Nasrudin y la tumba

Sucedió que el mulá Nasruddin entró en la oficina de un ce­

menterio y se quejó al encargado:

-Sé que mi esposa está enterrada en este cementerio, pero no

encuentro su tumba.

El encargado consultó su registro y preguntó:

-¿Cómo se llama?

-Señora del mulá Nasruddin -dijo el mulá.

El encargado volvió a mirar y dijo:

-No hay ninguna señora del mulá Nasruddin, pero sí que hay

un mulá Nasruddin. Lo siento, parece que ha habido un error en el registro.

-No hay ningún error-dijo Nasruddin-. ¿Dónde está la tum­

ba del mulá Nasruddin? Porque todo está a mi nombre.

¡Incluso la tumba de su mujer!

Posesión… todos se empeñan en poseer al ser amado, al aman­te. Ya no hay amor. De hecho, cuando posees a una persona, odias, destruyes, matas; eres un asesino. El amor debería dar libertad; el amor es libertad. El amor hace al ser amado cada vez más libre, el amor da alas, el amor abre la inmensidad del cielo. No puede con­vertirse en una prisión, en un encierro. Pero ese amor tú no lo co­noces, porque solo se da cuando estás despierto; esa calidad de amor solo aparece cuando hay conciencia. El amor que tú conoces es un pecado, porque se genera en el sueño.

Seguir leyendo

Los hombres – Heraclito

Los hombres son tan olvidadizos y descuidados

de lo que ocurre a su alrededor

en sus momentos de vigilia

como cuando están dormidos.

Tontos, aunque oyen

son como los sordos.

A ellos se les aplica el adagio

de que cuando están presentes

están ausentes.

Uno no debería actuar ni hablar

como si estuviera dormido.

Los despiertos tienen un mundo en común,’

los durmientes tienen un mundo privado cada uno. Lo que vemos cuando estamos despiertos es la muerte; cuando estamos dormidos, vemos sueños.

Seguir leyendo

El gran desafío OSHO

Un monje Zen había sido sentenciado a muerte. El rey del país le llamó y le dijo: «Sólo tienes veinticuatro horas; ¿cómo vas a vivirlas?».
El monje se rió y contestó: «¡Momento a momento; tal como siempre he vivido! Para mi nunca ha habido más que este momento, así que ¿qué más da si me quedan veinticuatro horas o veinticuatro años? Eso es irrelevante.
Yo siempre he vivido momento a momento así que un momento es más que suficiente para mí. Veinticuatro horas es demasiado; un momento es suficiente».
El rey no podía comprenderlo. El monje le dijo: «Señor déjeme preguntarle algo: ¿puede usted vivir dos momentos simultáneamente?».

Seguir leyendo