No puedes obligar a nadie a que te quiera

Probablemente esta sea una de las cosas más difíciles de aceptar en asuntos del corazón. Tú encuentras a la persona que llevas buscando toda la vida, pero ella no parece darse cuenta. Y haces cuanta cosa para que se de cuenta que estas ahí.

A lo mejor la acabas de conocer, estás loco por ella y, sin embargo, ella no parece estar igual; estás esperando que se dé cuenta de que están hechos el uno para el otro… O quizá llevas ya un par de años juntos (sí, está a gusto contigo, se ha acostumbrado) pero en el fondo sabes que no te quiere.

Más pronto o más tarde (más bien más tarde) te acabará diciendo que las cosas no marchan como ella pensaba, pero tú no quieres ni oírlo. Intentas convencerle para que te dé otra oportunidad, vas a cambiar, vas a ser la persona que ella desea. Es humillante, pero tú no lo ves. Tú crees que merece la pena luchar por ese amor, minas tu seguridad en ti mismo y tu autoestima, todo lo que quieras; pues aún así, no te querrá. Porque no puede. Y te lo dirá de forma suave y con disculpas o de forma brutal y desagradable.

Y eso ocurre en el mundo entero cuando en una relación sólo ama uno de los dos. Piensa en parejas que conozcas; apuesto a que habrá alguna que tenga este perfil.

Conozco a gente que ha pasado por esto y que ha tardado meses o incluso años en darse cuenta de que no hay ninguna posibilidad. A partir de ese momento, lo que han hecho es buscar parejas cuyo amor sea recíproco. Lo gracioso es que todos los que han pasado por una experiencia así, dicen lo mismo: gracias a Dios que aquella relación terminó, porque con esta nueva soy una persona feliz.

O sea, por muy maravillosa que sea la persona a la que amas, si ella no te quiere a ti, la relación se va a pique. Incluso imaginando que podría llegar a quererte, si eso supone que tú luches a brazo partido y te des zapes a ti mismo, de verdad no merece la pena. Tú debes desear a alguien que te quiera como eres, no como pretendes o intentas aparentar. Si crees que estás con alguien que no te quiere, sé valiente y termina la relación antes de que esa persona la termine. Te sentirás mal por perderla, pero contento por haberte enfrentado a la verdad y un día, al echar la vista atrás, te darás cuenta de que tomaste la decisión acertada.


ERES UNA PERSONA VALIOSA, NO INTENTES CAMBIAR PARA LLEGAR A SER LO QUE TU PAREJA QUIERE QUE SEAS.

DEJAME IR………YA NO ME LLAMES

¿Hay algo que pueda doler más que escuchar estas palabras en boca de aquel a quien amas?

 Había una vez……….una pareja, toda su vida parecía buena, muy unida, ambos formaban una gran pareja, de esas que ves en la calle y dices, “¡mira que existe el amor!”, todo lo que hacían era para agradarse el uno con el otro, se pensaba que era una pareja con un futuro, ella sólo hablaba de lo maravilloso que era tener ese amor.
Pero un día todo cambió.

No se dio cuenta cuando un día le dijo “dejame ir, no quiero que me llames, necesito estar sólo, necesito espacio”.
— Ella quedó muda, fría y paralizada, no pensó nunca en ese día, todas sus esperanzas estaban depositadas en esa relación… eran perfectos el uno para el otro o bueno eso creia ella  y de un día sin avoso, ¿él le decía eso? ¿Qué pasó? No podía comprender que todo se acabara, ella no estaba dispuesta a romper con esa relación sólo porque un dia le dijo eso..

Tenía que saber qué pasabay sin pensarlo dos veces fue a buscarle a su trabajo, le dijeron que no había ido, que estaba con un permiso .Hace apenas 24 horas ella había estado con él, y no le vio mal. Incluso estaba tan decidido a romper con ella que hasta le pareció soberbio ¿y ahora no estaba en su trabajo?

