El viaje a la sierra oaxaqueña

Hace algunos ayeres, cuando aun no sabía que rumbo tomar en mi vida (últimos semestres de la prepa y estaba indecisa en cual carrera tomar), una maestra nos platicó una de sus aventuras de cuando empezo su vida de egresada.

Nos contó que se fue un tiempo a vivir a la sierra de Oaxaca, con los mixtecos, lejos de la ciudad, lejos de comodidades, pocos o nulos servicios básicos (luz, agua, teléfono, etc). Ella estaba consciente de que eso seria ¨incómodo¨, pero aun así se fue a la aventura, todo en lo qu ella pensaba era en eso, es decir, se preparó mentalmente para las ¨carencias¨ de los mixtecos, ella iría a aportar algo nuevo,a ¨ayudar¨ a ese pueblo.

Por lo tanto, con la emoción de irse a Oaxaca, se fue, estuvo unos dias, pero su mayor aprendizaje no fue el ir a ¨ayudar¨ a los mixtecos, ni acomodarse a dormir donde se pudiera sin servicios, sino la forma en como viven estas personas: cerca y con la NATURALEZA, en armonia con ella y como eso es parte de su vida, no un accesorio de esta.

Pero lo que mas le llamo a ella la atención y que fue lo que me hizo a mi querer estudiar psicologia fue lo que nos contó a continuación.

Estaban toda la comunidad alrededor de la fogata que a diario se hacía para preparar los alimentos y donde todos se reunian, cuando vio que uno de los niños más pequeños se acercó demasiado al fuego, ella trató de alejarlo y el niño casi bebé le hizo caso, pero unos minutos mas tarde de nuevo se acercó demasiado para su gusto, pero mientras ella tenía el alma en un hilo , también observó que la madre y los demás que estaban ahi no hacían nada para quitarlo de ahí. Entonces, desconcertada cuestionó a la madre del bebé el porqué no hacía nada para alejarlo del peligro, a lo que ella le contestó que el fuego era un elemento con el cual él tenía que aprender a convivir, conocerlo y saber su utilidad así como sus peligros, pero lo tenía que hacer por sí sólo, observando a los demás miembros de su grupo y al fuego mismo.

Ella se quedó sorprendida y cayó en cuenta de que también así los niños de esa comunidad maduraban más rápido, pero también eran más responsables de ellos mismos y su entorno.

Por eso quize ser psicóloga, por el hecho de que cuando parece que tu ¨enseñas¨cosas nuevas a la gente al mismo tiempo aprendes algo de ellos. Y sobre todo de la gente más humilde, de la que menos piensas te aportará algo, de los más pequeños, ellos son los maestros de la vida.

Feliz inicio de semana!!!

El tonto duerme

El tonto duerme…

Todos estáis dormidos, así que todos sois tontos. No os sintáis ofendidos. Las cosas hay que decirlas tal como son. Funcionáis en sueños; por eso vais dando tumbos, seguís haciendo cosas que no queréis hacer. Seguís haciendo cosas que habéis decidido no hacer. Seguís haciendo cosas que sabéis que no están bien y no hacéis co­sas que sabéis que están bien.

¿Cómo es posible tal cosa? ¿Por qué no podéis andar derechos? ¿Por qué seguís atrapados en caminos que no conducen a ninguna parte? ¿Por qué seguís extraviándoos?

A un joven con bonita voz le proponen participar en una función teatral, pero él intenta librarse diciendo que siempre pasa vergüen­za en ese tipo de ocasiones. Le aseguran que será muy fácil, y que solo tiene que decir una frase: «Vengo a robar un beso y corro al combate. ¡Ah! Oigo un disparo de pistola…», y después abandonar el escenario.

Durante la función, el joven sale a escena, ya muy avergonzado por los cortos y ajustados pantalones coloniales que le han hecho ponerse en el último momento, y queda completamente trastorna­do al ver a la bella heroína que le espera tendida en una hamaca de jardín, con un vestido blanco. Carraspea y declara: «Vengo a sobar un berro… no, a robar un beso y combo al carrete, digo, corro al combate. ¡Ah! Oigo un pistolo de dispara… no, un esporo de pistilo, un pistado de perola… ¡Mierda, me cago en todos vosotros! ¡Ya os dije que no quería actuar en esta maldita función!»

Eso es lo que está pasando. Examina tu vida. Todo lo que sigues haciendo es tan confuso y confunde tanto… No tienes nada de clari­dad, no tienes nada: de percepción. No estás alerta. No ves, no oyes… Desde luego, tienes oídos para oír, pero dentro no hay nadie que lo entienda. Desde luego, tienes ojos para ver, pero dentro no hay na­die. Tus ojos siguen viendo y tus oídos siguen escuchando, pero no se comprende nada. Y a cada paso das un tropezón, a cada paso co­metes algún error. Y aún sigues creyendo que estás consciente.

Desecha por completo esa idea. Desecharla constituye un gran salto, un gran paso adelante, porque en cuanto abandonas la idea de «estoy consciente» empiezas a buscar y rebuscar maneras y medios para estar consciente. Así pues, lo primero que tienes que meterte en la cabeza es que estás dormido, completamente dormido.

