Alienacion OSHO

Alienación
Si desarraigas un árbol, empezará a morirse: su verdor desaparecerá, el follaje no tardará en marchitarse y nunca más dará flores. La primavera llegará y pasará sin que el árbol se entere. Se ha alienado de la existencia. Ya no está arraigado en la tierra ni en relación con el sol, ni le Eso es lo que le ha sucedido al hombre moderno: es un árbol desarraigado. Ha olvidado cómo relacionarse con la existencia: cómo musitar a las nubes, los árboles o las montañas. Ha olvidado completamente el lenguaje del silencio… pues el lenguaje del silencio es el que tiende un puente entre tú y el universo que te rodea. El universo no conoce otro lenguaje. En el mundo hay tres mil lenguas; pero la existencia no conoce más lenguaje que el lenguaje del silencioqueda ningún puente. Está rodeado de muros y todos los puentes están rotos.

Seguir leyendo

La ira sólo es un vómito mental -OSHO

La ira sólo es un vómito mental
«La próxima vez que te sientas iracundo, ve y da siete vueltas a la casa, y después siéntate debajo de un árbol y observa dónde se ha ido tu ira. No la has reprimido, no la has controlado, no se la has echado encima a nadie… La ira sólo es un vómito mental; no hace falta echarla encima de nadie.Corre un poco, o toma una almohada y golpéala hasta que se te relajen las manos y los dientes. En la transformación nunca controlas, simplemente te haces más consciente. Estás iracundo, es un fenómeno muy hermoso, es como electricidad en las nubes…»

Osho

Seguir leyendo

Zorba es el camino hacia Buda – Osho

Zorba es el camino hacia Buda
«¿Han leído Zorba el griego? ¡Léanlo! Zorba le dice a su jefe:

– Hay algo que te falta, jefe. ¡Un toque de locura! Hasta que no cortes la cuerda no estarás realmente vivo.

Un poco de locura te proporciona dimensiones, poesía y el suficiente coraje para ser feliz en este mundo infeliz…

Zorba es un hombre hermoso…, no te­nía miedo al infierno, no codiciaba el cielo, vivía momento a mo­mento, disfrutaba las pequeñas cosas…, la comida, la bebida, las mujeres. Después de un día de trabajo, se llevaba su instrumen­to a la playa y bailaba durante horas.

Y la otra cara de Kazantzakis que vivió en Zorba el griego…, Zorba es el criado; la otra parte es el amo que empleó a Zorba de criado. Siempre está triste, sentado en su oficina, clasificando sus archivos, nunca se ríe, nunca disfruta, nunca sale y en el fondo tiene envidia de Zorba porque él gana poco dinero, no demasia­do, pero vive como un emperador, sin pensar en el mañana, en qué pasará. Come bien, canta bien, baila bien. Y su amo, que es muy rico, está triste, tenso, angustiado, padeciendo, sufriendo….

Toda la vida de Zorba es un placer físico, pero sin ansiedad, sin culpa, sin preocuparse por el pecado o la virtud….

Me gustaría que Zorba estuviese vivo dentro de todas las per­sonas del mundo, porque es vuestro patrimonio natural. Pero no deberías detenerte en Zorba. Zorba es sólo el principio.

Me gustaría que fueses a la vez Zorba el griego y Gautama el Buda, simultáneamente. No me conformo con menos. Zorba re­presenta la tierra con las flores y el follaje, las montañas, los ríos y los mares. Buda representa el cielo con todas las estrellas, las nubes y los arco iris. El cielo sin la tierra estaría vacío. El cielo no se puede reír sin la tierra. La tierra sin el cielo estaría muerta. La unión de ambos, y nace un baile en la existencia. El cielo y la tierra bailando juntos…. hay risa, hay alegría, hay celebración.

Si un hombre puede ser un auténtico Zorba no estará lejos de ser un Buda. Habrá hecho la mitad del camino. Y la primera mi­tad es la más difícil, porque todas las religiones se oponen. Todas las religiones te arrastran hacia otro lugar, te alejan de la primera mitad: cuando te hayan arrastrado hacia otra dirección ya nunca podrás ser un Buda, porque sólo este camino te lleva a Buda.

Zorba es el camino hacia Buda».

Osho, El libro del Hombre

Seguir leyendo

Poesía y Haiku de Daigu Ryokan (1758-1831)

¿Quién dice que mis poemas son poemas?
Mis poemas no son poemas,
Y si se comprende que mis poemas no son verdaderos poemas,
Entonces podremos hablar de poesía.


Un día de primavera
tranquilo y apacible
he sacado tres canicas
de las mangas de mi hábito.

