Darse cuenta

Darse cuenta Toda vez que percibas que estás actuando inconscientemente, detente. No seas un robot. No actúes desde el ego. Toma una taza de té, despiértate, y luego actúa dándote cuenta. El té es un símbolo Zen que significa darse cuenta, porque el té te pone más alerta, te hace darte cuenta. El té fue inventado por los budistas, y ellos usaron el té durante siglos para ayudarlos en la meditación. Y el té es útil. Cuenta la historia que Bodhidharma se hallaba meditando en una montaña de China llamada `Ta`. De ese `Ta` surge el nombre `té`. El nombre de esa montaña puede pronunciarse `Ta` o `Cha`, por ello en la India el té se llama `chai` o `cha`. Bodhidharma estaba meditando, realmente era un gran meditador. Le gustaba meditar durante dieciocho horas, pero era difícil. Una y otra vez lo invadía el sueño y una y otra vez sus párpados caían. Entonces cortó y tiró sus párpados. Ahora ya no había posibilidad de cerrar sus ojos. La historia es hermosa. Esos párpados se convirtieron en las primeras semillas de té y una planta creció de ellas. Bodhidharma preparó el primer té del mundo de estas plantas y se sorprendió al comprobar que al tomar estas hojas y beberlas en infusión, podía permanecer alerta durante períodos más prolongados. De modo que durante siglos el pueblo Zen ha estado tomando té, y el té se ha convertido en algo muy sagrado. El Pasto Crece Por Sí Mismo
pp. 272-273

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La imitación

La imitación Fíjate si estás imitando a otros. Con la imitación, la semilla de la autenticidad dentro de ti permanece muerta. Con la espada del darte cuenta cercena esta imitación de raíz, por más doloroso que resulte. El sufrimiento tiene que ir muy profundo, pero mediante la sacudida emergerá tu ser, tu propia autenticidad. El Maestro Zen Gutei tenía la costumbre de levantar su dedo siempre que explicaba una pregunta sobre Zen. Un discípulo muy joven comenzó a imitarlo y siempre que alguien preguntaba al discípulo sobre qué había estado hablando el Maestro, el joven levantaba su dedo. Esto llegó a oídos de Gutei y cuando un día vio al joven haciéndolo, lo tomó, sacó un cuchillo, le cortó el dedo y lo tiró. Mientras el joven, corriendo y gritando se alejaba, Gutei gritó: `¡Detente!`. El joven se detuvo, giró y miró a su Maestro a través de sus lágrimas. Gutei estaba levantando su propio dedo. El joven, por costumbre, comenzó a levantar su dedo también… y cuando se dio cuenta de que no estaba allí, se inclinó. En ese instante se iluminó. Los Maestros nunca hacen nada innecesariamente, ni siquiera levantar un dedo… Gutei no siempre levantaba un dedo, sólo cuando explicaba una pregunta sobre Zen. ¿Por qué?… Todos tus problemas aparecen cuando estás fragmentado, porque eres una desunidad, un caos, no una armonía. ¿Y qué es la meditación? Nada más que alcanzar la unidad. Las explicaciones de Gutei eran secundarias; el simple dedo levantado era lo elemental. Estaba diciendo: `Sean uno. Y todos sus problemas serán resueltos`. El joven comenzó a imitarlo. Pues bien, la imitación no puede llevarte a ninguna parte. La imitación significa que el ideal viene desde afuera, no es algo que está ocurriendo dentro de ti. Tienes una semilla dentro de ti, si imitas a los otros, esa semilla permanecerá muerta. La imitación debe cortarse severamente. El dedo es sólo simbólico. El joven debe ser sacudido con mucha severidad, y el sufrimiento debe ir hasta la misma raíz de su ser. Un momento muy intenso de darte cuenta, un gran tormento… Gutei gritó: `¡Detente!`. En el momento de detenerse, ya no había más dolor… Simplemente por costumbre, cuando el Maestro levanta su dedo, el joven levanta el suyo, que ya no está allí. Y por primera vez se da cuenta de que él no es el cuerpo, él es el darse cuenta, el ser consciente. Es un alma, y el cuerpo es sólo la casa. Eres la luz de adentro; no la lámpara, sino la llama. Sin Agua, Sin Luna
pp. 104-122

