El romántico

Manuel Gutiérrez Nájera un poeta mexicano es quien orgullosamente lleva el estandarte del movimiento romántico en México, desgraciadamente como varios de su generación falleció joven. Quiero morir cuando decline el día, en alta mar y con la cara al cielo, donde parezca sueño la agonía y el alma un ave que remonta el vuelo. No escuchar en los últimos instantes, ya con el cielo y con el mar a solas, más voces ni plegarias sollozantes que el majestuoso tumbo de las olas. Morir cuando la luz retira sus áureas redes de la onda verde, y ser como ese sol que lento expira; algo muy luminoso que se pierde. Morir, y joven; antes que destruya el tiempo aleve la gentil corona, cuando la vida dice aún: «Soy tuya», aunque sepamos bien que nos traiciona. Los artistas mueren jóvenes, muchos de ellos, pero no es una regla, los talentos deben desarrollarse con tiempo, no renunciar a ellos tempranamente. Aunque gracias a sus obras podemos conocer más de ellos. ¡Enjoy!

TU ERES EL DUEÑO DE TU DESTINO

Lo bueno de ser libre es que uno mismo elije su destino, el mayor poder que poseemos es, poder elegir. Tú eres dueño de tu destino, el que dirige sus pensamientos y su acción. Tú puedes en cada momento cambiar el curso de tu vida. Cada decisión que tomes puede modificar radicalmente tu vida. Lo más importante es ser consciente de que tienes el DERECHO a decidir. Habla contigo mismo, piensa y dite: « ¡Si yo decido Ahora, Yo cambio mi vida Ahora! ¡Toma decisiones para tus proyectos! ¡Ponles la luz y decide! Una « pequeña » decisión, como una llamada telefónica (por ejemplo) a una persona que puede ayudarte en tu proyecto, puede ser determinante, yo siempre he dicho y pensado que un abrazo a tiempo puede solucionar muchas cosas. En realidad, todas las decisiones cuentan (incluso las más pequeñas), puede ser la génesis de un cambio importante. Ciertamente, no de inmediato, pero, como has abierto una primera puerta, tu abrirás después, una segunda, luego una tercera… En terapia he tenido la oportunidad de ver pacientes como rezan por conseguir el pan de cada día pero se comportan como si lo quisieran tener para todo el año, es bueno fijarse metas y tiempos pero pensar solo en el futuro puede poner en peligro nuestro aquí y ahora, no apreciamos lo que tenemos en ese momento y anhelamos lo que aun no poseemos, lo mismo ocurre cuando nos quedamos atados a un pasado perdemos la oportunidad de apreciar con lo que si contamos por eso es importante que te digas: ‘Yo soy el Dueño de mi destino’ Tu destino está en tus manos. Tú puedes hacerlo. Lo que vas a ser dentro de seis meses o un año depende de lo que pienses ahora. QUE ESTE DIA SEA UNO DE TUS MEJORES MOMENTOS ¡¡¡BRILLA SIEMPRE¡¡¡¡¡ 🙂

LA MARIPOSA (Jorge Bucay)