Su mente empezó a trabajar y pensar, se quedó sentada un rato en aquel banco de la plaza cerca de su casa, cuando le vió a él, a su novio de años, del que tenía los más bellos recuerdos, aquel que ya se daba por sentado que se casaría con ella… y estaba allí, entrando a una cafetería con una chica. Se le veía contento, tanto que quedó sentada en su banco sin poder moverse o reaccionar, no le había visto esa cara de felicidad desde hacía mucho tiempo.

Pensó qué hacer, lloraba mientras la gente pasaba y no podía comprender qué hace una mujer llorando en un banco de plaza, se sintió muy ridícula, se dió cuenta que su pareja se había enamorado y a eso se debían los cambios que ella estaba viendo ahora.

No importa, si es joven o si es mayor aquella otra persona, muchas veces en la vida eso es irrelevante, lo que importaba ahora, era ¿qué pasaría con su vida, y con todos esos años perdidos?

Tenia que hablar con él, cuando lo vio solo se acercó y sin temor le preguntó: ¿quién esa esa mujer que estaba contigo?Tan directa fue la pregunta que no hubo tiempo de reaccionar, le respondió: “La vi y me enamoré de ella, no sé qué me pasa, estoy confundido”.
—Se le quedó mirando a la cara:¿Confundido?qué es lo que te pasa, nada de confundido, estás con ella o estás conmigo”. Furiosa de la respuesta, le puso punto final a esa relación de tanto tiempo.

Ella no estaba dispuesta a perdonar nada, con los años que pasaron juntos no podía haber lugar para “confusiones”.

Pasaba el tiempo, y el dolor continuaba, ella no podía soportarlo. ¿Qué se piensa él? ¿Que todo pasa y se olvida tan rápidamente? ¿Que los sentimientos pueden cambiar de un día para otro? ¿que ella podría recuperarse así sin más? La vida no es a banda ancha, los sentimientos no pasan tan rápido.

Ella tiene derecho a llorarel tiempo que desee, recomponer su vida como quiera, y tomar su tiempo para ello… La recuperación anímica no tiene porqué llegar rápidamente, hay que dejar que pase todo lentamente, que una mujer no es una conexión de ADSL DE 6 GIGAS.

Es muy fácil decir: “Ya se te olvidará”, “pronto estarás bien”… y no amigas, eso no es tan fácil, eso no es así. Hay que dar tiempo para que todo pase, sin apurar las cosas, la vida no es así como la tecnología, la vida es más lenta y las desilusiones no se van de un día para otro. A una mujer con el corazón roto sólo podemos darle una opinión y dejarla en su silencio, que con el tiempo vuelva a la cordura, y confiar que cuando esté preparada saldrá a la luz. Pero por ahora sólo queda esperar que para ella brille el sol.

Espero que esta historia les haga reflexionar, que en la vida nada es como parece, lo que parece no es siempre la vida de una persona, y que todas necesitamos nuestro tiempo para recomponernos.

CON TODO CARIÑO……..ANDREA.

TU ERES LO QUE PIENSAS

Saben amigos el sufrimiento es algo que UNO MISMO se causa con nuestros pensamientos, el filosofo griego Epicuro decia: no son las cosas en si lo que nos hacen daño sino lo que pensamos de ellas, asi que date cuenta que el sufrimiento es algo que Tu te causas a ti mism@, con “tus pensamientos”… que son los que activan todo el dolor emocional.. que te hace sentir mal y además por la ley de atracción atraerá hacia ti mas situaciones y circunstancias que incrementaran el sufrimiento emocional y atraerán también, en mayor grado, circunstancias difíciles en tu experiencia de vida.

El sufrimiento que Tu mism@ te causas.. con tu pensar.. te aleja de tu “YO” más elevado, sabio y poderoso.. que es donde está la fuente de tu poder y bienestar.

Una cosa es el dolor físico, por cualquier causa que sea,.. por ejemplo, un golpe en el dedo gordo del pie… auchs!! duele mucho,… ¿pero porque además de sentir ese dolor físico, tu le sumarias el dolor emocional de sufrir por ello?… Simplemente atenderías el problema físico, como deba ser, y buscarías pensamientos y/o actividades que te hagan sentir bien.