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La vulnerabilidad

La vulnerabilidad Recuerda confiar que con un Maestro cualquier situación, en cualquier momento puede usarse para despertarte. No te protejas. Sé inseguro, sé vulnerable, entrégate y deposita tu confianza en tu Maestro. El Maestro japonés Ekido era muy severo y sus discípulos le tenían miedo. Un día un discípulo se hallaba dando la hora en el gong del templo. Repentinamente erró el golpe, al mirar a una hermosa muchacha que cruzaba las puertas del templo. El discípulo estaba perdido. Ya no estaba más allí. Se convirtió en deseo; con su mente comenzó a seguir a la muchacha, entró en un sueño… En ese momento el Maestro, que se hallaba de pie detrás de él, le golpeó la cabeza muy fuerte con el bastón, tan fuerte que cayó y murió. En Japón, una de las tradiciones más antiguas era que cuando un discípulo se acercaba a un Maestro, le decía: `Mi vida y mi muerte, ambas son tuyas. Si quieres matarme, puedes hacerlo`, luego lo firmaba, dándoselo por escrito. A pesar de esta tradición, la gente comenzó a condenar a Ekido. Sin embargo la tradición de Ekido se convirtió en una de las más significativas del Japón. Diez de sus discípulos alcanzaron la iluminación, un número poco frecuente. Y después que murió este discípulo, Ekido siguió como si nada hubiera ocurrido. Siempre que alguien le preguntaba sobre el discípulo, él reía. Nunca dijo que algo hubiera andado mal, o que sólo fue un accidente, reía. Debido a lo que ocurría en su interior, este discípulo logró algo. Su cuerpo cayó, pero dentro él se volvió alerta. El deseo desapareció, el sueño desapareció, todo cayó con su cuerpo, hecho pedazos. En ese estado de alerta murió. Y si tú puedes unir el estado de alerta y la muerte, te has iluminado. Ekido utilizó el momento de la muerte tan hermosamente, y el discípulo llegó. Era un gran artista, un gran Maestro. Fíjate en este relato y quizás pienses que el Maestro mató a su discípulo. No es eso lo que sucedió. El discípulo iba a morir de todos modos y el Maestro lo sabía. Esto no se dice en el relato. No puede decirse, pero es así como ocurrió. De no ser así, no era necesario que el Maestro estuviera de pie detrás del discípulo mientras golpeaba el gong, que era una cosa de todos los días, un simple ritual cotidiano… ¿no tenía Ekido nada más importante que hacer? En ese momento no había nada más importante: la muerte del discípulo debía ser utilizada. Pero éste es un secreto íntimo y yo no podría defender a Ekido ante una corte de justicia. Un Maestro mira profundamente dentro de ti; conoce el momento exacto de tu muerte. Y, si te has entregado, la muerte puede ser usada. Siempre que leo esta historia me pregunto porqué sólo diez discípulos alcanzaron la iluminación más tarde; este hombre podría haber iluminado a muchos. Los demás deben haberse protegido. Tu protección es tu pérdida. Cerca de un Maestro sé inseguro, porque él es tu seguridad. Exponte al peligro. Los Maestros sólo están interesados en iluminarte totalmente… pero se necesita una gran disposición. Se necesita madurez y entrega. Raíces y Alas

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La confianza

La confianza Cuando tienes una profunda confianza, esa calidad de confianza transforma tu vida, sean cuales fueren las circunstancias. Cuando Milarepa se dirigió a su Maestro en el Tibet, era tan humilde, tan puro, tan auténtico, que los demás discípulos se pusieron celosos de él. Era seguro que él sería el sucesor, entonces intentaron matarlo. Milarepa era muy, muy confiado. Cierto día los demás discípulos le dijeron: `Si tú realmente crees en el Maestro, ¿puedes saltar desde ese acantilado? Si tienes confianza, entonces no hay más que decir, nada malo sucederá`. Y Milarepa saltó sin vacilar un momento. Los discípulos corrieron abajo… el acantilado tenía casi tres mil pies de profundidad. Fueron abajo para encontrar los huesos desparramados, pero él se hallaba sentado en la posición de loto, inmensamente feliz. Abrió sus ojos y dijo: `Tienen razón, la confianza salva`. Creyeron que se trataba de alguna coincidencia, de modo que cuando un día se incendió una casa, le dijeron: Si amas al Maestro y tienes confianza en él, puedes ir dentro del fuego`. El se apresuró para salvar a la mujer y al niño que habían quedado dentro. El incendio era demasiado grande y ellos esperaban que muriera, pero no se quemó en absoluto. Y se volvió más radiante debido a la confianza. Un día en que se hallaban de viaje, debían atravesar un río y le dijeron: `No necesitas ir en el bote. Tienes tanta confianza que puedes caminar sobre el agua`. Y caminó. Esta fue la primera vez que el Maestro lo vio. El Maestro dijo: `¿Qué haces? Es imposible`. Y Milarepa dijo: `Lo hago por tu poder, Maestro`. Entonces el Maestro pensó: `Si mi nombre y mi poder pueden hacer esto para un hombre ignorante y estúpido… probaré hacerlo yo mismo. Entonces probó y se ahogó. Nunca más se supo nada de él después de esto. Si tú tienes plena confianza aún cuando tu Maestro no esté iluminado, puedes revolucionar tu vida. Y lo contrario es también cierto: aún un Maestro iluminado puede no ser ninguna ayuda. Depende enteramente de ti. El Amado
Vol. 1, pp. 126-127

