El romántico

Manuel Gutiérrez Nájera un poeta mexicano es quien orgullosamente lleva el estandarte del movimiento romántico en México, desgraciadamente como varios de su generación falleció joven. Quiero morir cuando decline el día, en alta mar y con la cara al cielo, donde parezca sueño la agonía y el alma un ave que remonta el vuelo. No escuchar en los últimos instantes, ya con el cielo y con el mar a solas, más voces ni plegarias sollozantes que el majestuoso tumbo de las olas. Morir cuando la luz retira sus áureas redes de la onda verde, y ser como ese sol que lento expira; algo muy luminoso que se pierde. Morir, y joven; antes que destruya el tiempo aleve la gentil corona, cuando la vida dice aún: «Soy tuya», aunque sepamos bien que nos traiciona. Los artistas mueren jóvenes, muchos de ellos, pero no es una regla, los talentos deben desarrollarse con tiempo, no renunciar a ellos tempranamente. Aunque gracias a sus obras podemos conocer más de ellos. ¡Enjoy!

Aqui y ahora OSHO (fragmento)

Aqui y ahora(Fragmento)- OSHO El Buda ha dicho que el encuentro con lo que nos agrada nos produce alegría, y que la despedida de lo que no nos agrada también produce alegría; que la despedida del ser querido que amamos nos produce dolor, y que el encuentro con el ser no querido también nos produce dolor. Así se creía y así se entendía. Pero más tarde llegamos a comprender que aquel al que llamamos ser querido puede convertirse en el ser no querido, y que aquel al que considerábamos el ser no querido puede convertirse en el ser querido. Así, con la evocación de los recuerdos pasados, las situaciones existentes cambiarán radicalmente; se verán desde un punto de vista completamente diferente. Estas evocaciones son posibles, aunque no son ni necesarias ni inevitables; y en algunas ocasiones estos recuerdos también pueden aparecer de improviso cuando practicamos la meditación. Si los recuerdos de las vidas pasadas llegan a presentarse de pronto (sin estar practicando ningún experimento; simplemente, en vuestra meditación normal), no os intereséis demasiado por ellos. Limitaos a mirarlos, a ser testigo de ellos; pues, normalmente, la mente es incapaz de soportar de pronto una turbulencia tan grande. SI uno intenta aguantarla, corre el claro peligro de volverse loco.

Sólo las personas que son capaces de estar solas son capaces de ama

Sólo las personas que son capaces de estar solas son capaces de amar “Sólo las personas que son capaces de estar solas son capaces de amar, de compartir, de ir al más profundo centro de otra persona –sin poseerla, sin volverse dependiente del ella, sin crear a ese “otro” reduciéndolo a una cosa y sin volverse adicto al otro. Ellos dan al otro absoluta libertad, porque saben que si el otro se va, ellos estarán tan felices como lo están ahora. Su felicidad no puede ser arrebatada por el otro, porque no es dada por el otro”. Osho

“Algunas de las cosas que aprendí en la vida:

“Algunas de las cosas que aprendí en la vida: * Que sin importar lo buena que sea una persona, ella te va a herir de vez en cuando, y tú habrás de perdonarla. * Que lleva años ganar la confianza de alguien, y unos pocos segundos destruirla. * Que no tendremos que cambiar de amigos si comprendemos que los amigos cambian. * Que las circunstancias y el ambiente tienen influencia sobre nosotros, pero que nosotros somos responsables de nosotros mismos. * Que o tú controlas tus actos, o ellos te controlan a tí. * Aprendí que héroes son aquellas personas que hacen lo que tienen que hacer, y saben enfrentar las consecuencias. * Que la paciencia requiere de mucha práctica. * Que existen personas que nos aman, pero que sencillamente no saben cómo demostrarlo. * Que algunas veces la persona que crees te va a dar el golpe de gracia cuando estés caído, será una de las pocas que te ayuden a ponerte de pie. * Que sólo porque una persona no te ama como tú quieres, no significa que no te ama lo mejor que puede. * Que nunca se debe decir a un niño que los sueños son tonterías: sería una tragedia que creyeran tal cosa. * Que no siempre basta con que otros nos perdonen. La mayoría de las veces tenemos que perdonarnos a nosotros mismos. * Que no importa en cuántos pedazos se nos haya roto el corazón; el mundo no se detiene a esperar que lo compongamos.”