La sicología moderna ha descubierto unas cuantas cosas im­portantes; aunque solo se han descubierto a nivel intelectual, es un buen comienzo. Si se han descubierto intelectualmente, tarde o temprano también se experimentarán existencialmente.

Freud fue un gran pionero; por supuesto, no era un buda, pero sí un hombre de gran trascendencia, porque fue el primero que consiguió que la mayor parte de la humanidad aceptara la idea de que el hombre tiene un gran subconsciente oculto en su interior. La mente consciente representa solo una décima parte, y la mente subconsciente es nueve veces más grande que la consciente.

Después, su discípulo Jung fue un poco más lejos, un poco más a fondo, y descubrió el subconsciente colectivo. Detrás del sub­consciente del individuo hay un subconsciente colectivo. Ahora es preciso que alguien descubra una cosa más que está ahí, y yo tengo la esperanza de que, tarde o temprano, las investigaciones psicoló­gicas en marcha lo descubran: el subconsciente cósmico. Los budas han hablado de él.

Así pues, podemos hablar de la mente consciente: una cosa muy frágil, una parte muy pequeña de nuestro ser. Detrás de la mente consciente está el subconsciente: poco claro, se pueden oír sus su­surros pero no los sabes interpretar. Siempre está ahí, detrás de la mente consciente, tirando de sus hilos. En tercer lugar está la men­te inconsciente, con la que solo entramos en contacto durante el sueño o cuando tomamos drogas. Y detrás, la mente subconsciente colectiva. Con esta solo entramos en contacto cuando emprende­mos una profunda investigación de nuestra mente subconsciente; entonces se encuentra uno con el subconsciente colectivo. Y si se­guimos profundizando aún más, se llega al subconsciente cósmico. El subconsciente cósmico es la naturaleza. El subconsciente colec­tivo es toda la humanidad que ha vivido hasta ahora; forma parte de uno. El inconsciente es un inconsciente individual que la sociedad ha reprimido, sin permitirle expresarse. Por eso llega de noche por la puerta trasera, en los sueños.

Y la mente consciente… La llamaré la mente supuestamente consciente, porque solo es eso. Es tan diminuta… solo un parpadeo, pero aunque solo sea un parpadeo es importante porque contiene la semilla; las semillas siempre son pequeñas. Tiene un gran poten­cial. Ahora se está abriendo una dimensión totalmente nueva. Así como Freud abrió la dimensión que está debajo de la conciencia, Sri Aurobindo abrió la dimensión que está por encima. Freud y Sri Aurobindo son las dos personas más importantes de esta época. Los dos son intelectuales, ninguno de ellos es una persona despierta, pero los dos han hecho un gran servicio a la humanidad. Nos han hecho intelectualmente conscientes de que no somos tan pequeños como parecemos desde la superficie, de que la superficie oculta grandes profundidades y alturas.

Freud descendió a las profundidades; Sri Aurobindo intentó pe­netrar en las alturas. Por encima de lo que llamamos nuestra mente consciente está la verdadera mente consciente; solo se alcanza me­diante la meditación. Cuando a nuestra mente consciente normal se le añade la meditación, cuando a la mente consciente normal se le suma la meditación se convierte en la verdadera mente consciente.

Más allá de la verdadera mente consciente está la mente superconsciente. Cuando uno medita no ves más que vislumbres momentáneos. La meditación es tantear en la oscuridad. Sí, se abren unas cuantas ventanas, pero se vuelve a caer una y otra vez. La mente superconsciente significa que se ha llegado al shamadi: se ha alcanzado una percepción cristalina, se ha alcanzado una conciencia integrada. Ahora ya no se puede caer abajo; es tuya. Hasta cuando duermes seguirá estando contigo.

Más allá de la mente superconsciente está el superconsciente co­lectivo. El superconsciente colectivo es lo que las religiones deno­minan «dios». Y más allá del superconsciente colectivo está el su­perconsciente cósmico, que sobrepasa incluso a los dioses. Buda lo llama nirvana, Mahavira lo llama kaivalya, los místicos hindúes lo han llamado moksha; tú puedes llamarlo la verdad.

Estos son los nueve estados de existencia. Y tú estás viviendo solo en un pequeño rincón de tu ser: la minúscu­la mente consciente. Es como si al-guien tuviera un palacio y se hubiera olvidado por completo del palacio y estuviera viviendo en el porche… y pensara que eso es todo lo que hay.

Freud y Sri Aurobindo son dos grandes gigantes intelectuales, pione­ros, filósofos, pero los dos están haciendo grandes conjeturas. En lugar de enseñar a los estudiantes la filosofía de Bertrand Russell, Alfred North Whi­tehead, Martin Heidegger o Jean-Paul Sartre, sería mucho mejor que se les enseñara más sobre Sri Aurobindo, porque es el más grande filósofo de esta era. Pero está totalmente relega­do, rechazado por el mundo académico. La razón es que, con solo leer a Sri Aurobindo, te das cuenta de que estás inconsciente. Y él no es un buda todavía, pero aun así es capaz de crear una situación muy embarazosa para ti. Si tiene razón, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué no estás explorando las alturas de tu ser?