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Abandono del conocimiento

Abandono del conocimiento Estás preparado para abandonar la falsedad, para abandonar el conocimiento prestado e ingresar en tu sabiduría, en tu propia comprensión. Naropa era un gran estudioso, un gran erudito. Este relato sucedió antes que él se iluminara. Se cuenta que era el vice-canciller de una gran universidad, con diez mil discípulos propios. Un día se encontraba sentado, rodeado por sus discípulos. En torno de él se hallaban desparramados miles de textos sagrados, muy antiguos y raros. De pronto se quedó dormido y tuvo una visión. Es tan significativa que llamarla un sueño no sería justo, fue una visión. Vio a una anciana, horrible y fea. Era tal su fealdad que Naropa comenzó a temblar en su sueño… Ella le preguntó: `Naropa, ¿qué haces?`. El dijo: `Estoy estudiando`. `Qué estás estudiando?`, preguntó la anciana. El dijo: `Filosofía, religión, epistemología, lengua, lógica…` La anciana le preguntó: `¿Las entiendes?` Naropa dijo: `…Sí, las entiendo`. La anciana preguntó nuevamente: `¿Entiendes las palabras o el sentido?` y sus ojos eran tan penetrantes que era imposible mentirle… delante de sus ojos Naropa se sentí totalmente desnudo, transparente… Dijo: `Entiendo las palabras`. La mujer comenzó a bailar y a reir… y su fealdad se transformó. Una belleza sutil comenzó a surgir de su ser. Naropa pensó: `La he hecho tan feliz, ¿por qué no hacerla un poco más feliz?` Entonces añadió: `Sí, y también entiendo el sentido`. La mujer dejó de reir, dejó de bailar. Comenzó a lamentarse y a llorar y toda su fealdad volvió a aparecer, mil veces peor. Naropa preguntó: `¿Por qué? La mujer dijo: `Estaba contenta porque un gran estudioso como tú no mentía. Pero ahora lloro porque me has mentido. Sé, y tú sabes, que no entiendes el sentido`. La visión desapareció y Naropa se transformó. Abandonó la universidad, nunca más tocó un texto sagrado en toda su vida. Entendió… Un hombre de sabiduría, un hombre de entendimiento, tiene una frescura que lo rodea, una vida fragante, totalmente distinta a la de un erudito, a la de un hombre de conocimiento. El que entiende el sentido se vuelve hermoso, el que sólo entiende las palabras se vuelve feo. Y la mujer era sólo una proyección del interior de Naropa, de su propio ser, que se volvía feo por el conocimiento. Naropa comenzó su búsqueda. Los textos sagrados ya no sirven, ahora se necesita un Maestro vivo. Yoga: El Alfa y El Omega
Vol. 5, pp. 51-53

