Todo está bien

En el pueblo donde vivía el maestro Haukin, una joven se quedó embarazada. Su padre la presionó para que revelara el nombre de su amante y al final, para escapar del castigo, la joven dijo que era Hakuin. El padre no dijo nada más, pero cuando nació el niño se los llevó a Hakuin, se lo arrojó y le dijo:

-Parece que éste es tu hijo -agregando toda clase de insultos-.

El maestro sólo dijo:


-¡Oh!, ¿es así? – y tomó el bebé en sus brazos-.

A partir de este momento, a donde quiera que iba, llevaba el bebé consigo, envuelto en la manga de su túnica. En noches de lluvia y tormenta iba a mendigar leche en las casas vecinas. Muchos de sus discípulos, considerándole un hombre acabado, se volvieron en contra suya y lo abandonaron. Hakuin no dijo ni una sola palabra.

Mientras tanto, la madre sintió que no podía tolerar la agonía de estar separada de su hijo. Confesó entonces el nombre del verdadero padre y el padre de la joven corrió a ver a Hakuin y se postró ante él rogándole que le perdonara.

Hakuin solo dijo:

-¡Ah!, ¿es así? -y le devolvió el niño-.

Todo lo que la vida trae está bien, absolutamente bien, esta es la cualidad del espejo; nada es bueno, nada es malo, todo es divino. Acepta la vida tal como es.

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El carro de la vida

Existió un viajero que tuvo que hacer una larga travesía, ató su animal a un carro e inició la marcha hacia un largo destino, con un límite fijo de tiempo. Al animal lo llamo Necesidad, al carro Deseo, a una rueda la llamó Placer y a la otra Sufrimiento. Así pues el viajero llevaba su carro a derecha e izquierda, pero siempre hacia su destino. Cuanto más velozmente iba el carro, más rápidamente se movían las ruedas del Placer y el Sufrimiento, conectadas como estaban por el mismo eje y transportando como estaban el carro del Deseo.

Como el viaje era muy largo y nuestro viajero se aburría, decidió entonces decorarlo, ornamentarlo con muchas bellezas. Pero cuanto más embelleció el carro del Deseo más pesado se hizo para la Necesidad, de tal manera que en las curvas y en las cuestas, el pobre animal desfallecía no pudiendo arrastrar el carro del Deseo. En los caminos arenosos las ruedas del Placer y el Sufrimiento se incrustaban en el piso.

El viajero desesperado, porque el camino era muy largo y estaba muy lejos su destino, decidió meditar sobre el problema y, al hacerlo, escuchó el relincho de su viejo amigo. Comprendiendo el mensaje, a la mañana siguiente desbarató los adornos del carro, lo alivió de sus pesos y muy temprano llevó al trote a su animal avanzando hacia su destino. No obstante , había perdido un tiempo que ya era irrecuperable. A la noche siguiente volvió a meditar y comprendió, por un nuevo aviso de su amigo, que tenía ahora que acometer una tarea doblemente difícil, porque significaba su desprendimiento.

Muy de madrugada sacrificó el carro del Deseo. Es cierto que al hacerlo perdió la rueda del Placer, pero con ella perdió también la rueda del Sufrimiento. Montó al animal de la Necesidad, y sobre sus lomos, galopó por las verdes praderas hasta llegar a su destino.

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El gallo

Había una vez, en la antigua China, un extraordinario pintor cuya fama atravesaba todas las fronteras. En las vísperas del año del Gallo, un rico comerciante pensó que le gustaría tener en sus aposentos un cuadro que representase a un gallo, pintado por este fabuloso artista.

Así que se trasladó a la aldea donde vivía el pintor y le ofreció una muy generosa suma de dinero por la tarea. El viejo pintor accedió de inmediato, pero puso como única condición que debía volver un año más tarde a buscar su pintura. El comerciante se amargó un poco. Había soñado con tener el cuadro cuanto antes y disfrutarlo durante el año signado por dicho animal. Pero como la fama del pintor era tan grande, decidió aceptar y volvió a su casa sin chistar.

Los meses pasaron lentamente y el comerciante aguardaba que llegase el ansiado momento de ir a buscar su cuadro. Cuando finalmente llegó el día, se levantó al alba y acudió a la aldea del pintor de inmediato. Tocó a la puerta y el artista lo recibió. Al principio no recordaba quien era.

-Vengo a buscar la pintura del gallo -le dijo el comerciante-.

-¡Ah, claro! -contestó el viejo pintor-.

Y allí mismo extendió un lienzo en blanco sobre la mesa, y ante la mirada del comerciante, con un fino pincel dibujó un gallo de un solo trazo. Era la sencilla imagen de un gallo y, de alguna manera mágica, también encerraba la esencia de todos los gallos que existen o existieron jamás. El comerciante se quedó boquiabierto con el resultado, pero no pudo evitar preguntarle:

-Maestro, por favor, contésteme una sola pregunta. Su talento es incuestionable, pero ¿era necesario hacerme esperar un año entero?

