LA CORNETA Y LOS TIGRES

Un hombre llegó a una aldea con una corneta misteriosa de la que pendían paños rojos y amarillos, cuentas de cristal y huesos de animales. * Esta es una corneta que ahuyenta a los tigres -dijo el hombre. -A partir de hoy, por una modesta suma diaria, yo la tocaré todas las mañanas, y ustedes nunca van a ser devorados por estas terribles fieras. Los habitantes de la aldea, atemorizados ante la amenaza de ser atacados por un animal salvaje, aceptaron pagar lo que el recién llegado pedía. Así pasaron muchos años, el dueño de la corneta se hizo rico y se construyó un hermoso castillo. Cierta mañana, un joven que pasaba por el lugar preguntó a quién le pertenecía aquel castillo. Al enterarse de la historia, resolvió ir hasta allí para conversar con el hombre. * Oí decir que el señor tiene una corneta que ahuyenta a los tigres – dijo el joven. – Sucede, sin embargo, que no existen tigres en nuestro país. Ahí mismo el hombre convocó a todos los habitantes de la aldea, y le pidió al muchacho que repitiera lo que acababa de decir. ¿Escucharon bien lo que dijo? – gritó el hombre, una vez que el joven hubo terminado. – ¡Ésta es la prueba irrefutable del poder de mi corneta!

El aprendizaje

El aprendizaje Permite que cada situación de tu vida te enseñe. Cuando el gran místico sufi, Hasan, estaba muriendo, alguien le preguntó:  `Hasan, ¿quién fue tu maestro`? Hasan respondió: `tuve miles de maestros. Si sólo mencionara sus nombres me llevaría meses, años, y ya es demasiado tarde. Pero ciertamente te hablaré sobre tres maestros. `Uno era un ladrón. Una vez me perdí en el desierto y cuando llegué a una aldea, era tarde y todo estaba cerrado. Pero finalmente encontré a un hombre que estaba intentando hacer un agujero en la pared de una casa. Le pregunté dónde podía pasar la noche y él dijo: `A esta hora de la noche será difícil, pero puedes quedarte conmigo, si puedes quedarte con un ladrón`. `Y el hombre era tan hermoso que me quedé un mes. y todas las noches él acostumbraba decirme: “Ahora me voy a trabajar. Descansa y reza”. Al regresar yo le preguntaba: “¿Conseguiste algo?”. El solía decir: ” Esta noche, no. Pero mañana intentaré nuevamente, si Dios quiere…” Nunca estaba desesperanzado, siempre estaba feliz. `Cuando, durante años y años, medité y medité y nada sucedió, muchas veces hubo momentos en que me sentí tan desesperado, tan desesperanzado, que pensé en terminar con todo este sin sentido. Y súbitamente me acordaba del ladrón que decía cada noche: “Si Dios quiere, mañana sucederá”. `Y mi segundo maestro fue un perro. Me dirigía al río, sediento, y un perro se acercó. También estaba sediento. Miró dentro del río, vio allí a otro perro su propia imagen y se asustó. Ladró y se alejó corriendo, pero su sed era tan grande que volvió. Finalmente, a pesar de su temor, simplemente saltó al agua y la imagen desapareció. Y supe que había recibido un mensaje de Dios: uno debe saltar a pesar de todos los miedos. `Y el tercer maestro fue un niño pequeño. Entré en un pueblo y un niño estaba llevando una vela encendida. Iba a la mezquita para poner allí la vela. `Sólo en broma le pregunté al niño: “¿Tú mismo has encendido la vela?”. El dijo: “Si, señor”. Y le pregunté: “Hubo un momento en que la vela no estuvo encendida, luego hubo un momento en que la vela estuvo encendida ¿puedes mostrarme la fuente de la cual surgió la luz? `Y el niño rió, apagó la vela de un soplo, y dijo: “Ahora has visto cómo ha desaparecido la luz. ¿Dónde se ha ido, dime? `Mi ego se hizo añicos, todo mi conocimiento se hizo añicos. Y en ese momento sentí mi propia estupidez. Desde entonces he abandonado todos mis conocimientos`. Es verdad que no tuve ningún maestro. Eso no significa que no fui un discípulo acepté a toda la existencia como mi Maestro. Mi aprendizaje fue un compromiso mayor que el tuyo. Confié en las nubes, los árboles… Confié en la existencia como tal. No tuve Maestro porque tuve millones de Maestros, aprendí de todas las fuentes posibles. Ser un discípulo es una obligación en el camino. ¿Qué significa ser un discípulo? Significa tener la capacidad para aprender, estar disponible para el aprendizaje, ser vulnerable a la existencia. Con un maestro comienzas a prender cómo aprender… lentamente, lentamente entras en armonía; y lentamente, lentamente ves el momento en que del mismo modo estarás en armonía con la totalidad de la existencia. El Maestro es una pileta de natación donde puedes aprender a nadar. Una vez que has aprendido, todos los océanos serán tuyos. El Secreto de los Secretos Vol. 1, pp. 184-188