Freud fue aceptado con gran resistencia, pero al final fue acep­tado. Sri Aurobindo todavía no ha sido aceptado. De hecho, ni si­quiera encuentra oposición; simplemente, no se le hace ningún caso. Y la razón está clara. Freud habla de algo que está por debajo de nosotros, y eso no resulta tan embarazoso; uno se puede sentir bien sabiendo que está consciente y que debajo de la conciencia hay un subconsciente y un inconsciente y un subconsciente colectivo. Pero todos esos estados están por debajo de ti, tú estás en lo alto, te puedes sentir muy bien. En cambio, si estudias a Sri Aurobindo te sentirás avergonzado, ofendido, porque existen estados por enci­ma de ti, y el ego humano nunca quiere aceptar que exista algo por encima de él. El hombre quiere creer que es el pináculo más alto, la culminación, el Gourishankar, el Everest… que no existe nada por encima de él.

Y uno se siente muy a gusto. Negando tu propio reino, negando tus propias alturas, te sientes muy bien. Fíjate qué tontería.

Buda tiene razón cuando dice:

El tonto duerme como si ya estuviera muerto, pero el maestro

está despierto y vive eternamente.

La conciencia es eterna, no conoce la muerte. Solo la incons­ciencia muere. Así pues, si sigues inconsciente, dormido, tendrás que morir otra vez. Si quieres librarte de todo este sufrimiento de nacer y morir una y otra vez, si quieres librarte de la rueda del na­cimiento y la muerte, tienes que llegar a estar absolutamente aler­ta. Tienes que subir cada vez más a las alturas de la conciencia.

Y estas cosas no se pueden aceptar en el terreno intelectual; es­tas cosas tienen que experimentarse, estas cosas tienen que ser exis­tenciales. No te estoy diciendo que te convenzas filosóficamente, porque la convicción filosófica no aporta nada, ninguna cosecha. La verdadera cosecha solo se obtiene cuando haces un gran esfuerzo por despertarte.

Pero estos mapas intelectuales pueden generar en ti un deseo, un anhelo. Pueden hacerte consciente del potencial, de lo posible; pueden hacerte consciente de que no eres lo que pareces ser; De que eres mucho más. “‘.

El tonto duerme como si ya estuviera muerto, pero el maestro está despierto y vive eternamente. Está vigilante. Tiene claridad.

Simples y bellas afirmaciones. La verdad es siempre simple y siempre bella. Solo hay que ver lo simples que son estas dos afir­maciones… pero lo mucho que contienen. Mundos dentro de mun­dos, mundos infinitos. Está vigilante. Tiene claridad:

Lo único que hay que aprender es a estar vigilante. ¡Vigila! Vigi­la todas tus acciones. Vigila todos los pensamientos que pasan por tu mente. Vigila todos los deseos que se apoderan de ti. Vigila in­cluso los pequeños gestos: andar, hablar, comer, tomar un baño. Si­gue vigilándolo todo. Deja que todo se convierta en una oportunidad para vigilar.

No comas mecánicamente, no te limites a engullir. Mantente muy alerta. Mastica bien y no dejes de estar aler­ta… y te sorprenderá lo mucho que te has perdido hasta ahora, porque cada bocado te proporcionará una enorme satisfacción. Si comes vigilantemente, la comida será más sabrosa. Incluso la comida vulgar sabe bien si estás alerta; y si no lo estás, ya puedes comer la comida más sabrosa, que no tendrá sabor porque no hay nadie que lo ad­vierta. Simplemente, seguirás engu­llendo. Come despacio, con atención; cada bocado hay que masticarlo y saborearlo.

Huele, toca, siente la brisa y los rayos de sol. Mira la luna conviértete en un estanque callado y, vigilante, y la luna se reflejará en ti con enorme belleza.

Muévete por la vida manteniéndote en constante vigilancia. Se te olvidará una y otra vez. No te atormentes por ello; es natural. Du­rante millones de vidas, nunca has intentado estar alerta, así que es lógico y natural que te olvides una y otra vez. Pero en cuanto te acuerdes, vuelve a vigilar.

Recuerda una cosa: cuando recuerdes que te has olvidado de vi­gilar, no te pongas triste, no te arrepientas; si lo haces, estarás per­diendo el tiempo otra vez. No te sientas miserable: «Me he vuelto a perder.» No empieces a sentir «soy un pecador». No empieces a condenarte, porque eso es una pura pérdida de tiempo. ¡Nunca te arrepientas del pasado! Vive en el momento. Si te has olvidado, ¿qué más da? Era natural. Se ha convertido en un hábito y los hábitos son difíciles de extirpar. Y no se trata de hábitos adquiridos en una sola vida; son hábitos asimilados durante millones de vidas. Así pues, si eres capaz de mantenerte alerta aunque solo sea unos mi­nutos, puedes estar agradecido. Inclu­so esos pocos minutos son más de lo que cabía esperar.

Está vigilante. Tiene claridad.

Y cuando vigilas, surge la claridad.