¡¡ DESPIERTA LA VIDA ES CORTA Y HAY QUE VIVIR EL AQUÍ Y EL AHORA ¡!..

oJo:

Surge mucho sufrimiento, mucha infelicidad, ..cuando crees que es asi..

que es verdad cada pensamiento que se te pasa por la cabeza.

Las situaciones no te hacen infeliz.

Pueden causarte dolor físico,.. pero no te hacen infeliz.

Tus pensamientos te hacen infeliz.

Tus interpretaciones, las historias que te cuentas, te hacen infeliz.

Cuando te das cuenta de que:

“Los pensamientos que estoy teniendo ahora mismo me hacen infeliz”.

Cuando te das cuenta de este hecho,..

rompes tu identificación con dichos pensamientos

QUE HOY SEA UNO DE TUS MEJORES DIAS 🙂
BRILLA SIEMPRE

DOS NÚMEROS MENOS JORGE BUCAY

El hombre entra en la zapatería, un vendedor amable se le acerca:

—¿En qué lo puedo servir, señor?

—Quisiera un par de zapatos negros como los de la vidriera.

—Cómo no, señor. A ver, a ver… el número que busca…

debe ser… 41, ¿verdad?

—No, quiero un 39, por favor.

—Disculpe, señor, hace veinte años que trabajo en esto y el número suyo debe ser 41, quizás 40, pero… ¿39?

—39 por favor.

—Disculpe, ¿me permite que le mida el pie?

—Mida lo que quiera, pero yo quiero un par de zapatos 39..El vendedor saca de un cajón ese extraño aparato que usan los vendedores de zapatos para medir pies y con satisfacción, proclama:

—¿Vio? Como yo decía: ¡41!

—Dígame ¿quién va a pagar los zapatos usted o yo?

—Usted.

—Bien, entonces ¿me trae un 39?

El vendedor, entre resignado y sorprendido, va a buscar el par de zapatos número 39. En el camino se da cuenta de lo que pasa: los zapatos no son para él, seguramente son para hacer un regalo.

—Señor, aquí los tiene: 39 negros.

—¿Me da un calzador?

—¿Se los va a poner?

—Sí. Claro.

—Son… ¿para usted?

—¡Sí! ¿Me trae el calzador?

El calzador era imprescindible para conseguir hacer entrar ESE pie en ESE zapato. Después de varios intentos y de ridículas posiciones, el cliente consigue meter todo el pie dentro del zapato. Entre ayes y gruñidos camina algunos pasos, con dificultad, sobre la alfombra.

—Está bien. Los llevo.

El vendedor siente dolor en sus propios pies de sólo imaginar los dedos aplastados dentro del 39.

—¿Se los envuelvo?

—No, gracias. Los llevo puestos.

El cliente sale del negocio y camina, como puede, las tres cuadras que lo separan de su trabajo.

El hombre trabaja de cajero (¡!) en un banco. A las cuatro de la tarde, después de haber pasado más de seis horas parado dentro de esos zapatos, su cara está desencajada, tiene las conjuntivas inyectadas y lágrimas caen copiosamente de sus ojos.

Su compañero, de la caja de al lado, lo ha estado mirando toda la tarde y está preocupado por él:

—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?

—No. Son los zapatos..—¿Qué pasa con los zapatos?

—Me aprietan.

—¿Qué pasó? ¿Se mojaron?

—No, son dos números más chicos que mi pie…

—¿De quién son?

—Míos.

—No entiendo. ¿No te duelen los pies?

—Me matan, los pies.

—¿Y entonces?

—Te explico –dice, tragando saliva—. Yo no vivo una vida de grandes satisfacciones, en realidad, en los últimos tiempos tengo muy pocos momentos agradables.

—¿Y?

—Yo me mato con estos zapatos. Sufro como un hijo de puta, es verdad… Pero dentro de unas horas, cuando llegue a mi casa y me los saque… ¿Te imaginas el placer?… Qué placer, loco… ¡Qué placer!

Poema numero 20 (xx) (Pablo Neruda)

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: ” La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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