La tortuga

El emperador de China oyó hablar de la sabiduría de un eremita que vivía en las montañas del Norte y envió a él mensajeros para ofrecerle el cargo de Primer Ministro del reino. Al cabo de muchos días de viaje, llegaron allá los mensajeros y encontraron al eremita medio desnudo, sentado sobre una roca y enfrascado en la pesca. Al principio dudaron de que pudiera ser aquél el hombre a quien en tan alto concepto tenía el emperador, pero, tras inquirir en la aldea cercana, se convencieron de que realmente se trataba de él. De modo que se presentaron en la ribera del río y le llamaron con sumo respeto. El eremita caminó por el agua hasta la orilla, recibió los ricos presentes de los mensajeros y escuchó su extraña petición. Cuando, al fin, comprendió que el emperador le requería a él, al eremita, para ser Primer Ministro del reino, echó la cabeza atrás y estalló en carcajadas. Y una vez que consiguió refrenar sus risas, dijo a los desconcertados mensajeros: «¿Veis aquella tortuga, cómo mueve su cola en el estiércol?». «Sí, venerable señor», respondieron los mensajeros. «Pues bien, decidme: ¿es cierto que cada día se reúne la corte del emperador en la capilla real para rendir homenaje a una tortuga disecada que se halla encerrada encima del altar mayor, una tortuga divina cuyo caparazón está incrustado de diamantes, rubíes y otras piedras preciosas?». «Sí, es cierto, honorable señor», dijeron los mensajeros. «Pues bien, ¿pensáis que aquel pobre bicho que mueve su cola en el estiércol podría reemplazar a la divina tortuga?». «No, venerable señor», respondieron los mensajeros. «Entonces id a decir al emperador que tampoco yo puedo. Prefiero mil veces estar vivo entre estas montañas que muerto en su palacio. Porque nadie puede vivir en un palacio y estar vivo».

El gallo

Había una vez, en la antigua China, un extraordinario pintor cuya fama atravesaba todas las fronteras. En las vísperas del año del Gallo, un rico comerciante pensó que le gustaría tener en sus aposentos un cuadro que representase a un gallo, pintado por este fabuloso artista. Así que se trasladó a la aldea donde vivía el pintor y le ofreció una muy generosa suma de dinero por la tarea. El viejo pintor accedió de inmediato, pero puso como única condición que debía volver un año más tarde a buscar su pintura. El comerciante se amargó un poco. Había soñado con tener el cuadro cuanto antes y disfrutarlo durante el año signado por dicho animal. Pero como la fama del pintor era tan grande, decidió aceptar y volvió a su casa sin chistar. Los meses pasaron lentamente y el comerciante aguardaba que llegase el ansiado momento de ir a buscar su cuadro. Cuando finalmente llegó el día, se levantó al alba y acudió a la aldea del pintor de inmediato. Tocó a la puerta y el artista lo recibió. Al principio no recordaba quien era. -Vengo a buscar la pintura del gallo -le dijo el comerciante-. -¡Ah, claro! -contestó el viejo pintor-. Y allí mismo extendió un lienzo en blanco sobre la mesa, y ante la mirada del comerciante, con un fino pincel dibujó un gallo de un solo trazo. Era la sencilla imagen de un gallo y, de alguna manera mágica, también encerraba la esencia de todos los gallos que existen o existieron jamás. El comerciante se quedó boquiabierto con el resultado, pero no pudo evitar preguntarle: -Maestro, por favor, contésteme una sola pregunta. Su talento es incuestionable, pero ¿era necesario hacerme esperar un año entero? Entonces el artista lo invitó a pasar a la trastienda, donde se encontraba su taller. Y allí, el ansioso comerciante pudo ver cubriendo las paredes y el piso, sobre las mesas y amontonados en enormes pilas hasta el techo, cientos y cientos de bocetos, dibujos y pinturas de gallos, el trabajo intenso de todo un año de búsqueda.

Dos jóvenes en la india

Cuentan que hace muchos años había en la India dos jóvenes que eran grandes amigos. Trabajaban en una pequeña aldea y decidieron ir a pasar unos días a la ciudad. Cuando llegaron a ella, comenzaron a caminar por las calles populosas, llenas de actividad y gentes bulliciosas. Y así fue que llegaron a una gran calle donde se encontraba un conocido burdel que estaba frente a la casa de un hombre santo muy famoso. Uno de los amigos decidió pasar unas horas en el burdel, bebiendo y disfrutando de las bellas prostitutas, en tanto que el otro optó por pasar ese tiempo en el santuario, escuchando al maestro que hablaba sobre la conquista interior. Cuando había pasado un buen rato: El joven que estaba en el burdel comenzó a lamentar no estar escuchando al maestro en el santuario, en tanto que el otro amigo, por el contrario, en lugar de estar atento a las enseñanzas que estaba oyendo, estaba fantaseando con los placeres del burdel y reprochándose a sí mismo lo necio que había sido por no elegir la diversión. De este modo, el hombre que estaba en el burdel obtuvo los mismos méritos que si hubiera estado en el santuario, y el que estaba en el santuario acumuló tantos deméritos como si hubiera estado en el burdel. Mientras tanto el maestro seguía hablando del valor de vivir el momento presente con todo el ser y el corazón y decía: -No basta con estar físicamente presente, ni con hacer los gestos o decir las palabras de forma mecánica. Precediendo a los actos, está la actitud interior, la conciencia del acto y sus consecuencias. En la actitud interior, en la conciencia del acto se encierra su auténtico valor. Pero el discípulo, perdido en sus fantasías, no lo escuchaba.

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