La gallina que fúe al sur

Las golondrinas se posaban en fila a lo largo de los aguilones de la granja, parloteando unas con otras con inquietud, hablando de muchas cosas, pero con el pensamiento puesto sólo en el verano y en el sur, pues se acercaba el otoño y el viento del norte estaba a punto de llegar.

Y de repente, un día desparecieron todas. Todo el mundo habló entonces de las golondrinas y del sur.

-Creo que me iré al sur el próximo año –dijo una gallina.

El año se terminó y regresaron las golondrinas. El año se terminó y se posaron otra vez en los aguilones, y en todo el corral se hacían comentarios sobre el viaje de la gallina.

Y una mañana muy temprano, con el viento del norte, súbitamente las golondrinas se echaron a volar mientras sentían el viento en sus alas y una fuerza les llegaba junto con el misterioso, antiguo conocimiento y una fe más que humana. Se remontaron entonces hacia lo algo y abandonaron el humo de nuestras ciudades.

-Creo que el viento es el adecuado –dijo la gallina, así que extendió sus alas y salió corriendo del corral. Continuó luego aleteando en dirección a la carretera y siguió un trecho más abajo hasta que llegó a un jardín.

Al atardecer regresó jadeante. En el corral contó a los pollos y gallinas cómo había ido hacia el sur hasta llegar a la autovía y cómo había visto pasar el tráfico del mundo y llegado luego a campos donde crecen las patatas. Había visto además los rastrojos que dan de vivir a los humanos y, entonces, al final del camino, había encontrado un jardín sembrado de rosas, de bellas rosas, y al jardinero mismo allí presente.

-¡Qué cosa más interesante –dijeron las aves del corral-, y qué descripción tan hermosa, ¡de verdad!

Pasó el invierno y los meses amargos se alejaron dando paso a la primavera, y con ella a las golondrinas que llegaron otra vez.

Las aves de corral no aceptaron entonces que hubiese un mar en el sur.

-Tendrían que escuchar a nuestra gallina –alegaban.

La gallina se ha convertido ahora en la que sabe. Sabe qué hay en el sur, pero ni siquiera ha salido del pueblo, sólo ha recorrido una corta distancia camino abajo. El intelecto es una gallina. No puede ir muy lejos. Pero una vez la gallina sabe algo, te pone sobre aviso; se convierte en un obstáculo.

Abandona tu intelecto, y no perderás nada. Carga con tu intelecto, y lo perderás todo. Abandona tu intelecto, y sólo perderás tu prisión, tu falsedad. Abandona tu intelecto, y tu consciencia se remontará súbitamente hacia lo alto, desplegará sus alas… y podrás ir al mismo sur, a los mares abiertos a los que perteneces. El intelecto es un agobio para el hombre.

Parábola tomada de OSHO: El sendero del tao

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La imitación

La imitación Fíjate si estás imitando a otros. Con la imitación, la semilla de la autenticidad dentro de ti permanece muerta. Con la espada del darte cuenta cercena esta imitación de raíz, por más doloroso que resulte. El sufrimiento tiene que ir muy profundo, pero mediante la sacudida emergerá tu ser, tu propia autenticidad. El Maestro Zen Gutei tenía la costumbre de levantar su dedo siempre que explicaba una pregunta sobre Zen. Un discípulo muy joven comenzó a imitarlo y siempre que alguien preguntaba al discípulo sobre qué había estado hablando el Maestro, el joven levantaba su dedo. Esto llegó a oídos de Gutei y cuando un día vio al joven haciéndolo, lo tomó, sacó un cuchillo, le cortó el dedo y lo tiró. Mientras el joven, corriendo y gritando se alejaba, Gutei gritó: `¡Detente!`. El joven se detuvo, giró y miró a su Maestro a través de sus lágrimas. Gutei estaba levantando su propio dedo. El joven, por costumbre, comenzó a levantar su dedo también… y cuando se dio cuenta de que no estaba allí, se inclinó. En ese instante se iluminó. Los Maestros nunca hacen nada innecesariamente, ni siquiera levantar un dedo… Gutei no siempre levantaba un dedo, sólo cuando explicaba una pregunta sobre Zen. ¿Por qué?… Todos tus problemas aparecen cuando estás fragmentado, porque eres una desunidad, un caos, no una armonía. ¿Y qué es la meditación? Nada más que alcanzar la unidad. Las explicaciones de Gutei eran secundarias; el simple dedo levantado era lo elemental. Estaba diciendo: `Sean uno. Y todos sus problemas serán resueltos`. El joven comenzó a imitarlo. Pues bien, la imitación no puede llevarte a ninguna parte. La imitación significa que el ideal viene desde afuera, no es algo que está ocurriendo dentro de ti. Tienes una semilla dentro de ti, si imitas a los otros, esa semilla permanecerá muerta. La imitación debe cortarse severamente. El dedo es sólo simbólico. El joven debe ser sacudido con mucha severidad, y el sufrimiento debe ir hasta la misma raíz de su ser. Un momento muy intenso de darte cuenta, un gran tormento… Gutei gritó: `¡Detente!`. En el momento de detenerse, ya no había más dolor… Simplemente por costumbre, cuando el Maestro levanta su dedo, el joven levanta el suyo, que ya no está allí. Y por primera vez se da cuenta de que él no es el cuerpo, él es el darse cuenta, el ser consciente. Es un alma, y el cuerpo es sólo la casa. Eres la luz de adentro; no la lámpara, sino la llama. Sin Agua, Sin Luna
pp. 104-122

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