El ladron de voces – Alejandro Jodorowsky

El ladron de voces – Alejandro Jodorowsky Después de que los policías se llevaron a su hombre, con la consigna de hacerlo desaparecer para siempre, mi madre perdió, junto con la alegría de vivir, la voz. Como un pájaro mudo se paseaba de una pieza a la otra sin querer salir a la calle. Yo, a los ocho años, tenía uno de esos poderes mágicos que los niños guardan como riguroso secreto entre ellos. Mediante una esponja de mar, que aplicaba en la boca de los adultos dormidos, podía robarles la voz. Salí en el momento más oscuro de la noche y me introduje por la ventana en una casa de donde emergían profundos ronquidos. Era una muchacha obrera que, junto al montón de uniformes caquis que había tenido que coser, respiraba con la boca abierta, convertida en piedra. Le introduje la esponja en la boca y le extraje la voz. Cayó en mis manos un pajarillo invisible aleteando angustiado como si añorara un nido protector. Lo encerré en mi caja para galletas y corrí hacia mi madre. Por suerte ella también dormía con la boca abierta. Estrujé la esponja en su garganta y el pajarillo, con frenesí desesperado, se pegó en sus cuerdas vocales. Cuando mi madre despertó, una voz tan aguda que rompió un vaso de vidrio, se escurrió como un hilo metálico de sus labios. “¡No quiero vivir, no, no quiero!” Esa frase se repitió incesante, por más que ella se tapó la boca para impedir su paso. Estallaron los otros vasos, los vidrios de la ventana, un florero, los focos de treinta watts y el único espejo, pequeñísimo, que mi madre conservaba en un rincón del baño. Esperé a que se durmiera, se la extraje y corrí a devolver el avecilla deprimente. En la estación de trenes vi tendido en un banco, abatido por la borrachera, cubierto por papeles de diario que celebraban un triunfo militar contra los anarquistas, a un ferrocarrilero cesante. Le apreté las narices para que abriera la boca y le robé un largo ectoplasma que por breves momentos se pareció a un gato montés. Mi madre, en la mañana, comenzó a amenazar con gritos roncos: “¡Pacos asesinos, los voy a matar a todos y también al bellaco que los manda!” Por primera vez en un año, abrió los postigos y comenzó a lanzar hacia la calle imprecaciones en contra del glorioso ejército nacional. Los vecinos, aterrados, pasaban de largo haciéndose los sordos. Yo moví una mano empuñada con el dedo gordo estirado hacia mi boca para hacerles creer que mi madre había bebido más de la cuenta. Una yerbatera, temiendo que llegaran los carabineros, le dio a mamá una infusión que la hizo dormir en pocos minutos. Le extraje el gato furioso y lo devolví a su aguardentosa guarida. ¿Qué hacer entonces? ¿Qué voz robar para abrir las puertas de ese corazón clausurado? La urgencia me condujo al riesgo. Me introduje por una claraboya del lupanar. Un caballero encogido como león sobre una señora a medio vestir daba frenéticos caderazos. Con los ojos cerrados, él, rugiendo de verdad, y ella, imitando alaridos de placer, no se dieron cuenta de mi presencia. Aproveché la gran abertura de los labios pintarrajeados para extraer una voz que salió parecida a una enorme ostra. Apenas la injerté en la garganta de mi madre, ésta se despertó y en enaguas como estaba salió corriendo a la calle para golpear en las puertas vecinas gimiendo: “¿Qué es una mujer sin su hombre? ¿Conocen los canallas que me lo desaparecieron ese atroz vacío que llevo entre las piernas? ¡Ardo, me ahogo, me convierto en un molusco!” Me la devolvieron amordazada y encordada como una larva. Me desesperé, tanto deseaba que la alegría volviera a reinar en nuestro hogar. ¿Acaso yo no le bastaba? Apenas llegaba del colegio barría los pequeños cuartos, hacía de comer, salía al centro a mendigar, volvía siempre con un poco de dinero y, además, a causa de la buena circulación de mi sangre, podía dormir con ella acurrucado junto a su fría panza como una bolsa de agua caliente. ¡No, yo no le bastaba! Decidí, como último recurso, robarle la voz al cura. Era un flaco fanático, siempre enojado porque por culpa de los comunistas, aparte de unas viejas empolvadas, ya casi nadie iba a su parroquia. Lo encontré disimulando una siesta sentado en el confesionario. Pude hurtarle un fluido oscuro semejante a un zapato. Con cierta repugnancia lo introduje en la garganta de mi madre. Ella se puso de pie sobre la cama, alzó los puños hacia el techo y comenzó a insultar a nuestro buen Dios lanzando una y otra vez, como rencorosos puñales, las dos mismas palabras: “¡Viejo injusto!” Temiendo que el Señor, ofendido, enviara a los milicos para que también a ella la desaparecieran, le devolví su zapato al cura. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¡Extraje mi propia voz! Surgió como una viborita y se enroscó temblando entre mis dedos. Sentí que una araña sorda y negra se anidaba en mis cuerdas vocales. Mi madre se despertó con una sonrisa de niña, limpió la casa, hizo de comer, jugó a las muñecas y habló y habló y habló alegremente durante años. Nunca se dio cuenta de que yo estaba mudo.

LA VENTANA Y EL ESPEJO

LA VENTANA Y EL ESPEJO Un joven muy rico fue a ver a un rabino y le pidió consejo para orientar su vida. Este lo condujo hacia la ventana y le preguntó: * ¿Qué ves a través de los vidrios? * Veo hombres que van y vienen, y un ciego que pide limosna en la calle. Entonces el rabino le mostró un gran espejo y nuevamente lo interrogó: * Mira este espejo y dime ahora qué ves. * Me veo a mí mismo. * ¡Y ya no ves a los otros! Repara en que la ventana y el espejo están hechos ambos de la misma materia prima, el vidrio: pero en el espejo, porque tiene una fina lámina de plata pegada al vidrio, no ves más que tu persona. Debes compararte a estas dos especies de vidrio. Pobre, veías a los otros y sentías compasión por ellos. Cubierto de plata -rico-, apenas te ves a tí mismo. Sólo valdrás algo cuando tengas el coraje de arrancar el revestimiento de plata que te cubre los ojos y puedas nuevamente ver y amar a los demás.

