Un conflicto crea otro conflicto – OSHO

Un conflicto crea otro conflicto
«Si entiendes, los conflictos naturalmente desaparecen, empiezan a desaparecer. Algunas veces te descubrirás nuevamente en el viejo patrón, y entonces te reirás. Si te puedes reír a la mitad de una pelea, la pelea no está más ahí… está ya muerta.

La pelea necesita una mente muy inconsciente. Si estás un poquito consciente, no puedes pelear, porque todo parece ser absurdo, destructivo, no le ayuda a nadie de ninguna manera. Y con ello no sólo estás destruyendo al otro, te estás destruyendo a ti mismo y continúas destruyendo todas las posibilidades de una relación feliz, armoniosa. Es muy fácil enojarse y pelear, pero es muy difícil arrojar ese veneno del sistema, porque genera veneno. Ese veneno persiste. Cada pelea tiene una resaca, y la resaca creará de nuevo alguna situación en la que empieces a pelear otra vez. Así que la pelea genera pelea; un conflicto crea otro conflicto. Ellos son muy muy reproductivos. No creen en ningún control natal.

La conciencia, el despertar no tiene hijos. Es suficiente en sí mismo. Pero la inconsciencia crea muchos hijos. Así que sólo recuerda más y más… sólo atrápate con las manos en la masa. Y entonces no te sientas avergonzado, no te sientas tímido. Arrójalo inmediatamete ahí en ese momento. Incluso si estás a la mitad de un enunciado, para ahí en ese momento y dáte una buena risotada.

La risa es muy medicinal. No hay nada como la risa… es muy terapéutica. Si la gente puede reír más, el mundo será ciertamente mejor. Y si la gente puede reír en situaciones donde la risa no viene fácilmente, el mundo puede llegar a ser tremendamente diferente… un mundo muy feliz ciertamente.

Así que intenta. Está funcionando muy bien, pero permanence alerta».

Osho, Be Realistic: Plan for a Miracle

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Dos jóvenes en la india

Cuentan que hace muchos años había en la India dos jóvenes que eran grandes amigos. Trabajaban en una pequeña aldea y decidieron ir a pasar unos días a la ciudad. Cuando llegaron a ella, comenzaron a caminar por las calles populosas, llenas de actividad y gentes bulliciosas. Y así fue que llegaron a una gran calle donde se encontraba un conocido burdel que estaba frente a la casa de un hombre santo muy famoso. Uno de los amigos decidió pasar unas horas en el burdel, bebiendo y disfrutando de las bellas prostitutas, en tanto que el otro optó por pasar ese tiempo en el santuario, escuchando al maestro que hablaba sobre la conquista interior. Cuando había pasado un buen rato:
El joven que estaba en el burdel comenzó a lamentar no estar escuchando al maestro en el santuario, en tanto que el otro amigo, por el contrario, en lugar de estar atento a las enseñanzas que estaba oyendo, estaba fantaseando con los placeres del burdel y reprochándose a sí mismo lo necio que había sido por no elegir la diversión. De este modo, el hombre que estaba en el burdel obtuvo los mismos méritos que si hubiera estado en el santuario, y el que estaba en el santuario acumuló tantos deméritos como si hubiera estado en el burdel. Mientras tanto el maestro seguía hablando del valor de vivir el momento presente con todo el ser y el corazón y decía: -No basta con estar físicamente presente, ni con hacer los gestos o decir las palabras de forma mecánica. Precediendo a los actos, está la actitud interior, la conciencia del acto y sus consecuencias. En la actitud interior, en la conciencia del acto se encierra su auténtico valor. Pero el discípulo, perdido en sus fantasías, no lo escuchaba.

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