Entonces el artista lo invitó a pasar a la trastienda, donde se encontraba su taller. Y allí, el ansioso comerciante pudo ver cubriendo las paredes y el piso, sobre las mesas y amontonados en enormes pilas hasta el techo, cientos y cientos de bocetos, dibujos y pinturas de gallos, el trabajo intenso de todo un año de búsqueda.

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El anciano y la vela

Un anciano, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo:

-No puedo dividir en tres lo que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes para cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente. Dicho de otra manera: a mi mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Cogedla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo.

Se fueron. El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad. El segundo compró sacos de plumas, pero no consiguió llenar la casa más que el anterior. El tercer hijo, que consiguió la herencia, sólo compró un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.

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La isla de los sentimientos

Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos… la alegría, la tristeza, y muchos más, incluyendo el amor.

Un día les fue avisado a sus moradores, que la isla se iba a hundir. Todos los sentimientos se apresuraron a abandonarla. Abordaron sus barcos y
se prepararon a partir apresuradamente. Sólo el Amor permaneció en ella, quería estar un rato más con la isla que tanto amaba, antes que desapareciera. Al fin, con el agua al cuello y casi ahogado, el Amor comenzó a pedir ayuda. Se acercó a la Riqueza que pasaba en un lujoso yate y el Amor dijo:
-Riqueza, llévame contigo.

La Riqueza contestó:

-No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti.

Le pidió ayuda a la Vanidad, que también venía pasando:

-Vanidad, por favor ayúdame.

-Imposible Amor, estás mojado y ensuciarás mi barco nuevo.

Pasó la Soberbia, a la que pidió también ayuda.

-Quítate de mi camino o te paso por encima.

Como pudo, el Amor se acercó al yate del Orgullo y una vez más solicitó ayuda. La respuesta fue una mirada despectiva y una ola casi lo asfixia, cuando el capitán aceleró su yate. Entonces, el Amor pidió ayuda a la tristeza:

-Tristeza, ¿me dejas ir contigo?

-Ay amor, tú sabes que siempre ando sola y prefiero seguir así.

Pasó la Alegría, estaba tan ocupada que ni siquiera oyó al Amor llamarla. Desesperado, el Amor comenzó a suspirar, con lágrimas en sus ojos. Fue entonces cuando una voz le dijo:

-Ven Amor, yo te llevo.

Era un anciano. El Amor estaba tan feliz que olvidó preguntar su nombre. Fue llevado a la tierra de la Sabiduría y una vez allí, el Amor le preguntó:

-¿Quién era el anciano que me trajo y salvó mi vida? La Sabiduría respondió:

-Era el Tiempo.

-¿El Tiempo? Pero ¿por qué el Tiempo me quiso ayudar?

Y la Sabiduría respondió:

-Sólo el Tiempo es capaz de ayudar y entender a un gran amor.

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Demasiado bueno

En México se vive evidentemente, como todos ustedes pueden saber una educación machista, afortunadamente todavía quedamos muchos que reivindicamos esta “causa machista”, pero que les ha sido muy complicado vivirla porque imagínense en un lugar donde todavía te educan con películas de Pedro Infante, imagínate con una madre que si cree en el machismo pero con ideas feministas, dentro de estas confusiones yo crecí creyendo, porque mi madre me dice a las mujeres se les tienes que querer mucho se les tiene que cuidar que a ellas les gusta que las traten bien, que les abras la puerta del coche, que les regales flores, que le mandes chocolates,