Y me he ido a jugar
con los niños del barrio
bajo el cielo suave y fresco.


La lluvia ha cesado, las nubes se han disipado.
El cielo está nuevamente sereno.
Cuando el corazón es puro, toda cosa en el universo es pura.
Confiando mi cuerpo al curso de las cosas, he renunciado al mundo a fin de ser libre.
Con la luna llena y las flores pasaré el resto de mi vida.


Solo, con mi bastón solitario, regreso al lugar donde viví tantos años.
A través de los muros derrumbados, lagartijas y liebres han hecho su camino.
Al lado del pozo seco crecen los bambúes.
La ventana donde leía está tapada por las telarañas.
El polvo ha cubierto la plataforma de meditación.
Las enredaderas del otoño ocultan el camino.
Un grillo frío grita en mi lugar.
Vacilante, no puedo decidirme a partir, desamparado frente al sol del crepúsculo.


Cierro los ojos, mil montañas en el crepúsculo.
Me vacío de los diez mil pensamientos del mundo de los hombres.
Solo, silencioso, me siento de cara a la ventana vacía.
El incienso se consume durante la larga noche negra.
Sobre mi delgada robe de monje, se acumula el rocío, blanco, denso.
La luna sube por el pico más alto.


En los árboles se escucha el chillar de las cigarras: por entre las rocas, los ruidos del agua.
El viento de la noche se ha llevado la bruma y el polvo.
No digas que en mi cabaña no hay nada.
La ventana está llena de aire fresco para compartir contigo.


Calma noche bajo la ventana vacía.
Sentado en meditación, envuelto en mi robe de monje, ombligo y nariz permanecen correctamente alineados, las orejas y los hombros siguen un mismo eje.

La ventana es blanca, la luna acaba de salir; la lluvia ha cesado, alguna gota cae todavía…

En este preciso instante, mi sentimiento es extraordinario, vasto, inmenso, sólo por mí conocido.


Avanzo siguiendo el curso del agua, buscando su fuente.
Llego allí donde el manantial parece comenzar.
Desconcertado, comprendo que no se alcanza jamás la fuente verdadera.

Apoyado en mi bastón, por todos lados escucho los ruidos del agua.


Enfermo.
Solo, acostado, enfermo.
Hoy nadie ha venido a verme. Mi bolso, mi cuenco, mi bastón de cedro negro han sido abandonados al polvo.
En mi ensueño deambulo a través de la montaña salvaje.
Mi alma vuelve otra vez a pasearse por el poblado; como antes, los niños me esperan en el camino.
Sin embargo apenas intento comprender estos cabellos blancos, estos labios resecos que claman desde una sed infinita, el reflejo de mi rostro gris que no veo en el espejo.
El frío y el calor se alternan súbitamente. El pulso es irregular. Vagamente escucho el murmullo de los campesinos.
¿A quién le importa si vivo o muero?


En la cima de la montaña las hierbas han ocultado los tres senderos.
Agitado, escucho talar los árboles al otro lado del torrente.
Inmóvil, observo cómo se diluye esta clara mañana.
Los pájaros de la montaña pasan cantando.
Parece que quisieran consolar mi soledad.


Larga noche de invierno, larga noche de invierno, noche de invierno interminable:
¿Cuándo será de día?

La lámpara sin luz, el hogar sin fuego.

Solo, inmóvil, contemplo la luna;
Escucho la lluvia.


Paso solo toda la noche sobre el pico solitario.
La lluvia y la nieve entristecen mi sentimiento.
Los gritos de los monos negros resuenan sobre la cima de las montañas.
Los barrancos aprisionan los fríos ruidos del agua.
El reflejo de la llama de la lámpara se inmoviliza en la ventana.
Toda la noche agitado, imposible para mí conciliar el sueño.
Soplo el pincel para escribir este poema.


Al oeste de la sala del loto, en medio de nubes, brumas, aguas y rocas, se eleva el templo del Deseo Cumplido.
Un sendero secreto lleva hasta él.
Un sendero secreto donde el pasto es profundo, donde no existen huellas del hombre.
En el centro del patio un viejo estanque donde saltan los peces.
Hacia lo alto, inmensos pinos verdes contra el azul del cielo.
Es el fin del otoño y los días son claros.
(A lo lejos percibo el monte «Lleno de gracia»)
Con mi cuenco solitario golpeo de improviso tu puerta.
Yo, un monje sin ocupación, fuera de las cosas de este mundo.
Tú también un hombre ocioso durante una época de paz.
Todo el día, sin nada que hacer, bebemos saké frente a las montañas, riéndonos como locos.

Seguir leyendo