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Elegir el camino

Cuando se le preguntó a Bektash*: -¿Porqué los caminos de desarrollo difieren? Éste respondió: -Dispara una flecha hacia un blanco. Para hacer esto, necesitas un arco, una flecha, un blanco y una persona que dispare. Estos son los elementos que conforman la acción. Pero si el propósito es golpear un objeto contra otro, hay miles de formas de lograrlo. Solo las personas muy superficiales pensarán que la única forma de golpear un objeto con otro consiste en el tiro de la flecha con el arco. Esto es el camino interno, y -continuó Bektash- todo lo que tienen que hacer es darse cuenta de esto. -Pero, -insistió su interlocutor- ¿cómo sabremos cuál es nuestro camino?
-Las personas que pretendan que ustedes sabrán cual es el mejor camino para ustedes, son las que pretenden que lo que les gusta a ustedes es lo que necesitan. El ser humano probablemente no conoce el camino por sí mismo. Necesita que alguien acomode las circunstancias, así como alineando dos superficies para que entren en colisión, en la analogía del arco y el blanco.

*Fundó la orden de derviches Bektasi. Su fama de santidad hizo que se le diera el nombre de Haci Bektas Veli (haci puede traducirse como “peregrino”, y veli significa aproximadamente “derviche y santo”). Su filosofía tiene un carácter humanista, basado en la tolerancia y en el amor a la humanidad, y cuenta entre sus preceptos la idea de la igualdad de la mujer. Prestó gran atención a las tradiciones de los clanes turcos, y fue uno de los primeros autores que utilizó el turco como lengua literaria, en libros como Makalat, Feviad, Sadhiyye y Serh-i Besmele.

El carro de la vida

Existió un viajero que tuvo que hacer una larga travesía, ató su animal a un carro e inició la marcha hacia un largo destino, con un límite fijo de tiempo. Al animal lo llamo Necesidad, al carro Deseo, a una rueda la llamó Placer y a la otra Sufrimiento. Así pues el viajero llevaba su carro a derecha e izquierda, pero siempre hacia su destino. Cuanto más velozmente iba el carro, más rápidamente se movían las ruedas del Placer y el Sufrimiento, conectadas como estaban por el mismo eje y transportando como estaban el carro del Deseo.

Como el viaje era muy largo y nuestro viajero se aburría, decidió entonces decorarlo, ornamentarlo con muchas bellezas. Pero cuanto más embelleció el carro del Deseo más pesado se hizo para la Necesidad, de tal manera que en las curvas y en las cuestas, el pobre animal desfallecía no pudiendo arrastrar el carro del Deseo. En los caminos arenosos las ruedas del Placer y el Sufrimiento se incrustaban en el piso.

El viajero desesperado, porque el camino era muy largo y estaba muy lejos su destino, decidió meditar sobre el problema y, al hacerlo, escuchó el relincho de su viejo amigo. Comprendiendo el mensaje, a la mañana siguiente desbarató los adornos del carro, lo alivió de sus pesos y muy temprano llevó al trote a su animal avanzando hacia su destino. No obstante , había perdido un tiempo que ya era irrecuperable. A la noche siguiente volvió a meditar y comprendió, por un nuevo aviso de su amigo, que tenía ahora que acometer una tarea doblemente difícil, porque significaba su desprendimiento.

Muy de madrugada sacrificó el carro del Deseo. Es cierto que al hacerlo perdió la rueda del Placer, pero con ella perdió también la rueda del Sufrimiento. Montó al animal de la Necesidad, y sobre sus lomos, galopó por las verdes praderas hasta llegar a su destino.

Los obstaculos en nuestro camino

Un rey puso una gran roca en medio del camino, obstaculizando el paso. Luego se escondió para ver si alguien la retiraba.

Los comerciantes más adinerados del reino y algunos cortesanos que pasaron simplemente rodearon la roca. Muchos culparon al rey de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para retirar el obstáculo.

Entonces llegó un campesino que llevaba una carga de verduras. La dejó en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga, encontró una cartera en el piso, justo donde había estado la roca. Contenía muchas monedas de oro y una nota del rey, indicando que esa era la recompensa para quien despejara el camino.

El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.

Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la propia condición. ¡Si alguna vez cae, levántese y siga adelante!