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te sientes solo o estas solo????

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Se puede estar solo sin sentirse solo, lo cual implica disfrutar del tiempo que pasamos en soledad sin sentirnos vacíos ni tristes. Para ésto, debemos valorarnos, conocernos y gustarnos tal y como somos, sin llegar a menospreciarnos en ningún momento.

No sentirnos solos, también es una actitud ante la vida, de la cual  tenemos que encargarnos nosotros de cultivarla. Según encaremos la vida y la visión que tengamos de ella, nos sentiremos solos o no. Disponemos de los medios necesarios para labrar la vida que tenemos, pero si no lo hacemos solo será responsabilidad nuestra y de nadie más.

A veces nos sentimos solos estando acompañados, y ahí es donde falla la comunicación con los demás. El tener pareja o una familia, no te asegura que dejes de sentirte solo…para dejar de hacerlo te tienes que sentir bien contigo mismo, y así te sentirás bien con los demás.

Lamentarnos de la soledad que sentimos, no nos ayudará en absoluto…si nos conociesemos bien a nosotros mismos, nos daríamos cuenta del potencial que tenemos para que todo sea diferente. Pasar tiempo a solas, nos proporciona un conocimiento de nuestro yo, que dificilmente nadie lo logrará.

Muchas veces, en el afán de no estar solos llenamos los espacios de actividades y de gente lo que no necesariamente redunda en dejar de sentir soledad, el reencuentro con ella entoces suele ser más patetico.

El flexibilizar nuestra mirada nos permite ahondar en nuestras creencias a los fines de considerar que podemos contar o encontrar a alguien que nos acompañe y que si bien no siempre encontramos satisfacción en algo o alguien en particular, siempre podemos hacer algo con esto.

y si se sienten solos les mando un mega abrazo de oso con mucho cariño Andrea.

Gustavo Alejandro Castiñeiras. Poema de un Recuerdo

Dime por favor donde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.

Dime por favor en que vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.

Dime por favor por qué camino,
podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descanzar de mi tristeza.

Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.

Dime por favor donde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.

Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.

Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.

El televisor

Mientras oraba antes de acostarse, un niño pidió con devoción:

“Señor, esta noche te pido algo especial: conviérteme en un televisor. Quisiera ocupar su lugar. Quisiera vivir lo que vive la tele de mi casa. Es decir, tener un cuarto especial para mí y reunir a todos los miembros de la familia a mi alrededor.”

“Ser tomado en serio cuando hablo. Convertirme en el centro de atención y ser aquel al que todos quieren escuchar sin interrumpirlo ni cuestionarlo. Quisiera sentir el cuidado especial que recibe la tele cuando algo no funciona.”

“Y tener la compañía de mi papá cuando llega a casa, aunque esté cansado del trabajo. Y que mi mamá me busque cuando esté sola y aburrida, en lugar de ignorarme. Y que mis hermanos se peleen por estar conmigo.”

“Y que pueda divertirlos a todos, aunque a veces no les diga nada. Quisiera vivir la sensación de que lo dejen todo por pasar unos momentos a mi lado.”

“Señor, no te pido mucho. Sólo vivir lo que vive cualquier televisor”.