TU ERES EL DUEÑO DE TU DESTINO

Lo bueno de ser libre es que uno mismo elije su destino, el mayor poder que poseemos es, poder elegir. Tú eres dueño de tu destino, el que dirige sus pensamientos y su acción. Tú puedes en cada momento cambiar el curso de tu vida.

Cada decisión que tomes puede modificar radicalmente tu vida. Lo más importante es ser consciente de que tienes el DERECHO a decidir. Habla contigo mismo, piensa y dite: « ¡Si yo decido Ahora, Yo cambio mi vida Ahora!

¡Toma decisiones para tus proyectos! ¡Ponles la luz y decide! Una « pequeña » decisión, como una llamada telefónica (por ejemplo) a una persona que puede ayudarte en tu proyecto, puede ser determinante, yo siempre he dicho y pensado que un abrazo a tiempo puede solucionar muchas cosas.

En realidad, todas las decisiones cuentan (incluso las más pequeñas), puede ser la génesis de un cambio importante. Ciertamente, no de inmediato, pero, como has abierto una primera puerta, tu abrirás después, una segunda, luego una tercera…
En terapia he tenido la oportunidad de ver pacientes como rezan por conseguir el pan de cada día pero se comportan como si lo quisieran tener para todo el año, es bueno fijarse metas y tiempos pero pensar solo en el futuro puede poner en peligro nuestro aquí y ahora, no apreciamos lo que tenemos en ese momento y anhelamos lo que aun no poseemos, lo mismo ocurre cuando nos quedamos atados a un pasado perdemos la oportunidad de apreciar con lo que si contamos por eso es importante que te digas: ‘Yo soy el Dueño de mi destino’
Tu destino está en tus manos. Tú puedes hacerlo. Lo que vas a ser dentro de seis meses o un año depende de lo que pienses ahora.

QUE ESTE DIA SEA UNO DE TUS MEJORES MOMENTOS
¡¡¡BRILLA SIEMPRE¡¡¡¡¡ 🙂

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Actuar OSHO

Actuar
¡Deja de actuar! Pero cuando digo que dejes de actuar, no estoy diciendo que no hagas nada. Ésta es la segunda cosa que debes entender: cuando digo que dejes de actuar, no me interpretes mal, no estoy diciendo que no hagas nada.
“Deja de actuar” significa simplemente que dejes de empujar a la corriente; que te dejes llevar por el río. Él ya va camino del océano y te llevará a tu destino, sea éste cual sea: X, Y o Z; eso es imprevisible. Nadie conoce el punto exacto en que el río se encontrará con el océano, ni dónde ni cuándo, y es bueno que nadie lo sepa. Es bueno porque así la vida sigue siendo un misterio; una continua sorpresa. Uno se asombra a cada paso y le embarga una profunda admiración.

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El juicio

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de asesinato. El culpable era una persona muy influyente del reino, y por eso desde el primer momento se procuró hallar un chivo expiatorio para encubrirlo.


El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tendría escasas oportunidades de escapar a la horca. El juez, aunque también estaba confabulado, se cuidó de mantener todas las apariencias de un juicio justo. Por eso le dijo al acusado: «Conociendo tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios: escribiré en dos papeles separados las palabras ‘culpable’ e ‘inocente’. Tú escogerás, y será la Providencia la que decida tu destino».

Por supuesto, el perverso funcionario había separado dos papeles con la misma leyenda: «Culpable». La víctima, aun sin conocer los detalles, se dio cuenta de que el sistema era una trampa. Cuando el juez lo conminó a tomar uno de los papeles, el hombre respiró profundamente y permaneció en silencio unos segundos con los ojos cerrados. Cuando comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa, tomó uno de los papeles, se lo metió a la boca y lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon.

– Pero, ¿qué ha hecho? ¿Ahora cómo diablos vamos a saber el veredicto?

– Es muy sencillo -replicó el hombre- . Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué.

Con refunfuños y una bronca muy mal disimulada, debieron liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.

«Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida, ni de luchar hasta el último momento. En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento». Albert Einstein.

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