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La receptividad

La receptividad Es tiempo de detener la agresiva búsqueda de respuestas. Vacíate totalmente, vuélvete receptivo a toda la existencia. Simplemente relájate, espera y disfruta. Un profesor de filosofía fue al Maestro Zen Nan-In y le preguntó acerca de Dios, la meditación y muchas cosas por el estilo. El Maestro lo escuchó silenciosamente y luego le dijo: `Te ves cansado. Has escalado esta alta montaña, has llegado de un remoto lugar. Déjame que primero te sirva té`. El profesor esperó. Hervía con preguntas, pero mientras cantaba el samovar y el aroma del té se difundía, el Maestro dijo: `Espera, no estés tan apurado. Quizás, hasta tomando el té pueden contestarse tus preguntas`. El profesor empezó a preguntarse si su viaje no habría sido en vano. `Este hombre parece loco, ¿cómo puede contestarse mi pregunta sobre Dios tomando té?. Pero también estaba cansado y sería bueno tomar una taza de té antes de descender de la montaña. El Maestro trajo la pava, vertió té en la taza y el té comenzó a inundar el plato, pero él continuó vertiéndolo. Luego el plato también se llenó. Sólo una gota más y el té habría comenzado a caer al piso. El profesor dijo: `Deténgase, ¡qué está haciendo! ¿no vé que la taza está llena, que el pato está lleno?` Y Nan-In dijo: `Esa es la precisa situación en la que te hallas. Tu mente está tan llena de preguntas que aún si respondo, no tienes lugar para alojar las respuestas. Y te digo, desde que entraste en esta casa, tus preguntas inundan todo el lugar. Esta pequeña choza está llena de tus preguntas. Regresa, vacía tu taza y luego ven. Primero haz un poco de espacio dentro de ti`. Has venido a una persona aún más peligrosa que Nan-In, porque para mí una taza vacía no será suficiente. La taza debe romperse íntegramente. Aún vacía, si estás allí, entonces estás lleno. Sólo cuando dejes de ser, el té podrá fluir dentro de tu ser. Sólo si no eres, realmente no habrá necesidad de volcar té dentro de ti. Cuando no eres, toda la existencia comienza a volcarse, desde todas las dimensiones, desde todas las direcciones. Raíces y Alas
p. 3

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Ser Comun

Ser común Simplemente ser común resulta un milagro. El no anhelar ser alguien es un milagro. Permite que la naturaleza siga su curso, déjala. Sucedió en una oportunidad que Bankei, un Maestro Zen, estaba trabajando en su jardín. Llegó un buscador y le preguntó a Bankei: `Jardinero, ¿dónde está el Maestro? Bankei rió y dijo: `Por esa puerta, adentro hallarás al Maestro`. Bankei entró por una puerta lateral y se sentó en la única silla, en el centro del salón. Cuando el buscador se acostumbró a la oscuridad y lo vió, le ordenó abandonar inmediatamente la silla del Maestro. Bankei se sentó en el piso y dijo: `Ahora no hallarás al Maestro en la silla, porque yo soy el Maestro`. Al hombre le resulto muy difícil ver que un gran Maestro pudiera ser tan común. Se fue… y perdió. Se hallaba Bankei un día, predicando tranquilamente a sus seguidores, cuando su prédica fue interrumpida por un sacerdote de otra secta. Esta secta creía en el poder de los milagros.  El sacerdote se jactó de que el fundador de su religón podía pararse en una orilla del río con un pincel en su mano y escribir un nombre sagrado sobre un pedazo de papel que sostenía un asistente en la orilla opuesta del río. Luego preguntó: `¿Qué milagros puedes tú hacer?`. Bankei respondió: `Sólo uno: cuando tengo hambre, como y cuando tengo sed, bebo`,

El milagro único, el milagro imposible, es simplemente ser común. El anhelo de la mente es ser extraordinaria. El ego ansía reconocimiento. Y éste es un milagro cuando aceptas tu nadiedad, cuando puedes ser simplemente tan común como cualquier otra persona, cuando no pides reconocimiento, cuando puedes existir como si no estuvieras existiendo. El poder nunca es espiritual. La gente que hace milagros no es espiritual en ningún sentido, sólo está difundiendo la magia en nombre de la religión, lo cual es muy peligroso. Tu mente dirá: `¿Qué tipo de milagro es éste, cuando estoy hambriento, como; cuando estoy somnoliento, duermo`. Cuando no tienes hambre, cuando el estómago está lleno, la mente dice: `Sigue comiendo, la comida es deliciosa`. Tu mente interfiere. Bankei está diciendo: `Fluyo con la naturaleza. Cualquier cosa que sienta todo mi ser, la hago. No existe ninguna mente fragmentaria que lo manipula`. Yo también conozco sólo un milagro: dejar que la naturaleza siga su curso, permitírselo. Raices y Alas
pp. 212-221

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