¿Por qué surge claridad de la vigilan­cia? Porque cuanto más alerta estás, más disminuyen todas tus prisas. Te mueves con más gracia. Cuando estás alerta, tu mente parlanchina parlotea menos, porque la energía que se dedi­caba a parlotear se dedica a la vigilan­cia y se convierte en vigilancia. ¡Es la misma energía! A partir de ahí, cada vez es más la energía que se transfor­ma en vigilancia, y la mente no recibe su ración. Los pensamientos empiezan a adelgazar, empiezan a perder peso. Poco a poco empe­zarán a morir. Y cuando los pensamientos empiezan a morir, surge la claridad. Ahora tu mente se transforma en un espejo.

¡Qué feliz es! Y cuando uno tiene claridad, uno es bienaventura­do. La confusión es la causa de todo sufrimiento; la claridad es la base de la felicidad. ¡Qué feliz es! Porque ve que estar despierto es vivir.

Y ahora sabe que no existe la muerte, porque su estado despier­to no se puede destruir. Cuando llegue la muerte, también la vigi­larás. Morirás vigilando; la vigilancia no morirá. Tu cuerpo desaparecerá, el polvo al polvo, pero tu vigilancia quedará. Se convertirá en parte de la totalidad cósmica. Se convertirá en conciencia cósmica.

En estos momentos, los profetas de los Upanishads declaran <<Aham brahmasmi», «soy la conciencia cósmica». En estos espacios es donde al-Hillaj Mansoor proclamó <<Ana’l haq», «yo soy la ver­dad». Estas son las alturas, a las que tienes derecho por nacimiento. Si no llegas a ellas, el único responsable eres tú, y nadie más.

¡Qué feliz es! Porque ve que estar despierto es vivir.

Qué feliz es, siguiendo el camino de los despiertos.

Con gran perseverancia medita, buscando la libertad y la felicidad.

Escucha con mucha atención estas palabras: Con gran perseverancia… A menos que pongas todo tu esfuerzo en despertarte, no ocurrirá. Los esfuerzos parciales son inútiles. No se puede ser una cosa a medias, no se puede ser ti­bio eso no servirá de nada. El agua tibia no puede evaporarse, y los esfuer­zos tibios por estar alerta están conde­nados al fracaso.

La transformación solamente ocurre cuando pones toda tu energía en ello. Cuando hierves a cien grados, entonces te evaporas, entonces se produce el cambio alquímico. Entonces empiezas a as­cender. ¿No lo has observado? El agua fluye hacia abajo, pero el va­por asciende a lo alto. Aquí ocurre exactamente lo mismo: la in­consciencia va hacia abajo, la conciencia va hacia arriba.

Y una cosa más: hacia arriba es sinónimo de hacia dentro, y ha­cia abajo es sinónimo de hacia fuera. La conciencia va hacia dentro, la inconsciencia va hacia fuera. La inconsciencia hace que te inte­reses en lo otro: otras cosas, otras personas, pero siempre otros. La inconsciencia te mantiene en una completa oscuridad, tus ojos si­guen enfocando otras cosas. Crea una especie de exterioridad, te hace extravertido. La conciencia crea interioridad, te hace introver­tido, te lleva hacia dentro, cada vez a mayor profundidad.

Y más profundidad significa también más altura; las dos crecen a la vez, como crecen los árboles. Tu solo los ves creciendo hacia arriba, no ves las raíces que crecen hacia abajo. Pero primero las raíces tienen que crecer hacia abajo, solo entonces puede el árbol crecer hacia arriba. Si un árbol quiere llegar hasta el cielo, tendrá que enviar raíces hasta el fondo mismo, a la mayor profundidad po­sible. El árbol crece simultáneamente en las dos direcciones. Exac­tamente del mismo modo crece la conciencia. Hacia arriba… hacia abajo, hundiendo sus raíces en tu ser.

Ahogamiento OSHO

Ahogamiento
Un buen nadador tiene tanta confianza que casi llega a fundirse con el río. No lucha contra él, no intenta agarrarse al agua y no está rígido ni tenso. Si te pones rígido y tenso, te ahogarás; si estás relajado, el río se ocupará de ti.
Por eso cuando alguien se muere, su cadáver flota en el agua. Es un milagro; ¡es asombroso! El vivo se ahogó engullido por el río y el muerto sencillamente flota en la superficie. ¿Qué ha pasado? El muerto conoce algún secreto del río que el vivo ignora. El vivo luchaba; el río era su enemigo. Estaba asustado y desconfiaba. Pero el muerto, al no estar allí, ¿cómo podía luchar? El muerto está completamente relajado, sin la menor tensión, y de repente sale a la superficie. El río se ocupa de él. No hay ningún río capaz de ahogar a un muerto.