porque si eres una buena persona las vas a tener muy contentas, cuando me voy dando cuenta que eso es un error, que eso es una mentira total, que siempre el mas gandul es el que trae a la mejor mujer, he pero bueno yo no lo sabía hasta mis primeros acercamientos porque yo me comportaba como una persona buena, como a mí me habían platicado, porque yo pedía las cosas por favor, también parte de mi educación era mira mi hijo si tu pides las cosas por favor, si tu amigo le pides las cosas por favor te la va a prestar, y cual que yo llegaba y le decía por favor me prestas tu pelota y total no me la prestaba, bueno yo crecí, y así me pasaba con las muchachas, disculpe señorita fíjese que me gusta su … ¿me lo podría prestar? y no me lo prestaban tampoco, entonces el pedir las cosas por favor no funcionaba del todo, el colmo fue, cuando una mujer, cuando yo era muy inexperto, me dejo por ser buena persona, así un día sin más ni más hizo alarde de la inteligencia extrema que tienen las mujeres por periodos reducidos, pero cuando son más inteligentes y que es cuando no saben cómo te van a poner una patada en el trasero para cambiarte por otro, como te lo van a decir en ese momento las mujeres se vuelven más inteligentes se les revoluciona la cabeza, te hablan por teléfono y en vez de “oye mi amor nos vemos en mi casa” como normalmente, te dice “Francisco nos vemos en la bodega a las 5: 15 tenemos que hablar”, entonces llegas 5 minutos más tarde, no media hora como acostumbras hacerlo pero esos 5 minutos bastaron, porque ella llego media hora antes para empezar a encabronarse, en ese momento su voz cambia se aterciopela su mirada se profundiza sus movimientos se vuelven cadenciosos y te ven como lo que eres un “ser inferior” y empiezan diciéndote: te voy a explicar (ya cuando una mujer tiene algo que explicarte está bien cabrón), después de que te dicen “mira no eres tu soy yo (por supuesto si fuera yo, yo te estaría citando en la bodega pero creen que no lo entendemos), mira es que yo creo que como amigos, nosotros podemos quedar mejor. mira hay un sentimiento que me une a ti que va mas allá de el toqueteo personal en el que estamos tu y yo, o sea ya no quiero meterme a la cama contigo encontré a otro mejor”, el problema fue cuando a mi me dijeron que yo era muy bueno, me dejaron por ser buena persona, un día alguien me dijo te dejo porque eres muy bueno, toda mi educación medio machista medio feminista combinada revuelta agítese antes de usar se fue al carajo, y decidí que me iba a reeducar con las películas de Pedro Infante por lo menos de la manera más funcional o cómo funcionan las cosas aquí.

Si a alguien lo han dejado por eso va a saber qué mal se siente, el que te digan que eres demasiado bueno es como causarle ternura a una mujer eso no es un sentimiento benéfico imagínense que van saliendo con una toalla minúscula ella esta acostada viendo la televisión y de repente haces como que se te cae la toalla y ella en vez de espantare sorprenderse le da ternura ese no es un sentimiento que un hombre quiere provocar en una mujer.

(Tomado de una introducción utilizada por Edgar Oceransky para su canción Demasiado bueno)

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La carreta vacía

Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

-Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más? Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: -Estoy escuchando el ruido de una carreta. -Eso es -dijo mi padre-, es una carreta vacía. Pregunté a mi padre: -¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos? Entonces mi padre respondió: -Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido. Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace. Me convertí en adulto, y ahora, cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo que cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace. La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Nadie está más vacío que aquel que está lleno de sí mismo.

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Nasrudín y el huevo

Cierta mañana Nasrudín envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y llamó a los que pasaban por allí. -¡Hoy tendremos un importante concurso! -dijo-, ¡Quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo, recibirá de regalo el huevo que está dentro! Las personas se miraron, intrigadas, y respondieron:


-¿Cómo podemos saberlo? ¡Ninguno de nosotros es adivino! Nasrudín insistió: -Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad, y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos. Entonces, ¿quién puede decirme lo que está escondido? Todos los habitantes pensaban que Nasrudín tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza delante de los otros. ¿Y si no fuese un huevo, sino algo muy importante, producto de la fértil imaginación mística de los sufíes? Un centro amarillo podía significar algo del sol, el líquido a su alrededor tal vez fuese algún preparado de alquimia. No, aquel loco estaba queriendo que alguien hiciera el ridículo. Nasrudín preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio. Entonces él abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo. -Todos vosotros sabíais la respuesta -afirmó- y nadie osó traducirla en palabras.

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El infierno

Todo un grupo de gente murió al mismo tiempo en una catástrofe y se sorprendieron al encontrarse en un mundo muy similar a éste.

Tenían a su disposición todo tipo de entretenimientos y todas las facilidades posibles. Se asombraron al descubrir que estaban en el infierno. Aquellos que querían vidas excitantes las tuvieron. La gente que deseaba mucho dinero lo obtenía. Se alcanzaban ambiciones de todos los tipos. Un día conocido como el Día de las Quejas, un grupo de condenados se dirigió al demonio controlador y dijeron: -Llevamos una vida maravillosa: fiestas, riquezas, excitación, pero parece como si nos estuviésemos desgastando, nos volvemos poco atractivos unos a otros y lentamente vamos perdiendo las pertenencias que nos llegan tan fácilmente… -Sí, -dijo el diablo- ¿a qué es infernal?

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El jardín de la vida

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: no sabía quién era. Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano:

-Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es? -No lo escuches -exigía el rosal-, es más sencillo tener rosas y, ¿ves que bellas son? Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: -No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior. Y dicho esto, el búho desapareció. -¿Mi voz interior… ? ¿Ser yo mismo… ? ¿Conocerme… ? -se preguntaba el árbol desesperado-. De pronto, comprendió… Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: -Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión. Cúmplela. Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz. Yo me pregunto al ver a mí alrededor, ¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas? ¿Cuántos naranjos que no saben florecer? En la vida todos tenemos un destino que *****plir, un espacio que llenar.

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