* Me veo a mí mismo.
* ¡Y ya no ves a los otros! Repara en que la ventana y el espejo están hechos ambos de la misma materia prima, el vidrio: pero en el espejo, porque tiene una fina lámina de plata pegada al vidrio, no ves más que tu persona. Debes compararte a estas dos especies de vidrio. Pobre, veías a los otros y sentías compasión por ellos. Cubierto de plata -rico-, apenas te ves a tí mismo. Sólo valdrás algo cuando tengas el coraje de arrancar el revestimiento de plata que te cubre los ojos y puedas nuevamente ver y amar a los demás.

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LA HERMANA MAYOR PREGUNTA

LA HERMANA MAYOR PREGUNTA

Cuando su hermano nació, Sa-chi Gabriel le insistía a los padres que la dejaran sola con el bebé. Temiendo que, como muchas criaturas de cuatro años, estuviera celosa y quisiera hacerle algún daño, ellos no la dejaron.

Pero Sa-chi no daba muestras de celos. Y como siempre trataba al bebé con cariño, los padres decidieron hacer una prueba. Dejaron a Sa-chi con el recién nacido, y se quedaron observando su comportamiento por la puerta entreabierta.

Encantada al ver su deseo satisfecho, la pequeña Sa-chi se aproximó a la cuna en puntas de pie, se inclinó sobre el bebé y le dijo:

-¡Díme cómo es Dios! ¡Yo ya me estoy olvidando!

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