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Darse cuenta
Darse cuenta Toda vez que percibas que estás actuando inconscientemente, detente. No seas un robot. No actúes desde el ego. Toma una taza de té, despiértate, y luego actúa dándote cuenta. El té es un símbolo Zen que significa darse cuenta, porque el té te pone más alerta, te hace darte cuenta. El té fue inventado por los budistas, y ellos usaron el té durante siglos para ayudarlos en la meditación. Y el té es útil. Cuenta la historia que Bodhidharma se hallaba meditando en una montaña de China llamada `Ta`. De ese `Ta` surge el nombre `té`. El nombre de esa montaña puede pronunciarse `Ta` o `Cha`, por ello en la India el té se llama `chai` o `cha`. Bodhidharma estaba meditando, realmente era un gran meditador. Le gustaba meditar durante dieciocho horas, pero era difícil. Una y otra vez lo invadía el sueño y una y otra vez sus párpados caían. Entonces cortó y tiró sus párpados. Ahora ya no había posibilidad de cerrar sus ojos. La historia es hermosa. Esos párpados se convirtieron en las primeras semillas de té y una planta creció de ellas. Bodhidharma preparó el primer té del mundo de estas plantas y se sorprendió al comprobar que al tomar estas hojas y beberlas en infusión, podía permanecer alerta durante períodos más prolongados. De modo que durante siglos el pueblo Zen ha estado tomando té, y el té se ha convertido en algo muy sagrado. El Pasto Crece Por Sí Mismo
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El carro de la vida
Existió un viajero que tuvo que hacer una larga travesía, ató su animal a un carro e inició la marcha hacia un largo destino, con un límite fijo de tiempo. Al animal lo llamo Necesidad, al carro Deseo, a una rueda la llamó Placer y a la otra Sufrimiento. Así pues el viajero llevaba su carro a derecha e izquierda, pero siempre hacia su destino. Cuanto más velozmente iba el carro, más rápidamente se movían las ruedas del Placer y el Sufrimiento, conectadas como estaban por el mismo eje y transportando como estaban el carro del Deseo.
Como el viaje era muy largo y nuestro viajero se aburría, decidió entonces decorarlo, ornamentarlo con muchas bellezas. Pero cuanto más embelleció el carro del Deseo más pesado se hizo para la Necesidad, de tal manera que en las curvas y en las cuestas, el pobre animal desfallecía no pudiendo arrastrar el carro del Deseo. En los caminos arenosos las ruedas del Placer y el Sufrimiento se incrustaban en el piso.
El viajero desesperado, porque el camino era muy largo y estaba muy lejos su destino, decidió meditar sobre el problema y, al hacerlo, escuchó el relincho de su viejo amigo. Comprendiendo el mensaje, a la mañana siguiente desbarató los adornos del carro, lo alivió de sus pesos y muy temprano llevó al trote a su animal avanzando hacia su destino. No obstante , había perdido un tiempo que ya era irrecuperable. A la noche siguiente volvió a meditar y comprendió, por un nuevo aviso de su amigo, que tenía ahora que acometer una tarea doblemente difícil, porque significaba su desprendimiento.
Muy de madrugada sacrificó el carro del Deseo. Es cierto que al hacerlo perdió la rueda del Placer, pero con ella perdió también la rueda del Sufrimiento. Montó al animal de la Necesidad, y sobre sus lomos, galopó por las verdes praderas hasta llegar a su destino.