Agua OSHO

Agua
En todas las tribus primitivas, el agua simboliza la vida. La vida se basa en el agua: el ochenta y cinco por ciento del cuerpo humano es agua. Toda la vida, tanto la del hombre como la de los animales, los árboles y los pájaros, depende del agua. El agua era uno de los elementos básicos a los que había que rendir culto. Lo mismo que al sol, todos los pueblos primitivos rendían culto al agua; ambos eran venerados como dioses. Y tiene al mismo tiempo un significado metafórico.
El agua representa varias cosas. La primera es que no tiene forma, pero puede adoptar cualquiera; tiene la capacidad de adaptarse a todas las formas. Si la viertes en un tarro, adopta la forma del tarro, y si la viertes en un vaso, toma la forma del vaso. Es infinitamente adaptable. Ahí radica su virtud: no conoce la rigidez. El hombre debe ser como el agua, y no tan rígido y frío como el hielo.
El agua siempre fluye en dirección al mar. Esté donde esté, siempre se dirige hacia el mar: hacia el infinito. El hombre debe ser como el agua y encaminarse siempre hacia Dios. El agua se conserva pura mientras está en movimiento: si fluye; y si se queda parada, se vuelve impura: estancada. Así que tanto el hombre como su conciencia deben mantenerse en movimiento, siempre fluyendo, y no quedarse parados en ninguna parte.
Cuando el hombre se queda parado, se vuelve sucio e impuro. Si el flujo se mantiene y uno está dispuesto a pasar de un instante al siguiente sin asideros y sin el lastre del pasado, conserva la inocencia y la pureza.

Confucio y las cualidades del agua

Una vez, Confucio paseaba por la orilla de un río y veía el agua que fluía corriente tras corriente.  De repente, se le ocurrió un pensamiento y exclamó: —¡El transcurso del tiempo es como el agua del río que no deja de fluir!

Le impresionó tanto a Confucio el agua del río, que la admiraría luego en muchas ocasiones.  Además, el agua del río nos sugiere otras semejanzas, tales como: cuando está tranquila es tan mansa como una oveja; pero cuando es torrencial, es tan impetuosa como el galope de diez mil caballos.  ¿Qué os sugiere el agua del río?  Veamos qué pensaba Mencio sobre el agua.

Mencio fue un gran filósofo que se dedicó a investigar y desarrollar el pensamiento de Confucio.  Cierto día, un tal Hsü-pi le preguntó a Mencio por qué Confucio cuando veía el agua exclamaba:

—¡Agua, agua!

Mencio contestó:

—Observemos primero las cualidades del agua.  Un río, desde su manantial corre sin cesar día y noche; si en su curso hay una fosa, la llenará y seguirá corriendo sin interrupción hasta llegar al mar.

—¡Exactamente!  Así es el agua del río! —exclamó Hsü-pi.

Mencio continuó:

—Ahora vamos a ver el agua en la acequia del arrozal y el agua en la cuneta al lado del camino.  Son aguas sin manantial que se desbordarán fácilmente después de los chaparrones en julio y agosto, pero que poco después de una lluvia ligera se secarán muy rápidamente.  ¿Ves claro lo que ocurre?

—Sí, he notado los cambios, ¿pero eso tiene un sentido especial? —preguntó Hsü-pi.

Mencio le contestó:

—El agua que tiene manantial es como una persona virtuosa y cabal que estudia seriamente y va tras la verdad, como la corriente del río que no se detiene hasta alcanzar su límite perfecto.  En cambio, los desaguaderos que no tienen manantial son como los hipócritas que sólo logran ser admirados a corto plazo; pronto la gente descubrirá fácilmente su máscara.  De hecho, un hombre bueno no se siente feliz cuando la admiración que le tributan es demasiado exagerada.  Por eso, Confucio se impresionó al ver agua.

Mencio se vale de la metáfora de río para describir a un hombre de virtud y talento; una persona que aplica todas las fuerzas de su inteligencia al estudio y mantiene un nivel elevado en su especialidad.  Esta anécdota también nos estimula a ser auténticos en nuestra conducta y a evitar toda hipocresía.

40 consejos de año nuevo

El día de ayer recibí un correo que me pareció interesante y me gustaría compartirlo aquí empezando por su contenido inicial una frase y una presentación en power point a continuación transcribo el contenido de la presentación espero les guste y si quieren bajar el archivo pueden hacerlo dando click aquí o pegando el siguiente link en su navegador http://rapidshare.com/files/179707077/800_M_sic.zip que tengan un excelente domingo.

