Archivo del 7 enero, 2009

Que no sea demasiado tarde

No dejemos las cosas para un “mejor momento” no sea que no tengamos tiempo de hacerlas feliz miercoles

Abandono del conocimiento

Abandono del conocimiento Estás preparado para abandonar la falsedad, para abandonar el conocimiento prestado e ingresar en tu sabiduría, en tu propia comprensión. Naropa era un gran estudioso, un gran erudito. Este relato sucedió antes que él se iluminara. Se cuenta que era el vice-canciller de una gran universidad, con diez mil discípulos propios. Un día se encontraba sentado, rodeado por sus discípulos. En torno de él se hallaban desparramados miles de textos sagrados, muy antiguos y raros. De pronto se quedó dormido y tuvo una visión. Es tan significativa que llamarla un sueño no sería justo, fue una visión. Vio a una anciana, horrible y fea. Era tal su fealdad que Naropa comenzó a temblar en su sueño… Ella le preguntó: `Naropa, ¿qué haces?`. El dijo: `Estoy estudiando`. `Qué estás estudiando?`, preguntó la anciana. El dijo: `Filosofía, religión, epistemología, lengua, lógica…` La anciana le preguntó: `¿Las entiendes?` Naropa dijo: `…Sí, las entiendo`. La anciana preguntó nuevamente: `¿Entiendes las palabras o el sentido?` y sus ojos eran tan penetrantes que era imposible mentirle… delante de sus ojos Naropa se sentí totalmente desnudo, transparente… Dijo: `Entiendo las palabras`. La mujer comenzó a bailar y a reir… y su fealdad se transformó. Una belleza sutil comenzó a surgir de su ser. Naropa pensó: `La he hecho tan feliz, ¿por qué no hacerla un poco más feliz?` Entonces añadió: `Sí, y también entiendo el sentido`. La mujer dejó de reir, dejó de bailar. Comenzó a lamentarse y a llorar y toda su fealdad volvió a aparecer, mil veces peor. Naropa preguntó: `¿Por qué? La mujer dijo: `Estaba contenta porque un gran estudioso como tú no mentía. Pero ahora lloro porque me has mentido. Sé, y tú sabes, que no entiendes el sentido`. La visión desapareció y Naropa se transformó. Abandonó la universidad, nunca más tocó un texto sagrado en toda su vida. Entendió… Un hombre de sabiduría, un hombre de entendimiento, tiene una frescura que lo rodea, una vida fragante, totalmente distinta a la de un erudito, a la de un hombre de conocimiento. El que entiende el sentido se vuelve hermoso, el que sólo entiende las palabras se vuelve feo. Y la mujer era sólo una proyección del interior de Naropa, de su propio ser, que se volvía feo por el conocimiento. Naropa comenzó su búsqueda. Los textos sagrados ya no sirven, ahora se necesita un Maestro vivo. Yoga: El Alfa y El Omega
Vol. 5, pp. 51-53

La receptividad

La receptividad Es tiempo de detener la agresiva búsqueda de respuestas. Vacíate totalmente, vuélvete receptivo a toda la existencia. Simplemente relájate, espera y disfruta. Un profesor de filosofía fue al Maestro Zen Nan-In y le preguntó acerca de Dios, la meditación y muchas cosas por el estilo. El Maestro lo escuchó silenciosamente y luego le dijo: `Te ves cansado. Has escalado esta alta montaña, has llegado de un remoto lugar. Déjame que primero te sirva té`. El profesor esperó. Hervía con preguntas, pero mientras cantaba el samovar y el aroma del té se difundía, el Maestro dijo: `Espera, no estés tan apurado. Quizás, hasta tomando el té pueden contestarse tus preguntas`. El profesor empezó a preguntarse si su viaje no habría sido en vano. `Este hombre parece loco, ¿cómo puede contestarse mi pregunta sobre Dios tomando té?. Pero también estaba cansado y sería bueno tomar una taza de té antes de descender de la montaña. El Maestro trajo la pava, vertió té en la taza y el té comenzó a inundar el plato, pero él continuó vertiéndolo. Luego el plato también se llenó. Sólo una gota más y el té habría comenzado a caer al piso. El profesor dijo: `Deténgase, ¡qué está haciendo! ¿no vé que la taza está llena, que el pato está lleno?` Y Nan-In dijo: `Esa es la precisa situación en la que te hallas. Tu mente está tan llena de preguntas que aún si respondo, no tienes lugar para alojar las respuestas. Y te digo, desde que entraste en esta casa, tus preguntas inundan todo el lugar. Esta pequeña choza está llena de tus preguntas. Regresa, vacía tu taza y luego ven. Primero haz un poco de espacio dentro de ti`. Has venido a una persona aún más peligrosa que Nan-In, porque para mí una taza vacía no será suficiente. La taza debe romperse íntegramente. Aún vacía, si estás allí, entonces estás lleno. Sólo cuando dejes de ser, el té podrá fluir dentro de tu ser. Sólo si no eres, realmente no habrá necesidad de volcar té dentro de ti. Cuando no eres, toda la existencia comienza a volcarse, desde todas las dimensiones, desde todas las direcciones. Raíces y Alas
p. 3