Escribir

Necesito escribir, pero no encuentro las palabras. Necesito escuchar las voces de quienes pueden expresar sabiamente los sentimientos más profundos, con fluídos versos que llevan instantes de fotografías en el aire, mientras se mueven sobre el lienzo en blanco de mi mente.

Necesito escribir, porque hay mucho que escribir. Las voces y la música que me rodean están tan llenos que pareciera que me llaman a acompañarlos. Sin embargo mi voz no tiene experiencia, y mis letras no son acordes, están desafinadas.

Necesito escribir, y al mismo tiempo retratar mi interior de manera que el futuro pueda entenderme. Necesito dejar mi sangre en las líneas, y que el contraste del rojo y el blanco, y el negro, y el ocre, sea una manera de hablar.

Necesito escribir porque debo vaciarme.

Necesito escribir por cada pensamiento que llega a mí. Por cada instante de rabia, de locura, de impaciencia, de frustración, de desamor, de desilusión. Necesito darle nombre a cada uno y dejarlos en el aire, pendientes para ser olvidados… o recordados.

Necesito escribir, porque hay historias que deben contarse, aunque sea internamente. Porque las historias del pasado deben existir aunque no se desee recordar el camino de espinas. Necesito, debo escribir, para que mi ceguera no sea permanente. Ceguera de alma, que no sabe caminar.

Necesito escribir cada parte de ilusión en la desesperación, como luces improvisadas, o luces intermitentes esporádicas, porque no todo lo que me llena es oscuridad y confusión. Necesito decir que hay mucha luz si la sé buscar.

Pero…

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El náufrago en la isla desierta

El único sobreviviente de un naufragio llegó a una desabitada isla. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado y cada día divisaba el horizonte en busca de una ayuda que no llegaba. Cansado optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y guardar sus pocas pertenencias. Entonces un día, tras merodear por la isla, en busca de alimento regresó a la cabaña para encontrarla envuelta en llamas con una gran columna de humo levantándose hacia el cielo. Lo peor había ocurrido; lo había perdido todo y se encontraba en un estado de desesperación y rabia.

-¡Oh Dios!, ¿cómo puedes hacerme esto?, -se lamentaba. Sin embargo al amanecer del día siguiente se despertó con el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a salvarlo. -¿Cómo supieron que estaba aquí?, -preguntó el cansado hombre a sus salvadores. -Vimos su señal de humo, -contestaron ellos. Es muy fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal. Recuerda que cuando tu cabaña se vuelva humo, puede ser la señal de que la ayuda está en camino.

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