Un padre ya anciano reprendía al borracho de su hijo ya que volvía todas las noches ebrio a su casa. Este prometió enmendarse y beber menos. Esa misma noche, como el hijo no volvía, el padre fue en su búsqueda. Lo encontró medio ahogado, aferrado al pilar del puente que separaba la taberna de la casa. -¿Por qué estás en este estado -preguntó el padre-, precisamente el día que me has prometido beber menos? El hijo respondió: -En efecto he bebido menos y he aquí el resultado. Habitualmente bebo tres vasos de sake y cada noche al volver, veo tres puentes; siempre tomo el del medio y todo va bien. Esta noche solo he bebido dos vasos y he visto dos puentes; al no saber que hacer, he tomado al azar el de la izquierda y he caído en el agua. El padre le dijo: -¡Venga, volvamos! El hijo respondió: -¡Oh, no!, ¡aún no! Déjame ir a beber mi tercer vaso de sake y todo irá mejor. Dicho y hecho. El hijo volvió sano y salvo a la casa por la vía natural.

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