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Todos somos elefantes

Alguna vez escuche (Jorge Bucay . déjame que te cuente)un recuerdo de su infancia donde se preguntaba porque los elefantes del circo siendo tan poderosos como para arrancar arboles de un solo tajo los mantenían atados con una pequeña estaca siendo él cómo menciona tan solo un niño aun confiaba en la inteligencia de los adultos y les preguntaba los que se aventuraron a contestarle simplemente le decían:
“Lo que pasa es que no se escapa porque esta amaestrado”
Esa respuesta lo dejo conforme por un rato mas sin embargo seguía buscando alguna respuesta que lo dejara conforme mientras encontraba por el camino gente que se hacia la misma pregunta pero no sabían la respuesta, hasta un día que escucho alguien que decía que los elefantes no se escapan porque desde pequeños han estado atados a una estaca igual, entonces imagino al pequeño elefante luchando para liberarse de esa pequeña estaca en ese entonces grande para él, y lucho hasta el cansancio lo imagino desfallecer tratando de liberarse de ella hasta un fatídico día que se resigno que no podía. Y así ese gran elefante que vemos en el circo no escapa no porque no pueda sino que se dio por vencido hace mucho pensando que esa pequeña estaca es demasiado para él, ¿Y tú cuales estacas tienes?
¿Cuántas veces has pensado que no puedes tan solo por que alguna vez no pudiste?
¿Que te detiene ahora para poder hacer algo?

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¿Qué es el generadordeideas?

El generadordeideas es un espacio abierto para todo aquel que le guste leer, pensar, compartir y opinar.

En él se presentan ideas, pensamientos, poemas y demás; con el único fin de crear una nueva perspectiva de la realidad, al entrar aquí eres libre de compartir y opinar lo que quieras, siempre y cuando sea con respeto a los demás.

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Dignidad…

LA DIGNIDAD…

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y
adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus
maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los
obsequios para conquistar a tan especial criatura.


Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más
riqueza que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar,
dijo: Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no
tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor.
Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y
sin más ropas que las que llevo puestas. Esa es mi dote…"
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: Tendrás
tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás". Así pasaron las horas y
los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y
las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su
amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un
momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la
esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa,
aprobaba la faena.
Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a
planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la
zona habían salido a animar al próximo monarca.
Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora
para *****plirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la
perplejidad de la joven princesa, se levantó y sin dar explicación alguna,
se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño
lo alcanzó y le preguntó:
– ¿Qué fue lo que te ocurrió? … Estabas a un paso de lograr la meta…
¿Por qué perdiste esa oportunidad?… ¿Por qué te retiraste?…

Con profunda consternación y algunas lagrimas mal disimuladas, contestó en
voz baja: "Si ella no me ahorró un día de sufrimiento…
Ni siquiera una hora, es porque no merecía mi amor".

¡El sentirse merecedor no siempre es egolatría sino dignidad!.
Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos
compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y desnudamos
el alma hasta él ultimo rincón, cuando perdemos la vergüenza, cuando los
secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión.
Que se menosprecie, ignore, olvide o desconozca fríamente el amor que
regalamos a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos,
desinterés o ligereza. Cuando amamos a alguien que además de no
correspondernos desprecia nuestro amor y nos hiere, estamos en el lugar
equivocado.
Esa persona no se hace merecedora del afecto que le prodigamos. Nadie se
quedara tratando de agradar y disculpándose por no ser como a otros les
gustaría que fuera.
En cualquier relación de pareja o de cualquier otro tipo que tengas, no te
merece quien no te ame, y menos aun, quien te lastime. Y si alguien te hiere
reiteradamente sin "mala intención", puede que te merezca pero no te
conviene. Retirarse a tiempo con la satisfacción de haber dado lo mejor de
nosotros mismos es… ¡DIGNIDAD!.