40 CONSEJOS
1.- Camina de 10 a 30 minutos todos los días. Mientras  camina, sonríe.
2.- Siéntate en silencio por lo menos 10 minutos cada día. Enciérrate si es necesario. 3.- Escucha buena música todos los días, es auténtico alimento para el espíritu.
4.- Al levantarte en la mañana di lo siguiente:
Mi propósito hoy es ______________.
5.- Vive con las 3 E’s…Energía, entusiasmo y  empatía.
6.- Juega más juegos que el año pasado.
7.- Lee más libros que el año pasado.
8.- Mira al cielo al menos una vez al día, date cuenta de la majestuosidad del mundo que te rodea.
9.- Sueña más mientras estás despiert@.
10.- Come más alimentos que crezcan en los árboles y en las plantas y menos alimentos que sean manufacturados en
plantas industriales o que requieran un sacrificio.
11.- Come arándanos y nueces. Toma té verde, mucha agua y una copa de vino al día (asegúrate de brindar con ella por algo hermoso de lo mucho que hay en tu vida y, de ser posible, hazlo en compañía de quien amas).
12.- Trata de hacer reír a por lo menos 3 personas cada  día.
13.- Elimina el desorden de tu casa, tu auto y tu  escritorio y deja que nueva energía fluya en tu vida.
14.- No gastes tu precioso tiempo en chismes, cosas del
pasado, pensamientos negativos o cosas fuera de tu control.  Mejor invierte tu energía en lo positivo del presente.
15.- Date cuenta que la vida es una escuela y tú estás  aquí para aprender. Los problemas son lecciones que van y vienen,
lo que aprendes de estos es para toda la vida.
16.- Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo.
17.- Sonríe y ríe más.
18.- No dejes pasar la oportunidad de abrazar a quien aprecias.
19.- La vida es muy corta como para desperdiciar el tiempo  odiando a alguien.
20.- No te tomes a ti mismo tan en serio. Nadie más lo  hace.
21.- No tienes que ganar cada discusión. Acepta que no estas  de acuerdo y aprende del (de la) otr@.
22.- Ponte en paz con tu pasado, así no arruinará tu presente.
23.- No compares tu vida con la de otros. No tienes idea del camino que ellos han andado en la vida.
24.- Nadie está a cargo de tu felicidad excepto tu mismo.
25.- Recuerda que tu no tienes el control de todo lo que te sucede, pero sí de lo que haces con ello.
26.- Aprende algo nuevo cada día.
27.- Lo que la demás gente piense de ti no es de tu  incumbencia.
28.- Aprecia tu cuerpo y disfrútalo.
29.- No importa que tan buena o mala sea la situación,  ésta cambiará.
30.- Tu trabajo no se ocupará de ti cuando estés enfermo. Tus amigos sí lo harán. Mantente en contacto  con ellos.
31.- Desecha cualquier cosa que no sea útil, bonita  o divertida.
32.- La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.
33.- Lo mejor está aún por venir.
34.- No importa cómo te sientas, levántate, vístete y asiste.
35.- Ten sexo maravilloso,     siempre con     plenitud de tu ser.
36.- Llama a tus familiares con frecuencia y mándeles
correos diciéndoles: ¡Ey, estoy pensando en ti!
37.- Cada noche antes de acostarse di lo siguiente:
Doy gracias por ___________________.
Hoy logré o conseguí _____________________.
38.- Recuerda que estás demasiado bendecido como para estar estresado.
39.- Disfruta del viaje. Sólo tienes
una oportunidad, sácale el mayor provecho.

LA VIDA ES BELLA DISFRÚTALA MIENTRAS PUEDES.

Poesía y Haiku de Daigu Ryokan (1758-1831)

¿Quién dice que mis poemas son poemas?
Mis poemas no son poemas,
Y si se comprende que mis poemas no son verdaderos poemas,
Entonces podremos hablar de poesía.


Un día de primavera
tranquilo y apacible
he sacado tres canicas
de las mangas de mi hábito.

Y me he ido a jugar
con los niños del barrio
bajo el cielo suave y fresco.


La lluvia ha cesado, las nubes se han disipado.
El cielo está nuevamente sereno.
Cuando el corazón es puro, toda cosa en el universo es pura.
Confiando mi cuerpo al curso de las cosas, he renunciado al mundo a fin de ser libre.
Con la luna llena y las flores pasaré el resto de mi vida.


Solo, con mi bastón solitario, regreso al lugar donde viví tantos años.
A través de los muros derrumbados, lagartijas y liebres han hecho su camino.
Al lado del pozo seco crecen los bambúes.
La ventana donde leía está tapada por las telarañas.
El polvo ha cubierto la plataforma de meditación.
Las enredaderas del otoño ocultan el camino.
Un grillo frío grita en mi lugar.
Vacilante, no puedo decidirme a partir, desamparado frente al sol del crepúsculo.


Cierro los ojos, mil montañas en el crepúsculo.
Me vacío de los diez mil pensamientos del mundo de los hombres.
Solo, silencioso, me siento de cara a la ventana vacía.
El incienso se consume durante la larga noche negra.
Sobre mi delgada robe de monje, se acumula el rocío, blanco, denso.
La luna sube por el pico más alto.


En los árboles se escucha el chillar de las cigarras: por entre las rocas, los ruidos del agua.
El viento de la noche se ha llevado la bruma y el polvo.
No digas que en mi cabaña no hay nada.
La ventana está llena de aire fresco para compartir contigo.


Calma noche bajo la ventana vacía.
Sentado en meditación, envuelto en mi robe de monje, ombligo y nariz permanecen correctamente alineados, las orejas y los hombros siguen un mismo eje.

La ventana es blanca, la luna acaba de salir; la lluvia ha cesado, alguna gota cae todavía…

En este preciso instante, mi sentimiento es extraordinario, vasto, inmenso, sólo por mí conocido.


Avanzo siguiendo el curso del agua, buscando su fuente.
Llego allí donde el manantial parece comenzar.
Desconcertado, comprendo que no se alcanza jamás la fuente verdadera.

Apoyado en mi bastón, por todos lados escucho los ruidos del agua.


Enfermo.
Solo, acostado, enfermo.
Hoy nadie ha venido a verme. Mi bolso, mi cuenco, mi bastón de cedro negro han sido abandonados al polvo.
En mi ensueño deambulo a través de la montaña salvaje.
Mi alma vuelve otra vez a pasearse por el poblado; como antes, los niños me esperan en el camino.
Sin embargo apenas intento comprender estos cabellos blancos, estos labios resecos que claman desde una sed infinita, el reflejo de mi rostro gris que no veo en el espejo.
El frío y el calor se alternan súbitamente. El pulso es irregular. Vagamente escucho el murmullo de los campesinos.
¿A quién le importa si vivo o muero?


