Archivo del 6 enero, 2009

¿Qué pasaría si diera todo?

Alguna vez has pensado en todo lo que guardas lo que no das lo que escondes…

¿Qué pasaría si dieras todo?

Espero les guste el video que tengan un excelente día.

Ser Comun

Ser común Simplemente ser común resulta un milagro. El no anhelar ser alguien es un milagro. Permite que la naturaleza siga su curso, déjala. Sucedió en una oportunidad que Bankei, un Maestro Zen, estaba trabajando en su jardín. Llegó un buscador y le preguntó a Bankei: `Jardinero, ¿dónde está el Maestro? Bankei rió y dijo: `Por esa puerta, adentro hallarás al Maestro`. Bankei entró por una puerta lateral y se sentó en la única silla, en el centro del salón. Cuando el buscador se acostumbró a la oscuridad y lo vió, le ordenó abandonar inmediatamente la silla del Maestro. Bankei se sentó en el piso y dijo: `Ahora no hallarás al Maestro en la silla, porque yo soy el Maestro`. Al hombre le resulto muy difícil ver que un gran Maestro pudiera ser tan común. Se fue… y perdió. Se hallaba Bankei un día, predicando tranquilamente a sus seguidores, cuando su prédica fue interrumpida por un sacerdote de otra secta. Esta secta creía en el poder de los milagros.  El sacerdote se jactó de que el fundador de su religón podía pararse en una orilla del río con un pincel en su mano y escribir un nombre sagrado sobre un pedazo de papel que sostenía un asistente en la orilla opuesta del río. Luego preguntó: `¿Qué milagros puedes tú hacer?`. Bankei respondió: `Sólo uno: cuando tengo hambre, como y cuando tengo sed, bebo`,

El milagro único, el milagro imposible, es simplemente ser común. El anhelo de la mente es ser extraordinaria. El ego ansía reconocimiento. Y éste es un milagro cuando aceptas tu nadiedad, cuando puedes ser simplemente tan común como cualquier otra persona, cuando no pides reconocimiento, cuando puedes existir como si no estuvieras existiendo. El poder nunca es espiritual. La gente que hace milagros no es espiritual en ningún sentido, sólo está difundiendo la magia en nombre de la religión, lo cual es muy peligroso. Tu mente dirá: `¿Qué tipo de milagro es éste, cuando estoy hambriento, como; cuando estoy somnoliento, duermo`. Cuando no tienes hambre, cuando el estómago está lleno, la mente dice: `Sigue comiendo, la comida es deliciosa`. Tu mente interfiere. Bankei está diciendo: `Fluyo con la naturaleza. Cualquier cosa que sienta todo mi ser, la hago. No existe ninguna mente fragmentaria que lo manipula`. Yo también conozco sólo un milagro: dejar que la naturaleza siga su curso, permitírselo. Raices y Alas
pp. 212-221

Confucio y las cualidades del agua

Una vez, Confucio paseaba por la orilla de un río y veía el agua que fluía corriente tras corriente.  De repente, se le ocurrió un pensamiento y exclamó: —¡El transcurso del tiempo es como el agua del río que no deja de fluir!

Le impresionó tanto a Confucio el agua del río, que la admiraría luego en muchas ocasiones.  Además, el agua del río nos sugiere otras semejanzas, tales como: cuando está tranquila es tan mansa como una oveja; pero cuando es torrencial, es tan impetuosa como el galope de diez mil caballos.  ¿Qué os sugiere el agua del río?  Veamos qué pensaba Mencio sobre el agua.

Mencio fue un gran filósofo que se dedicó a investigar y desarrollar el pensamiento de Confucio.  Cierto día, un tal Hsü-pi le preguntó a Mencio por qué Confucio cuando veía el agua exclamaba:

—¡Agua, agua!

Mencio contestó:

—Observemos primero las cualidades del agua.  Un río, desde su manantial corre sin cesar día y noche; si en su curso hay una fosa, la llenará y seguirá corriendo sin interrupción hasta llegar al mar.

—¡Exactamente!  Así es el agua del río! —exclamó Hsü-pi.

Mencio continuó:

—Ahora vamos a ver el agua en la acequia del arrozal y el agua en la cuneta al lado del camino.  Son aguas sin manantial que se desbordarán fácilmente después de los chaparrones en julio y agosto, pero que poco después de una lluvia ligera se secarán muy rápidamente.  ¿Ves claro lo que ocurre?

—Sí, he notado los cambios, ¿pero eso tiene un sentido especial? —preguntó Hsü-pi.

Mencio le contestó:

—El agua que tiene manantial es como una persona virtuosa y cabal que estudia seriamente y va tras la verdad, como la corriente del río que no se detiene hasta alcanzar su límite perfecto.  En cambio, los desaguaderos que no tienen manantial son como los hipócritas que sólo logran ser admirados a corto plazo; pronto la gente descubrirá fácilmente su máscara.  De hecho, un hombre bueno no se siente feliz cuando la admiración que le tributan es demasiado exagerada.  Por eso, Confucio se impresionó al ver agua.

Mencio se vale de la metáfora de río para describir a un hombre de virtud y talento; una persona que aplica todas las fuerzas de su inteligencia al estudio y mantiene un nivel elevado en su especialidad.  Esta anécdota también nos estimula a ser auténticos en nuestra conducta y a evitar toda hipocresía.