Archivo del 15 agosto, 2007

¿Sabias qué?

Y tu ¿sabias?

El devoto en la cueva

Un hombre devoto había estudiado con diferentes maestros todo las técnicas de conocimiento interior. En cierto momento el último de sus maestros le dijo: -Ahora puedes marcharte y espera tu oportunidad. El hombre se adentró en las montañas y se instaló en una cueva donde pasaba la mayoría del tiempo en constante meditación. Una noche muy fría se le presentaron tres demonios horribles, rugiendo y lanzando fuegos por sus bocas. El hombre salió corriendo y espantado de aquella cueva. En el frío de la noche se sintió desesperado sin saber qué hacer. Entonces reflexionó y se dijo:


-Ésta es mi oportunidad para poner en práctica todo mi aprendizaje de tantos años. Entró en la cueva y allí estaban los horribles demonios jadeando y moviendo sus colas dispuestos a lanzarse sobre el hombre. Éste les dijo: -Ustedes deben hacer su trabajo que es aniquilarme por completo yo en cambio debo hacer el mío que es defenderme de todo aquello que es inútil para mi beneficio. Así que sentémonos y hablemos acerca de nuestros trabajos. En ese momento los horribles diablos empezaron a empequeñecerse y arrugarse hasta que finalmente se disiparon.

El caracol en la carretera

Un discípulo se adelantó a su maestro de sabiduría y le dijo: -Maestro encontré a un caracol en la carretera, lo cogí y lo puse en mi jardín para que no fuera aplastado por lo coches. El maestro respondió:


-¡Idiota!, ¿cómo te atreves a perturbar el destino de esa criatura? El discípulo se marchó avergonzado, volvió a su jardín y tomando nuevamente al caracol lo devolvió a la carretera. Nuevamente volvió a su maestro y le dijo: -Maestro devolví el caracol a su lugar para que se siguiera el curso de su destino. El maestro le dijo otra vez: -¡Idiota!, ¿cómo te atreves nuevamente a perturbar el destino de esa criatura?

El náufrago en la isla desierta

El único sobreviviente de un naufragio llegó a una desabitada isla. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado y cada día divisaba el horizonte en busca de una ayuda que no llegaba. Cansado optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y guardar sus pocas pertenencias. Entonces un día, tras merodear por la isla, en busca de alimento regresó a la cabaña para encontrarla envuelta en llamas con una gran columna de humo levantándose hacia el cielo. Lo peor había ocurrido; lo había perdido todo y se encontraba en un estado de desesperación y rabia.

-¡Oh Dios!, ¿cómo puedes hacerme esto?, -se lamentaba. Sin embargo al amanecer del día siguiente se despertó con el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a salvarlo. -¿Cómo supieron que estaba aquí?, -preguntó el cansado hombre a sus salvadores. -Vimos su señal de humo, -contestaron ellos. Es muy fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal. Recuerda que cuando tu cabaña se vuelva humo, puede ser la señal de que la ayuda está en camino.