En la cima de la montaña las hierbas han ocultado los tres senderos.
Agitado, escucho talar los árboles al otro lado del torrente.
Inmóvil, observo cómo se diluye esta clara mañana.
Los pájaros de la montaña pasan cantando.
Parece que quisieran consolar mi soledad.


Larga noche de invierno, larga noche de invierno, noche de invierno interminable:
¿Cuándo será de día?

La lámpara sin luz, el hogar sin fuego.

Solo, inmóvil, contemplo la luna;
Escucho la lluvia.


Paso solo toda la noche sobre el pico solitario.
La lluvia y la nieve entristecen mi sentimiento.
Los gritos de los monos negros resuenan sobre la cima de las montañas.
Los barrancos aprisionan los fríos ruidos del agua.
El reflejo de la llama de la lámpara se inmoviliza en la ventana.
Toda la noche agitado, imposible para mí conciliar el sueño.
Soplo el pincel para escribir este poema.


Al oeste de la sala del loto, en medio de nubes, brumas, aguas y rocas, se eleva el templo del Deseo Cumplido.
Un sendero secreto lleva hasta él.
Un sendero secreto donde el pasto es profundo, donde no existen huellas del hombre.
En el centro del patio un viejo estanque donde saltan los peces.
Hacia lo alto, inmensos pinos verdes contra el azul del cielo.
Es el fin del otoño y los días son claros.
(A lo lejos percibo el monte “Lleno de gracia”)
Con mi cuenco solitario golpeo de improviso tu puerta.
Yo, un monje sin ocupación, fuera de las cosas de este mundo.
Tú también un hombre ocioso durante una época de paz.
Todo el día, sin nada que hacer, bebemos saké frente a las montañas, riéndonos como locos.

El aprendizaje

El aprendizaje Permite que cada situación de tu vida te enseñe. Cuando el gran místico sufi, Hasan, estaba muriendo, alguien le preguntó:  `Hasan, ¿quién fue tu maestro`? Hasan respondió: `tuve miles de maestros. Si sólo mencionara sus nombres me llevaría meses, años, y ya es demasiado tarde. Pero ciertamente te hablaré sobre tres maestros. `Uno era un ladrón. Una vez me perdí en el desierto y cuando llegué a una aldea, era tarde y todo estaba cerrado. Pero finalmente encontré a un hombre que estaba intentando hacer un agujero en la pared de una casa. Le pregunté dónde podía pasar la noche y él dijo: `A esta hora de la noche será difícil, pero puedes quedarte conmigo, si puedes quedarte con un ladrón`. `Y el hombre era tan hermoso que me quedé un mes. y todas las noches él acostumbraba decirme: “Ahora me voy a trabajar. Descansa y reza”. Al regresar yo le preguntaba: “¿Conseguiste algo?”. El solía decir: ” Esta noche, no. Pero mañana intentaré nuevamente, si Dios quiere…” Nunca estaba desesperanzado, siempre estaba feliz. `Cuando, durante años y años, medité y medité y nada sucedió, muchas veces hubo momentos en que me sentí tan desesperado, tan desesperanzado, que pensé en terminar con todo este sin sentido. Y súbitamente me acordaba del ladrón que decía cada noche: “Si Dios quiere, mañana sucederá”. `Y mi segundo maestro fue un perro. Me dirigía al río, sediento, y un perro se acercó. También estaba sediento. Miró dentro del río, vio allí a otro perro su propia imagen y se asustó. Ladró y se alejó corriendo, pero su sed era tan grande que volvió. Finalmente, a pesar de su temor, simplemente saltó al agua y la imagen desapareció. Y supe que había recibido un mensaje de Dios: uno debe saltar a pesar de todos los miedos. `Y el tercer maestro fue un niño pequeño. Entré en un pueblo y un niño estaba llevando una vela encendida. Iba a la mezquita para poner allí la vela. `Sólo en broma le pregunté al niño: “¿Tú mismo has encendido la vela?”. El dijo: “Si, señor”. Y le pregunté: “Hubo un momento en que la vela no estuvo encendida, luego hubo un momento en que la vela estuvo encendida ¿puedes mostrarme la fuente de la cual surgió la luz? `Y el niño rió, apagó la vela de un soplo, y dijo: “Ahora has visto cómo ha desaparecido la luz. ¿Dónde se ha ido, dime? `Mi ego se hizo añicos, todo mi conocimiento se hizo añicos. Y en ese momento sentí mi propia estupidez. Desde entonces he abandonado todos mis conocimientos`.

