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Agua OSHO
Agua
En todas las tribus primitivas, el agua simboliza la vida. La vida se basa en el agua: el ochenta y cinco por ciento del cuerpo humano es agua. Toda la vida, tanto la del hombre como la de los animales, los árboles y los pájaros, depende del agua. El agua era uno de los elementos básicos a los que había que rendir culto. Lo mismo que al sol, todos los pueblos primitivos rendían culto al agua; ambos eran venerados como dioses. Y tiene al mismo tiempo un significado metafórico.
El agua representa varias cosas. La primera es que no tiene forma, pero puede adoptar cualquiera; tiene la capacidad de adaptarse a todas las formas. Si la viertes en un tarro, adopta la forma del tarro, y si la viertes en un vaso, toma la forma del vaso. Es infinitamente adaptable. Ahí radica su virtud: no conoce la rigidez. El hombre debe ser como el agua, y no tan rígido y frío como el hielo.
El agua siempre fluye en dirección al mar. Esté donde esté, siempre se dirige hacia el mar: hacia el infinito. El hombre debe ser como el agua y encaminarse siempre hacia Dios. El agua se conserva pura mientras está en movimiento: si fluye; y si se queda parada, se vuelve impura: estancada. Así que tanto el hombre como su conciencia deben mantenerse en movimiento, siempre fluyendo, y no quedarse parados en ninguna parte.
Cuando el hombre se queda parado, se vuelve sucio e impuro. Si el flujo se mantiene y uno está dispuesto a pasar de un instante al siguiente sin asideros y sin el lastre del pasado, conserva la inocencia y la pureza.
LA RESPUESTA
LA RESPUESTA
Cierta vez un hombre interrogó al rabino Joshua ben Karechah:
¿Por qué Dios escogió una zarza para hablar con Moisés?
El rabino respondió:
Si él hubiera escogido un olivo o una morera, tú te habrías hecho la misma pregunta. Pero no puedo dejarte sin una respuesta: por eso te digo que Dios escogió una mísera y pequeña zarza para mostrar que no hay ningún lugar de la tierra donde Él no esté presente.
GANDHI FRENTE A LA IGLESIA
GANDHI FRENTE A LA IGLESIA
En su autobiografía, Mohandas Gandhi cuenta que, durante su período de estudiante en Sudáfrica, se interesó por los Evangelios, y llegó a considerar seriamente la posibilidad de convertirse al catolicismo.
Para obtener mayores conocimientos, decidió ir hasta la iglesia del barrio donde vivía. Cuando llegó, un hombre le preguntó:
- ¿Qué desea?
- Asistir a una misa -respondió Gandhi. -Y pedirle alguna ayuda a Dios.
Gentilmente, el hombre le dijo:
Por favor, vaya a la iglesia que se encuentra a dos cuadras de aquí. Ésta es sólo para blancos.
Nunca más Gandhi fue a ninguna iglesia
Mas alla de la codicia
Más allá de la codicia Lleva tu `darte cuenta` en una dirección positiva hacia la confianza de que todo lo que nos es dado es totalmente bueno, y con esta confianza permítete a ti mismo danzar en gratitud. Narada, el gran místico indio, se dirigía a ver a Dios. Tocando su veena, atravesó un bosque y se encontró con un muy anciano sabio, sentado bajo un árbol. El anciano sabio dijo: `Por favor, hazle a Dios una pregunta de mi parte. He estado realizando todo tipo de esfuerzos durante tres vidas, ¿cuánto más es ahora necesario? ¿Cuándo tengrá lugar mi liberación?` Narada rió y dijo: `Está bien`. Prosiguiendo su camino halló debajo de otro árbol a un joven bailando y cantando con su ektara. Bromeando Nadara le preguntó: `¿Querrías tú también hacerle alguna pregunta a Dios?` El joven no respondió. Continuó bailando como si no hubiera escuchado nada. Después de unos pocos días Narada regresó. Le dijo al anciano: `Le pregunté a Dios. Dijo que tres vidas más`. El anciano estaba furioso. Arrojó su collar y sus escrituras. Dijo, `Esto es totalmente injusto! Tres vidas más!`. Narada caminó hacia el joven, que se hallaba nuevamente bailando y le dijo: `Aunque no lo preguntaste, yo le pregunté a Dios acerca de ti. Pero ahora temo decírtelo o no. Habiendo visto la ira del anciano comienzo a dudar`.