Mi mamá era hija de una pareja de campesinos de Entre Ríos. Nació y creció en el campo entre animales, pájaros y flores. Ella nos contó que una mañana, mientras paseaba por el bosque recogiendo ramas caídas para encender el fuego del horno vio un capullo de gusano colgando de un tallo quebrado. Pensó que sería más seguro para la pobre larva llevarla a la casa y adoptarla a su cuidado. Al llegar, la puso bajo una lámpara para que diera calor y la arrimó a una ventana para que el aire no le faltara. Durante las siguientes horas mi madre permaneció al lado de su protegida esperando el gran momento. Después de una larga espera, que no terminó hasta la mañana siguiente, la jovencita vio cómo el capullo se rasgaba y una patita pequeña y velluda asomaba desde dentro. Todo era mágico y mi mamá nos contaba que tenía la sensación de estar presenciando un milagro. Pero, de repente, el milagro pareció volverse tragedia. La pequeña mariposa parecía no tener fuerza suficiente para romper el tejido de su cápsula. Por más que hacia fuerza no conseguía salir por la pequeña perforación de su casita efímera. Mi madre no podía quedarse sin hacer nada. Corrió hasta el cuarto de las herramientas y regresó con un par de pinzas delicadas y una tijera larga, fina y afilada que mi abuela usaba en el bordado. Con mucho cuidado de no tocar al insecto, fue cortando una ventana en el capullo para permitir que la mariposa saliera de su encierro. Después de unos minutos de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su cárcel y caminó a los tumbos hacia la luz de la ventana. Cuenta mi madre que, llena de emoción, abrió la ventana para despedir a la recién llegada, en su vuelo inaugural. Sin embargo, la mariposa no salió volando, ni siquiera cuando la punta de las pinzas la rozó suavemente. Pensó que estaba asustada por su presencia y la dejó junto a la ventana abierta, segura de que no la encontraría al regresar. Después de jugar toda la tarde, mi madre volvió a su cuarto y encontró junto a la ventana a su mariposa inmóvil, las alitas pegadas al cuerpo, las patitas tiesas hacia el techo. Mi mamá siempre nos contaba con qué angustia fue a llevar el insecto a su padre, a contarle todo lo sucedido y a preguntarle qué más debía haber hecho para ayudarla mejor. Mi abuelo, que parece que era uno de esos sabios casi analfabetos que andan por el mundo, le acarició la cabeza y le dijo que no había nada más que debiera haber hecho, que en realidad la buena ayuda hubiera sido hacer menos y no más: -“Las mariposas necesitan de ese terrible esfuerzo que les significa romper su prisión para poder vivir, porque durante esos instantes, explicó mi abuelo, el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta la sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para volar. La mariposa que fue ayudada a salir de su caparazón nunca pudo expandir sus alas, porque mi mamá no la había dejado luchar por su vida”. Mi mamá siempre nos decía que muchas veces le hubiese gustado aliviarnos el camino, pero recordaba a su mariposa y prefería dejarnos inyectar nuestras alas con la fuerza de nuestro propio corazón.

El Vampiro Subversivo – Alejandro Jodorowsky

El Vampiro Subversivo – Alejandro Jodorowsky Al caer la noche, el padre y la madre abrieron la tapa del pequeño ataúd y despertaron a su hijo para contarle, una vez más, la muerte de sus abuelos: por quedarse más tiempo de lo indicado fuera del castillo, la luz del día los sorprendió, convirtiéndolos en cenizas. El muchachito, mostrando sus largos colmillos, exclamó: “¡Los vengaré! ¡Algún día apagaré el sol!” Por un agujero cavado en el muro, hizo salir una manguera con la cual lanzó un chorro de agua hacia el astro rey. A pesar de que el líquido llegaba a alturas increíbles, sus intentos fracasaron. Siguió probando. “¡Por muy lejano que parezcas, te alcanzaré!”, amenazó al sol. Sus progenitores comenzaron a burlarse. “¡Estás loco, nunca podrás! Durante milenios el sol nos ha reducido a polvo, ¿quién eres tú para oponerte a una hoguera de tal magnitud?” El muchacho no les hizo caso. Fabricó un carro provisto de vidrios que no dejaban pasar la luz y llevó miles de litros de agua hasta una montaña para, desde la cima, tratar de llegar con un chorro al sol. Fracasó. Siguió tratando. En pleno día, cubierto sólo por un toldo, disparó un cohete extinguidor que estalló en la estratosfera sin alcanzar su objetivo. Los padres aplaudieron: “¡Bravo, nuestro hijo fracasó! ¡Por desobediente, deberíamos correrlo del castillo! ¿Por qué no se conforma como nosotros?” Después de miles de intentos inútiles, el joven vampiro, mirando hacia el sol, que brillaba más que nunca, lloró: “¡Tienen razón: nunca podré apagarlo! ¡Ya no me importa morir!” Y abrió los brazos para dejarse calcinar sin cubrirse de los rayos. ¡Nada sucedió! En la triste oscuridad de la fortaleza, los viejos vampiros se asombraron: “¡Nuestro enemigo no lo daña! ¡Se ha tornado inmune al sol! ¡Qué envidia!”.