Es verdad que no tuve ningún maestro. Eso no significa que no fui un discípulo acepté a toda la existencia como mi Maestro. Mi aprendizaje fue un compromiso mayor que el tuyo. Confié en las nubes, los árboles… Confié en la existencia como tal. No tuve Maestro porque tuve millones de Maestros, aprendí de todas las fuentes posibles. Ser un discípulo es una obligación en el camino. ¿Qué significa ser un discípulo? Significa tener la capacidad para aprender, estar disponible para el aprendizaje, ser vulnerable a la existencia. Con un maestro comienzas a prender cómo aprender… lentamente, lentamente entras en armonía; y lentamente, lentamente ves el momento en que del mismo modo estarás en armonía con la totalidad de la existencia. El Maestro es una pileta de natación donde puedes aprender a nadar. Una vez que has aprendido, todos los océanos serán tuyos. El Secreto de los Secretos
Vol. 1, pp. 184-188

El accidente supremo

Sé auténtico en tu búsqueda; haz todo lo que puedas por ella. Es la sed por conocer lo original detrás del reflejo, lo que te hace digno del `accidente supremo`. Chiyono iba de un monasterio a otro tomando sannyas,  para hacerse monja. Pero aún los grandes maestros la rechazaban, porque era tan hermosa… los monjes se habrían olvidado de Dios y de todo. Entonces, no hallando ningún camino, ella quemó su rostro, llenó de cicatrices toda su cara. Y entonces se acercó a un maestro. El no podía siquiera reconocer si era un hombre o una mujer. Fue entonces aceptada como monja. Ella estaba tan preparada. Su búsqueda era auténtica. Era digna del accidente, se lo había ganado. Estudió, meditó durante treinta, cuarenta años continuamente. De pronto, una noche … Estaba mirando la luna reflejada en el balde de agua que llevaba. Hasta los reflejos son hermosos, porque reflejan la belleza absoluta. Un auténtico buscador puede ver que el reflejo es tan bello, hay tal música en él, que de él surge el deseo de conocer la fuente. Mientras caminaba iba mirando la luna llena que se reflejaba en el balde de agua. De pronto, las tiras de bambú que sostenían el balde se rompieron y el balde se deshizo. El agua se derramó, el reflejo de la luna desapareció y Chiyono se iluminó. Luego escribió este poema: Por este camino y por este otro
intenté mantener unido al balde,
esperando que el frágil bambú
nunca se rompiera. Súbitamente el fondo se desprendió.
Ya no más agua,
ya no más la luna en el agua,
Sólo el vacío en mi mano.

La iluminación es como un accidente. Pero no me malentiendas, no estoy diciéndote que no hagas nada para llegar a ella. Si no haces nada, ni siquiera el accidente sucederá. Sólo le sucede a aquellos que han trabajado mucho para ella, pero nunca ocurre por lo que ellos hacen, y nunca ocurre sin lo que ellos hacen. Todas tus meditaciones simplemente crearán una propensión al accidente, una invitación, nada más que eso. Prepárate para el accidente, para lo desconocido, dispuesto, aguardando, receptivo. Sin la invitación el invitado nunca vendrá. Sin Agua, Sin Luna
pp. 1-19

Nasrudín y el miedo

Nasrudín estaba caminando por un camino solitario una noche a la luz de la luna cuando escuchó un ronquido, en algún lugar, que parecía estar abajo suyo. De repente, le dio miedo y estaba a punto de salir corriendo cuando tropezó con un derviche acostado en una celda que se había excavado para él, en parte subterránea.

-¿Quién eres? -preguntó el sabio.

Soy un derviche, y este es mi lugar de contemplación.

-Vas a tener que dejarme compartirlo. Tu ronquido me asustó demasiado y no puedo seguir adelante esta noche.
Toma la otra punta de esta manta -dijo el derviche sin entusiasmo- y acuéstate aquí. Por favor, permanece en silencio, porque estoy manteniendo una vigilia. Es una parte de una complicada serie de ejercicios. Mañana tengo que cambiar la rutina y no puedo soportar la interrupción.

Nasrudín se durmió por un tiempo. Luego se despertó, muy sediento.

-Tengo sed -le dijo al derviche.

-Entonces, vuelve por el camino, donde hay un arroyo.

-No, todavía tengo miedo.

-Entonces, tengo que ir yo en tu lugar -dijo el derviche- después de todo, proveer agua es una obligación sagrada.

-No, no vayas, voy a tener miedo si me quedo solo.

-Toma este cuchillo para defenderte -dijo el derviche.

Cuando Nasrudín se quedó solo se asustó todavía más, metiéndose en una ansiedad que trató de contrarrestar imaginándose cómo atacaría cualquier demonio que lo amenazara.

En ese momento volvió el derviche.

-Mantén tu distancia o te mato -dijo Nasrudin.

-Pero soy el derviche -dijo el hombre.

-No me importa quién eres, puedes ser un demonio disfrazado.

-Pero vine a traerte agua! No te acuerdas, tenías sed.

-¡No trates de congraciarte conmigo, demonio!

-Pero esa es mi celda, la que estás ocupando.

-Mala suerte para ti, ¿no es así? Vas a tener que encontrarte otra.

-Supongo que sí -dijo el derviche-, pero estoy seguro de que no sé que pensar de todo esto.

-Te puedo decir una cosa -dijo Nasrudín-, el miedo es multidireccional.

-Ciertamente parece ser más fuerte que la sed, o la salud, o la propiedad ajena -dijo el derviche.

-Y no tienes que tenerlo tú mismo para sufrir por su causa -dijo Nasrudin.

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