El joven no dijo nada; continuó bailando. Narada le dijo: `Cuando le pregunté, Dios dijo: `Dile al joven que deberá nacer tantas veces como existen hojas en el árbol debajo del cual él baila`. Y el joven comenzó a bailar aún más extáticamente. Dijo: `¿Tan Rápido?` Hay tantos árboles en el mundo y tantas hojas… ¿sólo ésto? Cuando veas a Dios la próxima vez, agradécele`. Y se cuenta que el joven fue liberado en ese preciso momento. Si la confianza es tan total, el tiempo no es necesario. Si no existe la confianza, entonces ni siquiera tres vidas serán suficientes. Y mi sensación es que el anciano debe aún hallarse por ahí todavía hoy. Semejante mente no puede liberarse. Semejante mente es el infierno. El Perfecto Maestro
Vol. 2, pp. 287-289
La codicia
La codicia Date cuenta de tu mente y de su codicia y falta de confianza. Con el darse cuenta surge la oportunidad para que la codicia se transforme. Narada, el gran místico indio, se dirigía a ver a Dios. Tocando su veena, atravesó un bosque y se encontró con un muy anciano sabio, sentado bajo un árbol. El anciano sabio dijo: `Por favor, hazle a Dios una pregunta de mi parte. He estado realizando todo tipo de esfuerzos durante tres vidas, ¿cuánto más es ahora necesario? ¿Cuándo tengrá lugar mi liberación?` Narada rió y dijo: `Está bien`. Prosiguiendo su camino halló debajo de otro árbol a un joven bailando y cantando con su ektara. Bromeando Nadara le preguntó: `¿Querrías tú también hacerle alguna pregunta a Dios?` El joven no respondió. Continuó bailando como si no hubiera escuchado nada. Después de unos pocos días Narada regresó. Le dijo al anciano: `Le pregunté a Dios. Dijo que tres vidas más`. El anciano estaba furioso. Arrojó su collar y sus escrituras. Dijo, `Esto es totalmente injusto! Tres vidas más!`. Narada caminó hacia el joven, que se hallaba nuevamente bailando y le dijo: `Aunque no lo preguntaste, yo le pregunté a Dios acerca de ti. Pero ahora temo decírtelo o no. Habiendo visto la ira del anciano comienzo a dudar`. El joven no dijo nada; continuó bailando. Narada le dijo: `Cuando le pregunté, Dios dijo: `Dile al joven que deberá nacer tantas veces como existen hojas en el árbol debajo del cual él baila`.
Y el joven comenzó a bailar aún más extáticamente. Dijo: `¿Tan Rápido?` Hay tantos árboles en el mundo y tantas hojas… ¿sólo ésto? Cuando veas a Dios la próxima vez, agradécele`. Y se cuenta que el joven fue liberado en ese preciso momento. Si la confianza es tan total, el tiempo no es necesario. Si no existe la confianza, entonces ni siquiera tres vidas serán suficientes. Y mi sensación es que el anciano debe aún hallarse por ahí todavía hoy. Semejante mente no puede liberarse. Semejante mente es el infierno. El Perfecto Maestro
Vol. 2, pp. 287-289
Cambiar yo para que cambie el mundo
El sufí Bayazid dice acerca de sí mismo: «De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: ‘Señor, dame fuerzas par cambiar el mundo’». «A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir:
‘Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho’».
«Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: ‘Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo’. Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida».
¿Qué pasa en este mundo que queremos cambiar a todos pero nunca pensamos en lo que nos gustaría cambiar de nosotros mismos?
Empezar
Había una vez un hombre que tuvo un sueño, en el cual Dios le encomendaba una importante misión:
-Debes cambiar el mundo, para convertirlo en un mundo mejor.
Al día siguiente cuando el hombre despertó, se dijo:
-Y ahora por donde empiezo entre todos los países del mundo? Pues empiezo con mi país. ¿Y de todas las ciudades…? Pues empiezo con la mía. ¿Y entre todos los barrios?, empezaré con el mío. ¿Y entre todas las viviendas?, pues por mi casa. ¿Y entre todos los miembros de mi familia?, pues empezaré conmigo mismo.