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Darse cuenta
Darse cuenta Toda vez que percibas que estás actuando inconscientemente, detente. No seas un robot. No actúes desde el ego. Toma una taza de té, despiértate, y luego actúa dándote cuenta. El té es un símbolo Zen que significa darse cuenta, porque el té te pone más alerta, te hace darte cuenta. El té fue inventado por los budistas, y ellos usaron el té durante siglos para ayudarlos en la meditación. Y el té es útil. Cuenta la historia que Bodhidharma se hallaba meditando en una montaña de China llamada `Ta`. De ese `Ta` surge el nombre `té`. El nombre de esa montaña puede pronunciarse `Ta` o `Cha`, por ello en la India el té se llama `chai` o `cha`. Bodhidharma estaba meditando, realmente era un gran meditador. Le gustaba meditar durante dieciocho horas, pero era difícil. Una y otra vez lo invadía el sueño y una y otra vez sus párpados caían. Entonces cortó y tiró sus párpados. Ahora ya no había posibilidad de cerrar sus ojos. La historia es hermosa. Esos párpados se convirtieron en las primeras semillas de té y una planta creció de ellas. Bodhidharma preparó el primer té del mundo de estas plantas y se sorprendió al comprobar que al tomar estas hojas y beberlas en infusión, podía permanecer alerta durante períodos más prolongados. De modo que durante siglos el pueblo Zen ha estado tomando té, y el té se ha convertido en algo muy sagrado. El Pasto Crece Por Sí Mismo
pp. 272-273
Poema numero 20 (xx) (Pablo Neruda)
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: ” La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.