Creatividad: Liberando las fuerzas internas OSHO

1. El creador no puede seguir un camino ya trillado. Tiene que ir solo; tiene que marginarse de la mente colectiva, de la psicología de las masas.

2. Una persona creativa es aquella que tiene percepción, puede ver cosas que no ha visto nadie antes, oye cosas que no ha escuchado nadie antes; oye cosas que no ha escuchado nadie antes; entonces hay creatividad.

3. Una vez que desaparece la patología todo el mundo se convierte en un creador. Trata de entender esto tan a fondo como puedas: sólo las personas enfermas son destructivas. Las personas sanas son creativas. La creatividad es una especie de fragancia de la auténtica salud. Cuando una persona está realmente sana y es total, la creatividad surge naturalmente en él, aparece la necesidad de crear.

4. La mente debe de seguir siendo viva y creativa, y a la vez debe de ser capaz de entrar en silencio siempre que quiera. Eso es maestría. Cuando quieres pensar, puedes pensar, cuando no quieres pensar, puedes entrar en no mente. Un verdadero maestro puede hacer ambas cosas.

5. La energía es buena, la energía es deleite, la energía es divina. Una vez que la energía es liberada, uno se puede volver creativo. Te da inteligencia, sensibilidad, te da todo lo que es bello.

6. La energía necesita trabajo, si no estará inquieta. La energía necesita expresión, la energía necesita ser creativa. Si no, la misma energía enroscada dentro se convertirá en una dolencia, en una enfermedad.

7. La naturaleza le da energía creativa a todo el mundo. Se vuelve destructiva sólo cuando es obstaculizada, cuando no se permite su flujo natural.

8. Si quieres ser creativo, ¿qué debes hacer? Deshaz todo lo que la sociedad te ha hecho. Deshaz todo lo que tus padres y tus profesores te han hecho. Deshaz todo lo que el policía, el político y el sacerdote te han hecho, y de nuevo volverás a ser creativo.

Seguir leyendo

Aceptación OSHO

Aceptación
Durante tan sólo veinticuatro horas, prueba lo siguiente: aceptación total; suceda lo que suceda. Si alguien te insulta, acéptalo, no reacciones y observa lo que ocurre. De repente notarás que fluye en tu interior una energía que nunca antes habías notado. Cuanto te sientes débil y alguien te insulta, te molestas y empiezas a pensar de qué manera tomarás venganza; esa persona te ha atrapado y, en adelante, no harás otra cosa que darle vueltas y más vueltas.
Durante días, noches e incluso años, no podrás dormir y tendrás pesadillas. Hay gente capaz de desperdiciar toda su vida por una nimiedad insignificante, como que alguien le haya insultado. Basta con volver la vista hacia tu pasado para recordar unas cuantas cosas. Cuando eras un chiquillo, el maestro te llamó idiota en clase y todavía lo recuerdas con rencor. Tu padre dijo algo, pero tus padres lo han olvidado y no logran recordarlo ni aunque tú se lo recuerdes. Tu madre te lanzó determinada mirada y desde entonces te ha acompañado la herida, que sigue abierta, en carne viva, y explotarás con sólo que alguien la roce. No dejes que la herida se extienda, no permitas que te esclavice. Busca las raíces; acércate al Todo. Durante veinticuatro horas –sólo veinticuatro horas– trata de no reaccionar, de no rechazar nada; pase lo que pase. Si alguien te empuja y te derriba, ¡cáete! Luego levántate y vete a casa. No hagas nada al respecto. Si alguien te agrede, inclina la cabeza y acéptalo con gratitud. Vete a casa, no hagas nada; aunque sólo sea durante veinticuatro horas, y experimentarás un arrebato de energía que nunca antes habías conocido: una nueva vitalidad que surge de las raíces, y una vez que la hayas conocido, una vez que la hayas experimentado, tu vida cambiará. Luego te reirás de todas las tonterías que venías haciendo: de todos los rencores, reacciones y venganzas con las que te habías estado destruyendo. Nadie puede destruirte salvo tú; nadie puede salvarte excepto tú. Eres Judas al mismo tiempo que Jesús.

Seguir leyendo