El amor provoca el deseo de estar solo – OSHO

El amor provoca el deseo de estar solo
«El hombre mundano sólo conoce una parte de la polaridad; de ahí su desdicha. Sólo conoce el calor; no conoce la balsámica frescura de ser un Buda. Y el monje sólo conoce la frialdad, no conoce la euforia, el éxtasis, la emoción, la inmensa celebración de vivir en una ardiente pasión….

Bajo mi punto de vista, no hay necesidad de elegir. Deja de elegir y verás el juego de las polaridades. Ambos extremos del espectro son tuyos, y ambos tienen que ser vividos. Sí, tienes que volverte profunda, intensa, auténticamente apasionado, pero también tienes que volverte frío, silencioso, tranquilo. Tienes que amar y también tienes que meditar. La meditación y el amor no deberían estar separados, deberían estar juntos, como los valles y las montañas. La montaña tiene su belleza, sus cumbres soleadas y su nieve virgen….; y la pureza de su aire, su cercanía a las estrellas…. parece como si pudieras susurrarles al oído. Pero el valle también tiene su belleza, su oscuridad y su textura aterciopelada, su oscuridad y su inmensidad, su oscuridad y su misterio, la sombra de los árboles, el murmullo de las corrientes de agua. Ambas cosas son hermosas….

La vida existe en polos opuestos, y es una forma maravillosa. Si amas, para tu sorpresa, del amor pronto surgirá un gran deseo de estar solo. Todos los amantes lo sienten. Si no lo has sentido es porque no has amado, porque tu amor ha sido tibio; no ha sido realmente apasionado. Si lo hubiera sido, habría surgido un gran deseo de estar solo, de tener tu propio espacio, de ir hacia adentro, de caer, de desaparecer hacia dentro, porque el amor, cuando es tan apasionado, te cansa, te agota, te vacía. Y vaciarse es maravilloso, pero luego empiezas a sentir que necesitas nutrirte.

¿Y dónde obtendrás ese alimento? Simplemente, yendo hacia dentro, escapándote hacia tu interior, cerrando los ojos al mundo y olvidándote por completo de los demás. En esos momentos de interioridad tu energía se recarga, vuelves a sentirte lleno de nuevo. Luego, estás demasiado lleno, y de ese exceso, surge el desbordamiento; entonces tienes que encontrar a alguien que esté dispuesto a compartir tu energía, a compartir tu canción, a bailar contigo. De esa soledad, surge un gran deseo de estar con alguien. Ese es el ritmo….

Esta es una de las verdades que todo el mundo tiene que aprender. Los amantes no lo saben, así que cuando quieren estar solos, se sienten culpables. Cuando una de las dos personas quiere estar sola, la otra se siente rechazada. Es un gran malentendido….

Cuando le dices a tu amante o a tu amado: «Quiero estar solo unos días, me gustaría pasar unas semanas solo en el campo», no puede entenderlo, porque nadie le ha explicado el hecho fundamental de que el amor provoca el deseo de estar solo….

Acepta la vida en su totalidad. Tanto la pasión fogosa como la refrescante compasión son buenas. Deja que ambas sean tus dos alas; no te cortes un ala, porque entonces nunca podrás emprender el vuelo eterno, el vuelo del solitario al solitario….

Observa tus propias experiencias y te darás cuenta de que lo que estoy diciendo es cierto, porque lo que estoy diciendo no son ideologías, son hechos».

Osho, Bienestar emocional

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CÓMO TEMPLAR EL ACERO

CÓMO TEMPLAR EL ACERO
Lynell Waterman cuenta la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios. Durante muchos años trabajó con ahínco, practicó la caridad, pero -a pesar de toda su dedicación, nada parecía andar bien en su vida.
Muy por el contrario: sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día.
Una hermosa tarde, un amigo que lo visitaba -y que sentía compasión por su situación difícil- le comentó:

Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fé, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado.
El herrero no respondió enseguida: él ya había pensado en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida. Sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar -y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:
En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú como se hace ésto? Primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone roja. En seguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada. Luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido del vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta: una sola vez no es suficiente.»
El herrero hizo una larga pausa, encendió un cigarrillo y siguió:
A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada.
Y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de fierro viejo que ves a la entrada de mi herrería.»

Hizo otra pausa más, y el herrero terminó:
– Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío en insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es: «Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras -pero nunca me pongas en la montaña de fierro viejo de las almas.»

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AMOR «Salvador Novo» (1904-1975)

Amar es este tímido silencio
cerca de ti, sin que lo sepas,
y recordar tu voz cuando te marchas
y sentir el calor de tu saludo.
Amar es aguardarte
como si fueras parte del ocaso,
ni antes ni después, para que estemos solos
entre los juegos y los cuentos
sobre la tierra seca.

Amar es percibir, cuando te ausentas,
tu perfume en el aire que respiro,
y contemplar la estrella en que te alejas
cuando cierro la puerta de la noche.

Espejo, 1933

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