Crueldad a la soledad

Que crueles somos con la soledad, unas veces la vestimos de soledad, otras de desgracia. Unas veces le agradecemos que nos llene de valor, otras le reclamamos que nos llene de impotencia. Que crueles somos con la soledad, cuando la basamos en nuestro estado de ánimo. Cuando un día es la primera opción, y al día siguiente un plato de segunda mesa. Que crueles somos con la soledad, al decirle que no nos deje, pero la venderíamos por un gramo de popularidad. Que crueles somos con la soledad, cuando somos nosotros mismos, nos agrada de vez en cuando, pero cuando aparentamos ante los demás, la negamos. Que crueles somos con la soledad, que se tiene que conformar solo con una parte de nosotros, mientras que a otros “estados”, les damos más de lo que podemos dar. Que crueles somos con la soledad, cuando la definimos como abstracta y la utilizamos como concreta, obligándola a usar antifaz. Que crueles somos con la soledad, cuando la utilizamos como pretexto, y en ocasiones como razón. Que crueles somos con la soledad, cuando le mentimos. Que crueles somos con la soledad, cuando le reclamamos frente al espejo, cuando duerme en el alma. Que crueles somos con la soledad, cuando no nos queremos a nosotros mismos. Que crueles somos con la soledad, cuando la maquillamos más que a nosotros. Que crueles somos con nuestra soledad, cuando envidiamos otra soledad. Que crueles como con la soledad, cuando nos negamos a prestarle nuestro antifaz.

Junto A Tu Cuerpo ( Salvador Novo)

Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío Junto a tus hombros tersos de que nacen las rutas de tu abrazo, De que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas, Sentí de pronto el infinito vacío de su ausencia. Si todos estos años que me falta Como una planta trepadora que se coge del viento He sentido que llega o que regresa en cada contacto Y ávidamente rasgo todos los días un mensaje que nada contiene sino una fecha Y su nombre se agranda y vibra cada vez más profundamente Porque su voz no era más que para mi oído, Porque cegó mis ojos cuando apartó los suyos Y mi alma es como un gran templo deshabitado. Pero este cuerpo tuyo es un dios extraño Forjado en mis recuerdos, reflejo de mí mismo, Suave de mi tersura, grande por mis deseos, Máscara

Poema numero 20 (xx) (Pablo Neruda)

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: ” La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Cambiar yo para que cambie el mundo

El sufí Bayazid dice acerca de sí mismo: «De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: ‘Señor, dame fuerzas par cambiar el mundo’». «A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: ‘Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho’». «Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: ‘Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo’. Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida». ¿Qué pasa en este mundo que queremos cambiar a todos pero nunca pensamos en lo que nos gustaría cambiar de nosotros mismos? 

Diógenes y Alejandro Magno

Diógenes, el místico griego se encontró con Alejandro Magno cuando este se dirigía a la India. Era una mañana de invierno, soplaba el viento y Diógenes descansaba a la orilla de un río, sobre la arena, tomando el sol desnudo. Era un hombre hermoso. Cuando el alma es hermosa, surge una belleza que no es de este mundo… Alejandro no podía creer la belleza y gracia de aquel hombre y le dijo: -Señor -jamás había llamado “Señor” a nadie en su vida-, señor me ha impresionado enormemente su persona, además he oído hablar de su gran sabiduría. Me gustaría hacer algo por usted, ¿Qué podría hacer yo por usted? Muévete un poco hacia un lado, pues me estás tapando el sol, esto es todo, no necesito nada más -dijo Diógenes. -Si tengo una nueva oportunidad de volver a la tierra, le pediré a Dios que me convierta en Alejandro de nuevo y si esto no es posible, que me convierta en Diógenes. Diógenes se rió y dijo: -¿Quién te impide serlo ahora mismo? ¿Adónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos, ¿a dónde van? ¿Para qué?. -Voy a la India a conquistar el mundo entero -dijo Alejandro. -¿Y después que vas a hacer? -preguntó Diógenes. -Después voy a descansar. -Estás loco. Yo estoy descansando ahora. No he conquistado el mundo y no veo que necesidad hay de hacerlo. Si al final quieres descansar, ¿por qué no lo haces ahora? Y te digo más si no descansas ahora nunca lo harás. Morirás. Todo el mundo se muere en el camino, en medio del viaje. Alejandro se lo agradeció y le dijo que le recordaría, pero que ahora no podía detenerse. Alejandro cumplió su destino de conquistador pero no le dio tiempo de descansar antes de morir.

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