Nasrudín y el miedo

Nasrudín estaba caminando por un camino solitario una noche a la luz de la luna cuando escuchó un ronquido, en algún lugar, que parecía estar abajo suyo. De repente, le dio miedo y estaba a punto de salir corriendo cuando tropezó con un derviche acostado en una celda que se había excavado para él, en parte subterránea. -¿Quién eres? -preguntó el sabio. Soy un derviche, y este es mi lugar de contemplación. -Vas a tener que dejarme compartirlo. Tu ronquido me asustó demasiado y no puedo seguir adelante esta noche. Toma la otra punta de esta manta -dijo el derviche sin entusiasmo- y acuéstate aquí. Por favor, permanece en silencio, porque estoy manteniendo una vigilia. Es una parte de una complicada serie de ejercicios. Mañana tengo que cambiar la rutina y no puedo soportar la interrupción. Nasrudín se durmió por un tiempo. Luego se despertó, muy sediento. -Tengo sed -le dijo al derviche. -Entonces, vuelve por el camino, donde hay un arroyo. -No, todavía tengo miedo. -Entonces, tengo que ir yo en tu lugar -dijo el derviche- después de todo, proveer agua es una obligación sagrada. -No, no vayas, voy a tener miedo si me quedo solo. -Toma este cuchillo para defenderte -dijo el derviche. Cuando Nasrudín se quedó solo se asustó todavía más, metiéndose en una ansiedad que trató de contrarrestar imaginándose cómo atacaría cualquier demonio que lo amenazara. En ese momento volvió el derviche. -Mantén tu distancia o te mato -dijo Nasrudin. -Pero soy el derviche -dijo el hombre. -No me importa quién eres, puedes ser un demonio disfrazado. -Pero vine a traerte agua! No te acuerdas, tenías sed. -¡No trates de congraciarte conmigo, demonio! -Pero esa es mi celda, la que estás ocupando. -Mala suerte para ti, ¿no es así? Vas a tener que encontrarte otra. -Supongo que sí -dijo el derviche-, pero estoy seguro de que no sé que pensar de todo esto. -Te puedo decir una cosa -dijo Nasrudín-, el miedo es multidireccional. -Ciertamente parece ser más fuerte que la sed, o la salud, o la propiedad ajena -dijo el derviche. -Y no tienes que tenerlo tú mismo para sufrir por su causa -dijo Nasrudin.

El samurai y el monje

Un samurai, conocido por todos por su nobleza y honestidad, fue a visitar a un monje zen en busca de consejos. Cuando entró en el templo donde el maestro rezaba, se sintió inferior y pensó que a pesar de haber pasado toda su vida luchando por la justicia y la paz, no se había acercado al estado de gracia del hombre que tenía frente a él. -¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? -preguntó al monje-, me enfrenté muchas veces con la muerte y defendí a los más débiles, no tengo nada de qué avergonzarme. Sin embargo, al verlo meditando, he sentido que mi vida no tenía la menor importancia. -Espera. En cuanto haya atendido a todos los que me han buscado hoy, te daré la respuesta -dijo el monje-. Durante todo el día el samurai se quedó sentado en el jardín del templo. Las personas entraban y salían en busca de consejos y el monje atendía a todos con la misma paciencia y la misma sonrisa luminosa en su rostro. El estado de ánimo del samurai iba de mal en peor, pues había nacido para actuar, no para esperar. Por la noche, cuando ya todos habían partido, insistió: -¿Ahora podrá usted enseñarme? El maestro lo invitó a entrar y lo llevó hasta su habitación. La luna llena brillaba en el cielo y todo el ambiente respiraba una profunda tranquilidad. -¿Ves esta luna qué bonita es?, cruzará todo el firmamento y mañana el sol volverá a brillar. Solo que la luz del sol es mucho más fuerte y consigue mostrar los detalles del paisaje que tenemos a delante: nubes, árboles, montañas. He contemplado a los dos durante años, y nunca escuché a la luna decir: -¿Por qué no tengo el mismo brillo que el sol?, ¿es que quizás soy inferior a él? -Claro que no -respondió el samurai-, la luna y el sol son dos cosas diferentes, cada uno tiene su propia belleza. No se pueden comparar. -Entonces, ya sabes la respuesta. Somos dos personas diferentes, cada cual luchando a su manera por aquello que cree, y haciendo lo posible para tornar a este mundo mejor; el resto son solo apariencias.

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