Darse cuenta

Darse cuenta Toda vez que percibas que estás actuando inconscientemente, detente. No seas un robot. No actúes desde el ego. Toma una taza de té, despiértate, y luego actúa dándote cuenta. El té es un símbolo Zen que significa darse cuenta, porque el té te pone más alerta, te hace darte cuenta. El té fue inventado por los budistas, y ellos usaron el té durante siglos para ayudarlos en la meditación. Y el té es útil. Cuenta la historia que Bodhidharma se hallaba meditando en una montaña de China llamada `Ta`. De ese `Ta` surge el nombre `té`. El nombre de esa montaña puede pronunciarse `Ta` o `Cha`, por ello en la India el té se llama `chai` o `cha`. Bodhidharma estaba meditando, realmente era un gran meditador. Le gustaba meditar durante dieciocho horas, pero era difícil. Una y otra vez lo invadía el sueño y una y otra vez sus párpados caían. Entonces cortó y tiró sus párpados. Ahora ya no había posibilidad de cerrar sus ojos. La historia es hermosa. Esos párpados se convirtieron en las primeras semillas de té y una planta creció de ellas. Bodhidharma preparó el primer té del mundo de estas plantas y se sorprendió al comprobar que al tomar estas hojas y beberlas en infusión, podía permanecer alerta durante períodos más prolongados. De modo que durante siglos el pueblo Zen ha estado tomando té, y el té se ha convertido en algo muy sagrado. El Pasto Crece Por Sí Mismo pp. 272-273

El accidente supremo

Sé auténtico en tu búsqueda; haz todo lo que puedas por ella. Es la sed por conocer lo original detrás del reflejo, lo que te hace digno del `accidente supremo`. Chiyono iba de un monasterio a otro tomando sannyas,  para hacerse monja. Pero aún los grandes maestros la rechazaban, porque era tan hermosa… los monjes se habrían olvidado de Dios y de todo. Entonces, no hallando ningún camino, ella quemó su rostro, llenó de cicatrices toda su cara. Y entonces se acercó a un maestro. El no podía siquiera reconocer si era un hombre o una mujer. Fue entonces aceptada como monja. Ella estaba tan preparada. Su búsqueda era auténtica. Era digna del accidente, se lo había ganado. Estudió, meditó durante treinta, cuarenta años continuamente. De pronto, una noche … Estaba mirando la luna reflejada en el balde de agua que llevaba. Hasta los reflejos son hermosos, porque reflejan la belleza absoluta. Un auténtico buscador puede ver que el reflejo es tan bello, hay tal música en él, que de él surge el deseo de conocer la fuente. Mientras caminaba iba mirando la luna llena que se reflejaba en el balde de agua. De pronto, las tiras de bambú que sostenían el balde se rompieron y el balde se deshizo. El agua se derramó, el reflejo de la luna desapareció y Chiyono se iluminó. Luego escribió este poema: Por este camino y por este otro intenté mantener unido al balde, esperando que el frágil bambú nunca se rompiera. Súbitamente el fondo se desprendió. Ya no más agua, ya no más la luna en el agua, Sólo el vacío en mi mano. La iluminación es como un accidente. Pero no me malentiendas, no estoy diciéndote que no hagas nada para llegar a ella. Si no haces nada, ni siquiera el accidente sucederá. Sólo le sucede a aquellos que han trabajado mucho para ella, pero nunca ocurre por lo que ellos hacen, y nunca ocurre sin lo que ellos hacen. Todas tus meditaciones simplemente crearán una propensión al accidente, una invitación, nada más que eso. Prepárate para el accidente, para lo desconocido, dispuesto, aguardando, receptivo. Sin la invitación el invitado nunca vendrá. Sin Agua, Sin Luna pp. 1-19

La felicidad escondida

La felicidad escondida Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes, para hacer una travesura. Uno de ellos dijo: – Debemos quitarles algo a los seres humanos, pero, ¿qué? Después de mucho pensar, uno dijo: – ¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. El problema es dónde esconderla para que no puedan encontrarla. Propuso el primero: – Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo. – No, recuerda que tienen fuerza; alguno podría subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está -replicó otro. Se escuchó una nueva propuesta: – Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar. Otro señaló: – No, no olvides que son curiosos, alguno podría construir un aparato para bajar, y entonces la encontrarán. – Escondámosla en un planeta bien lejano de la Tierra -propuso otro. – No -le dijeron. Recuerda que les dieron inteligencia, y un día alguno va a construir una nave para viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad. El duende más veterano, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas, dijo: – Creo saber dónde ponerla para que nunca la encuentren. Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: – ¿Dónde? – La esconderemos dentro de ellos mismos; estarán tan ocupados buscándola afuera que nunca la encontrarán. Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva consigo.

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